La Cruz del Papa: 340 horas de trabajo artesanal en un taller de Cenicientos
Carlos, Alba y Samuel, los artesanos de la Cruz Peregrina que presidirá la Vigilia de Jóvenes con el Papa León XIV.
Samuel ha sido el encargado de pintar la cruz.
El día de San Isidro, durante la Misa presidida por el cardenal José Cobo en la Pradera, ocurrió un gesto que para muchos pasó inadvertido, pero que para Carlos Velásquez y Alba Guillén marcó un antes y un después.
En aquella celebración se bendijo y presentó la Cruz Peregrina de la visita del Papa León XIV, una pieza cuyo mástil y peana han sido elaborados por esta pareja en su taller Ars Domini. Para ellos, que llevan años adentrándose en el mundo del arte sacro, el encargo ha sido un acontecimiento espiritual y profesional de enorme trascendencia. Alfa y Omega cuenta todos los detalles.
Belleza y sobriedad
Carlos, colombiano, y Alba, madrileña, trabajan en Cenicientos, en un local cedido por la diócesis de Getafe que han convertido en taller y que sueñan con transformar en una futura escuela de oficios tradicionales.
Allí han dedicado cerca de 340 horas a un proyecto que, según confiesan, los ha absorbido por completo. "Las letras del lema las terminé a las tres de la madrugada", recuerda Carlos. "Cuando trabajas para algo así, el reloj deja de existir".
Samuel (a la izquierda) junto a Carlos y Alba.
La Cruz Peregrina presidirá la Vigilia de Jóvenes en la plaza de Lima el próximo 9 de junio. "El Papa estará al lado de algo hecho por nuestras manos", dice Carlos con emoción. Para ambos, creyentes comprometidos, el encargo ha sido también una confirmación de su camino de fe.
Alba recibió los sacramentos de iniciación cristiana hace apenas dos años, en la Vigilia Pascual de la catedral de Getafe. Desde entonces, su vida —y la de su familia— ha dado un giro inesperado: "Jamás imaginé que acabaríamos haciendo algo que recibiría el Papa".
La comisión organizadora de la vigilia les transmitió una idea clara: la pieza debía expresar el lema de la visita, "Alzad la mirada", de modo que la cruz fuese el mensaje central. Para ello eligieron madera africana danta o kotibé, de gran densidad y tono natural, que resalta la veta y aporta sobriedad. La peana, de 30 kilos, sostiene un conjunto que alcanza los 2,20 metros de altura. Todo está ensamblado en madera salvo dos tornillos centrales.
El trabajo de orfebrería —realizado en latón, calado y esmaltado a mano— destaca en el logotipo, el lema y las arandelas decorativas del mástil. La placa conmemorativa del viaje apostólico está grabada manualmente y barnizada al horno. "Queríamos un equilibrio entre belleza y sobriedad", explica Carlos.
La cruz que coronará el conjunto ha sido realizada por el iconógrafo Samuel González de Mingo, del Taller Iconográfico San Lucas. Recibió el encargo justo antes de Pascua y preparó once bocetos hasta dar con el definitivo. Para él, participar en un encuentro con el Papa es un honor inesperado: "Jamás hubiera imaginado algo así".
El icono representa a Cristo resucitado emergiendo de la cruz, con vestiduras blancas que simbolizan la fuerza de la Resurrección. A sus pies aparecen la Virgen María —representada como la Almudena— y san Juan. María sostiene la barca de la Iglesia, signo de su maternidad espiritual. Sus ropajes azules evocan lo celestial; sus zapatos rojos, el amor martirial.
La obra sigue estrictamente los cánones de la iconografía bizantina: perspectiva inversa, uso de la luz como símbolo teológico, oro como signo del Reino, y elementos que remiten a la Escritura. "El icono no busca emocionar, sino conducir al misterio", explica Samuel. Cada capa de yeso, cada pigmento natural y cada trazo forman parte de un proceso espiritual: "Preparar un icono es un camino de conversión".
En la parte trasera de la cruz se ha grabado el logo del encuentro y un espacio reservado para la firma del Papa León XIV. Samuel ha rezado por los jóvenes que participarán en la vigilia mientras pintaba la obra: "Deseo que, a través de esta cruz, puedan encontrarse con Jesucristo".
Para él, la visita del Papa es una oportunidad única: "Pedro viene a verte". Y el lema, "Alzad la mirada", resume el sentido profundo de la obra: dirigir los ojos a Cristo, la única verdad capaz de llenar el corazón humano.