Religión en Libertad

Organista a los 94 años: 78 tocando y 10.000 misas, en un instrumento donado por su propio padre

«Mientras todos se arrodillaban, yo rezaba a través de mi música», confiesa Colbert.

Como sus padres no podían llevarla a tocar el órgano, encontró un aliado inesperado: el cartero.archivo

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En la pequeña comunidad rural de Manley, en el condado de Cass (Nebraska, EE.UU), hay un nombre que forma parte de la memoria viva de la parroquia de San Patricio: Regina Colbert, una mujer de 94 años que dedicó casi toda su vida a un único propósito: acompañar la liturgia con música.

Durante 78 años ininterrumpidos, desde 1948, Regina fue la organista oficial de la parroquia. El pasado 17 de marzo, día del patrón que da nombre al templo, se retiró oficialmente tras haber tocado en unas 10.000 misas, una cifra que impresiona incluso a quienes la conocen desde siempre.

Un pastel y una placa

Para Regina, la música nunca fue un adorno, sino su forma de oración. "Mientras todos los demás se arrodillaban y rezaban, yo rezaba a través de mi música", confiesa con una serenidad que solo dan las décadas de fidelidad silenciosa. 

Su despedida fue sencilla: un pastel, una placa y las palabras emocionadas del párroco, el padre Jason Doher. "La música es una parte vital y esencial de la liturgia… y que alguien entregue tantos años de su vida a la Iglesia es absolutamente extraordinario", dijo ante la comunidad reunida.

Su párroco le agradeció todos los años de entrega.archivo

La historia de Regina comenzó en una granja. Su padre, agricultor, quiso hacer un regalo a la parroquia tras una buena cosecha y decidió donar un órgano. Ella ya sabía algo de piano —"en aquella época casi todos los niños tomaban clases"—, pero el órgano era otro mundo. 

No había profesores en el pueblo, así que Regina tuvo que viajar hasta Omaha para aprender. Como sus padres no podían llevarla, encontró un aliado inesperado: el cartero, que la subía a su camioneta y la dejaba en la tienda donde había comprado el instrumento. Así comenzó una vocación que no imaginaba que duraría casi ocho décadas.

Regina no solo ha sido testigo de la vida de su parroquia, sino también de la historia reciente de la Iglesia. Ha vivido ocho pontificados, la reforma litúrgica del Concilio Vaticano II y los cambios musicales que transformaron la misa. 

Aun así, hay melodías que la han acompañado siempre, como el himno "Santo Dios, alabamos tu nombre", una pieza que ha resonado en sus manos desde que era una joven organista.

Madre de cuatro hijos, abuela de siete y bisabuela de cuatro, Regina pertenece a una familia longeva: su madre murió a los 101 años, y ella parece seguir el mismo camino. Su vida, marcada por la constancia y la fe, es un recordatorio de que la santidad cotidiana se construye con gestos pequeños, repetidos con amor durante años.

Hoy, la parroquia de San Patricio sigue adelante, pero algo ha cambiado. El banco del órgano ya no tiene a Regina, aunque su música —esa oración que ofreció durante casi un siglo— sigue resonando en la memoria de todos. Porque hay vidas que no necesitan grandes escenarios para ser extraordinarias.

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