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Los masones en el Vaticano fueron investigados en 1975 por el cardenal Gagnon: su secretario cuenta lo que sucedió

Charles Murr, sacerdote retirado, ha difundido los datos de la investigación Gagnon en un libro y en el congreso Luz de Trento en Madrid.

Charles Murr en el congreso Luz de Trento 2026 en Madrid, ha explicado a ReL su experiencia en 1975 con el cardenal Gagnon que investigaba a los masonesPablo J. Ginés / ReL

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Charles Murr, sacerdote jubilado, es "de muchos sitios", explica. Es de Minnesota, pertenece a la diócesis de Nueva York, vivió en Roma en tiempos de Pablo VI, luego en México, 2 años en Austria, doce en San Francisco (California) y desde hace cinco años vive en Sevilla. Habla muy bien español, es risueño (la palabra "cheerful" se ilustra con su foto) y le brillan los ojos con cierta picardía.

Participa en el congreso de la Asociación Luz de Trento en Madrid (sábado 14 de marzoHotel Ilunion Alcalá Norte, Calle San Romualdo, 30) y allí habla de su experiencia en Roma con la masonería. Habla con admiración del obispo Athanasius Schneider, otro participante del congreso, al que considera inteligente y, sobre todo, valiente.

Murr no habla de la masonería en general ni en nuestros días, sino de lo que vivió siendo un joven sacerdote, recién ordenado, en Roma, como secretario del cardenal canadiense Édouard Gagnon (1918-2007), quien entonces era un obispo de unos 55 años. Él investigó a los masones infiltrados en la Curia a finales del pontificado de Pablo VI (1963-1978).

Edouard Gagnon, como obispo en Canadá hacia 1970, poco antes de ir a Romadiocesis st paul

"La masonería no me interesaba lo mas mínimo. Yo sabía lo que todo el mundo, que pertenecer a ella está prohibido para los católicos, no sólo como pecado grave sino bajo excomunión", explica a ReligionEnLibertad.

Édouard Gagnon era rector del Pontificio Colegio Canadiense en Roma. Charles Murr vivía con él, como su joven secretario, y con otro sacerdote. Comían y cenaban juntos cada día. "Éramos grandes amigos", recuerda.

En 1975 Pablo VI encargó a Gagnon investigar al personal de la Curia, que eran unos 800 hombres entre monseñores, obispos y otros oficiales. Lo nombró visitador apostólico para ello. "Gagnon se dedicó a eso a tiempo completo durante tres años. Me hablaba de lo que podía, no de todo, porque había secreto pontificio", dice Murr.

Masones en en centro de la Curia: Bugnini y Baggio

Gagnon investigaba a todos y sobre muchos temas, pero el detonante para recibir este encargo fue la masonería. En 1974 un sacerdote acudió ante el cardenal Dino Staffa, Prefecto de la Signatura Apostólica (máximo órgano judicial vaticano) y el cardenal Silvio Oddi, con una serie de documentos.

Murr no sabe quién era este sacerdote, pero sí que traía pruebas que indicaban que el arzobispo Annibale Bugnini (relevante en la reforma de la liturgia) y el cardenal Sebastiano Baggio (que llevaba un año como Prefecto de la Congregación para los Obispos) eran masones.  

[En una primera versión de este artículo indicábamos por error a Bugnini como cardenal, pero sólo era arzobispo; agradecemos el aviso de un amable amigo bloguero].

Bugnini, arzobispo, y Baggio, cardenal, serían masones, según Murr, y Pablo VI habría intentado apararlosarchivo

"Dino Staffa era un hombre muy prudente. Tomó esos documentos e hizo que gente de la Interpol los comprobara. Pasados seis meses, la Interpol ratificó los hechos. Con esos datos confirmados, Staffa y Oddi fueron a Pablo VI y se lo contaron. Por eso el Papa llamó en 1975 a Gagnon, y le pidió investigar a toda la curia, no solo a estos dos personajes", explica Murr, quien considera comprobada la pertenencia masónica de Baggio.

Baggio se las arregló para seguir dando vueltas por el Vaticano muchos años, pero Pablo VI consiguio enviar a Bugnini a Irán como nuncio ese mismo año, en una especie de destierro camuflado a un país casi sin católicos.

El cansancio de Pablo VI

"Yo vi a Gagnon entregar los 3 tomos de su investigación dos veces, a Pablo VI en 1978 y después a Juan Pablo I. Yo mismo lo llevé en coche en ambos casos", explica. "Gagnon hizo además una lista de nombres: personas que él pensaba que Pablo VI debía expulsar de inmediato".

¿Qué pasó con esa investigación, dónde está? Si está aún en el Vaticano, está escondida. Aunque han pasado 50 años, hay interesados en que no aparezca: dañaba a personas muy poderosas, que tenían que ver con el desastre económico del Banco Ambrosiano que llevó a varias condenas de cárcel, detalla Murr.

Cuando Gagnon llevó su investigación a Pablo VI, Murr llevaba apenas año y medio ordenado. Era primavera de 1978. Y el Papa estaba hundido. Tenía 80 años y su amigo, el político Aldo Moro, estaba secuestrado por las Brigadas Rojas, comunistas. El Papa incluso se había ofrecido públicamente a intercambiarse por él. Secuestraron al político el 16 de marzo y dejaron su cadáver el 9 de mayo en el maletero de un coche. El Papa moriría 3 meses después que su amigo.

