León XIV reitera su oposición tanto a la violencia del crimen organizado como a la pena de muerte
El Papa reiteró la importancia de las políticas contra el narcotráfico y en favor de los consumidores que lo padecen.
León XIV, con representantes del encuentro sobre la lucha contra el crimen organizado.
León XIV se reunió este viernes con los asistentes a una conferencia organizada por la OSCE (Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa), una entidad que agrupa a 57 estados de Europa, América del Norte y Asia Central en la lucha contra el crimen organizado y en particular contra los grupos que impulsan el narcotráfico.
El evento estaba impulsado, con el patricinio de dicha entidad internacional, por la segunda reunión interparlamentaria congregada en torno a esos objetivos.
La ley debe ser cumplida... pero una ley justa
El Papa recordó en sus palabras que "el flagelo de las drogas ilícitas" pone en peligro "el futuro mismo de nuestras sociedades" y contra él es fundamental la actuación de los poderes públicos.
El Papa, con los numerosos asistentes a este encuentro, en la foto realizada en el Palacio Apostólico.
En efecto, "ninguna sociedad verdaderamente justa puede perdurar si la ley, y no la voluntad arbitraria de los individuos, no se establece como soberana". En ese sentido, "ninguna persona o grupo, independientemente de su poder o condición, puede jamás reclamar el derecho de violar la dignidad y los derechos de los demás o de sus comunidades".
El pontífice reclamó la lucha intensa contra esa actividad criminal, pero sin recurrir a métodos que también tienen límites morales: "El mismo respeto por la dignidad inherente de toda persona, incluidos quienes han cometido delitos, excluye el uso de la pena de muerte, la tortura y toda forma de castigo cruel o degradante", destacó.
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Por tanto, además del castigo penal, deben impulsarse actuaciones para favorecer la reintegración de los delincuentes en el orden social establecido, y además para su auxilio personal cuando proceda, esto es, para librarles de las adicciones a las que se ven sometidos mediante tratamiento médico, apoyo psicológico y rehabilitación.
La familia y la enseñanza
Sobre todo, con una formación desde las edades tempranas que frene la manipulación de los grupos que favorecen el consumo de drogas: "Cuando las redes sociales", precisó, "difunden tan a menudo desinformación peligrosa que trivializa estos riesgos, la educación debe comenzar en la familia y fortalecerse en la escuela, transmitiendo un conocimiento científico preciso sobre los efectos devastadores de los narcóticos en el cerebro, el cuerpo, la conducta personal y el bien común de la comunidad".
Además tuvo unas palabras en respaldo a las fuerzas de seguridad, tanto militares como policiales y judiciales, que lucha contra esta lacra y a menudo pagan con su vida o con atentados su honestidad: hay que elogiarles porque "juntos, con un espíritu de respeto mutuo y responsabilidad compartida, podemos promover políticas que verdaderamente sirvan al bien común y a la dignidad inalienable de todo ser humano".
Colaboración de la Iglesia
En ese sentido, la Iglesia es colaboradora porque "a través de sus numerosas instituciones en todo el mundo, y según su larga experiencia en el acompañamiento a quienes padecen la dependencia, está dispuesta a profundizar en su vínculo de profunda cooperación con la sociedad civil".
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El "respeto mutuo" y la "responsabilidad compartida" entre la Iglesia y las sociedad civil, concluyó, permiten impulsar políticas "que sirvan verdaderamente al bien común y a la inalienable dignidad de todo ser humano".
Y la OSCE que impulsaba el acto está en disposición de "ofrecer frutos abundantes y duraderos en las estrategias de cooperación transnacional, de una prevención eficaz y de una auténtica esperanza".