Miércoles, 16 de octubre de 2019

Religión en Libertad

San Dimas, el Buen Ladrón.

Ramón Rabre

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Jesús y Dimas.
Jesús y Dimas.

San Dimas, el "Buen Ladrón". 24 y 25 de marzo.

Sobre este santo solo sabemos un par de cosas: Había recibido justo castigo por sus pecados e iniquidades, y que en el final de su vida confió en Cristo y manifestó su fe en Él, lo cual no es poco.

Ni siquiera el nombre de Dimas es real (ni el del otro ladrón, Gestas), sólo parten de una leyenda apócrifa, que buscó darle orígenes a este peculiar personaje que aparece en unos momentos cruciales de su vida, de la vida de Cristo y de la nuestra, en tanto que su conversión se realiza en el momento en que se efectúa la salvación del mundo. Con respecto a su infancia, la deliciosa leyenda de San Dimas cuenta que cuando la Sagrada Familia huía a Egipto, perseguida por los soldados de Herodes, San José y la Virgen María hallaron una cueva donde fácilmente se podrían esconder, si les dejaban entrar. La cueva estaba habitada por unos ladrones, que les dejan entrar. San José les agradece, diciéndoles que su acto no quedará sin recompensa, y le anuncia que será su propio hijo (Cristo) quien ayudará al suyo (Dimas) en un futuro. Pero hay más, estaba el niño Dimas enfermo de lepra, y al preparar la Santísima Virgen el baño del Niño Jesús, pidió a la madre de Dimas que metiera a su niño en la artesa. Esta se negó, diciendo que Jesús se contagiaría, pero la Virgen le dijo que confiara. Accedió la mujer y los niños se bañaron juntos, y al salir, Dimas estaba limpio y sano de su enfermedad. 

El "Evangelio árabe de la Infancia", uno de los Evangelios Apócrifos, cuenta este pasaje, pero no dice que sean ladrones ni hace coincidir al niño enfermo con el ladrón de la cruz. Sin embargo, narra un encuentro de la Sagrada Familia con los dos ladrones, hombres ya, mientras que Jesús es un niño. Curiosamente, les pone otros nombres:

"Partidos de allí [de una aldea no nombrada], llegaron a una tierra desierta, y oyeron decir que no era segura, porque había en ella bandidos. Sin embargo, María y José se decidieron a atravesar aquel país durante la noche. Y, mientras marchaban, advirtieron que, al borde del camino, comparecían dos bandidos, apostados y destacados por sus compañeros, que dormían un poco más allá, para guardar el camino. Estos dos bandidos que acababan de encontrar se llamaban Tito y Dumaco. Y el primero dijo al segundo: ´Déjales el camino libre, para que pasen, y que nuestros compañeros no lo noten´. Dumaco no consintió en ello. Entonces Tito le dijo: ´Te daré mi parte de cuarenta dracmas si me complaces´. Y le presentó su cinturón como garantía, para decidirlo a callarse. Y, cuando María vio la noble conducta de aquel bandido hacia ellos, le dijo: ´El Señor Dios te protegerá con su diestra, y te concederá el perdón de tus pecados´. Y Jesús tomó la palabra, y dijo a María: ´¡Oh madre mía, dentro de treinta años, los judíos me crucificarán en la ciudad de Jerusalén, y, conmigo, crucificarán a estos dos bandidos, Tito a mi derecha, y Dumaco a mi izquierda! Y, en el día aquel, Tito me precederá en el paraíso´. Y María repuso: ´¡Esto os sea recompensado, hijo mío!´"

El "Evangelio de José de Arimatea", que es una recreación de una supuesta declaración de San José de Arimatea (17 de marzo), dice:

"El primero [de los ladrones], llamado Gestas, solía dar muerte de espada a algunos viandantes, mientras que a otros les dejaba desnudos. Colgaba a las mujeres de los tobillos, cabeza abajo, para cortarles después los pechos. Tenía predilección por beber la sangre de los miembros infantiles. Nunca conoció a Dios, no obedecía las leyes y venía ejecutando tales acciones, violento como era, desde el principio de su vida. El segundo, por su parte, estaba encartado de la siguiente forma. Se llamaba Dimas; era de origen galileo y poseía una posada. Atracaba a los ricos, pero a los pobres les favorecía. Aun siendo ladrón, se parecía a Tobit, pues solía dar sepultura a los muertos. Se dedicaba a saquear los judíos, robó los libros de la ley en Jerusalén, y dejó desnuda a la hija de Caifás y substrajo incluso el depósito secreto colocado por Salomón. Tales eran sus fechorías".