"Gagnon habló media hora con el Papa y cuando volvió le vi la cara, nada contento. No habló y respeté su silencio. Después me dijo que el Papa no aceptó su estudio, que le dijo que era demasiado viejo para meterse en ese asunto, que Gagnon debía esperar a su sucesor. Tras tres años de trabajo, claro, Gagnon estaba decepcionado".

En el Cónclave siguiente fue elegido Albino Luciani, que tomó el nombre de Juan Pablo I.

"El nuevo Papa hizo llamar a Gagnon a su estudio. Quería organizar su propio equipo de colaboradores y por eso quería revisar la investigación de Gagnon sobre la Curia. De nuevo, le llevé en coche, él subió, habló casi una hora con el Papa le entregó el estudio y el Papa quedó muy contento", explica Murr.

Albino Luciani, Juan Pablo I, leyó el informe de Gagnon sobre la Curia y trató de librarse de Baggio, pero sólo gobernó 33 díasarchivo histórico

Pero Juan Pablo I no tuvo tiempo para actuar: solo reinó 33 días.

"Juan Pablo I hizo llamar varias veces a Sebastiano Baggio para despedirle de una vez por todas. Pero Baggio nunca acudía, siempre decía que estaba ocupado. ¿Se lo puede usted creer? Su jefe era el Papa y le decía al Papa ¡que se esperara! Finalmente, el Papa le hizo acudir una noche a su estudio privado, a las ocho. El Papa, con tal de sacarlo del Vaticano, le ofrecía la importante diócesis de Venecia. Pero Baggio dijo que no aceptaba irse. Sabemos lo que se dijeron porque el Papa se lo contó al cardenal Giovanni Benelli, arzobispo de Florencia. Baggio incluso le dijo al Papa que le debía a él el cargo cardenalicio e incluso papal, al haberle apuntado para Venecia desde la Congregación para los Obispos", explica Murr.

El masón que decide obispos

Sebastiano Baggio, según Murr, fue un masón que desde 1973 a 1984 fue quien nombraba a los obispos del mundo, "casi todos liberales, sólo de vez en cuando algún conservador, sólo si insistía el Papa".

Hay que tener en cuenta que antes de Pablo VI, los obispos pastoreaban su diócesis hasta su muerte o incapacitación. Pero en 1966, con el motu proprio Ecclesiae Sanctae, Pablo VI estableció que al cumplir los 75 años cada obispo debía presentar su renuncia. De golpe, se había acumulado un "stock" de obispos mayores que había que reemplazar y Baggio participó en muchos de esos nombramientos.

"La situación en la Iglesia de hoy es fruto de esa época y nombramientos", considera Murr. "Juan Pablo II era un hombre fuerte y trató de compensar esa época, pero no hizo gran cosa porque estaba volcado en sus viajes. Hizo más de 100 viajes internacionales y dedicaba 3 meses a prepararse cada uno, aprenderse los nombres de obispos, aprender el idioma suficiente para poder leer... Su imagen era sensacional, pero no limpió en casa".

Murr cree que los masones estaban interesados en los nombramientos y complicidades por razones económicas, tanto o más que ideológicas.

La Logia Propaganda Due, secreta hasta que la policía la descubrió en 1981, buscaba hundir el Banco Vaticano, y con él, al Vaticano en sí, explica Murr.

Pablo VI había puesto al arzobispo Paul Marcinkus (americano de origen lituano) en 1971 al frente del Banco Vaticano. Le tenía confianza porque en 1970, durante su visita a Filipinas, Marcinkus (grande y alto) se interpuso entre el Papa y un loco, el boliviano Benjamín Mendoza, que se había disfrazado de cura e intentó apuñalar al Papa con un kriss (daga malaya con hoja de serpiente). Logró hacerle dos rasguños que sangraron.

Pablo VI y a su lado monseñor Paul Marcinkus tras el atentado del boliviano en Filipinas en 1970archivo histórico

"Marcinkus era más bien tonto, no malo. El banquero Roberto Calvi, y otros, masones, iban a Marcinkus a pedir cartas de recomendación, cartas diciendo que 'Fulano de tal puede devolver el préstamo y el Vaticano es garantía'. Y así durante años. Luego se reclamó todo ese dinero de golpe: se buscaba hundir el Banco Vaticano. Salvó la situación el cardenal de Filadelfia, John Krol, hijo de inmigrantes polacos. Él telefoneó a cien millonarios, la mayoría americanos, y a cada uno le pidió un millón de dólares, para calmar la tempestad, aunque fuera a medias. Todo esto está probado, no es opinión", explica Murr.

Los parientes de Charles Murr no solían superar los 71 años de vida, así que él se convenció a los 70 de que tenía que dejar por escrito sus experiencias. De esto han pasado cinco años, dice divertido, que ha disfrutado en Sevilla.

Cuenta estos temas en su web Charlesmurr.com  . La investigación de Gagnon la cuenta en su libro Asesinato en grado 33 (lo tiene en inglés, francés y español). Tiene otro libro titulado La Madrina, sobre la Madre Pascualina, monja secretaria durante décadas de Pío XII y madrina de ordenación de Murr, donde recopila sus experiencias en el Vaticano. 

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