Por su parte, el "Evangelio de Nicodemo", tardío y con detalles heréticos, cuenta el encuentro de San Dimas con San Enoch (22 de enero y primer jueves después de Pascua, en Siria) y San Elías (20 de julio, Iglesia romana; 12 de enero, Iglesia Oriental, la ascensión al Paraíso; y 20 de junio, traslación de reliquias a la iglesia de los Santos Apóstoles en Constantinopla) en el mundo de los muertos, luego de la muerte de Dimas, poniéndole como mensajero de Cristo a los santos pasados, que aguardaban la redención en el "limbo de los muertos":

"...he aquí que sobrevino un hombre muy miserable, que llevaba sobre sus espaldas el signo de la cruz. Y, al verlo, todos los santos [del Seno de Abraham] le preguntaron: ´¿Quién eres? Tu aspecto es el de un ladrón. ¿De dónde vienes, que llevas el signo de la cruz sobre tus espaldas?´ Y él, respondiéndoles, dijo: ´Con verdad habláis, porque yo he sido un ladrón, y he cometido crímenes en la tierra. Y los judíos me crucificaron con Jesús, y vi las maravillas que se realizaron por la cruz de mi compañero, y creí que es el Creador de todas las criaturas, y el rey todopoderoso, y le rogué, exclamando: Señor, acuérdate de mí, cuando estés en tu reino´. Y, acto seguido, accediendo a mi súplica, contestó: ´En verdad te digo que hoy serás conmigo en el Paraíso´. Y me dio este signo de la cruz, advirtiéndome: ´Entra en el Paraíso llevando esto, y si su ángel guardián no quiere dejarte entrar muéstrale el signo de la cruz, y dile: Es Jesucristo, el hijo de Dios, que está crucificado ahora, quien me ha enviado a ti´. Y repetí estas cosas al ángel guardián, que, al oírmelas, me abrió presto, me hizo entrar, y me colocó a la derecha del Paraíso, diciendo: ´Espera un poco, que pronto Adán, el padre de todo el género humano, entrará con todos sus hijos, los santos y los justos del Cristo, el Señor crucificado´".


La conversión de Dimas y la aseveración de Cristo, de otorgarle su reino, ese mismo día, junto con Él es señal de esperanza para todos los cristianos. Indudablemente, en el relato hay sentido alegórico y cierta liturgia (el "uno a su derecha y otro a su izquierda" hace clara referencia a las palabras de Cristo que "acercará a los de su derecha y alejará a los de su izquierda"), lo cual le da solemnidad y, por tanto realza la importancia que tiene en el momento en que sucede. ¿Que llevó a Dimas (o como se llamase) a creer en Cristo. La opinión de casi todos los escrituristas ha sido siempre que el ver la paciencia, la mansedumbre de Cristo durante toda su Pasión y Cruz, fue lo que le cambió el corazón.

Un detalle muy interesante, es la fecha de celebración de San Dimas, aunque la Iglesia Romana no lo celebra: el 25 de marzo. El motivo, sin duda, es la creencia antigua (no bíblica) de que los profetas morían el mismo día en que habían sido concebidos, por tanto, si Jesucristo había muerto un 25 de marzo, debía haber sido concebido un 25 de marzo. Se asocia la entrada de Dimas en el cielo con la entrada y salida de Cristo de este mundo. 

Su iconografía es bastante repetitiva, siempre a la derecha del Señor, mirándole o mirando hacia arriba, en contraposición a “Gestas”, que siempre aparta la vista del Señor. En la iconografía oriental, sin embargo, es frecuente ver el pasaje de su anuncio a los santos del Antiguo Testamento que esperan en el limbo. Y más aún, la típica cruz ortodoxa, que bajo los pies de Cristo tiene un travesaño inclinado, representa una balanza de justicia, y son precisamente Dimas y Gestas. Pesadas las acciones de ambos, cada uno tiene su destino: El brazo hacia arriba, a la derecha de Cristo es Dimas que gana el paraíso, y el otro, que mira hacia abajo es Gestas, que mira a la condenación.

Y para finalizar, añadir dos detalles: San Dimas es patrono de relojeros (¿por su conversión "a tiempo"?); atracadores y ladrones, para hallar las cosas perdidas. En algunos sitios hay costumbre de "atar a San Dimas" (atando un trozo de tela) hasta que lo perdido aparezca, reminiscencias del pasado que tienen su encanto. En Guatemala, en la Iglesia del Calvario ocurre algo muy curioso: Es una zona muy conflictiva y peligrosa, y dicha iglesia es el santuario de los delincuentes. Acuden los ladrones y maleantes a dar gracias de sus robos, pero a Gestas, el "mal ladrón" que se halla en el retablo principal en una típica escena de Calvario. Suelen llevarle parte del botín, dinero o, para no levantar muchas sospechas, flores, pero que han de ser compradas con el beneficio de algun hurto o maldad. Sobre la cruz en la que murió, supuestamente se venera en Chipre; mientras que el travesaño está en Roma, en la iglesia de la Santa Cruz.

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