Miércoles, 21 de agosto de 2019

Religión en Libertad

San Gerásimo de Palestina, abad.

Ramón Rabre

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San Gerásimo y el león.
San Gerásimo y el león.

San Gerásimo de Palestina, abad. 5 de marzo (4 y 20 de marzo, Iglesias Griegas).

Lo que de Gerásimo sabemos, lo hallamos en las “vitae” de San Eutimio (20 de enero) y San Ciriaco (29 de septiembre), escritas por Cirilo el Monje. Estas menciones, nos dicen que era Gerásimo originario de Licia, donde había abrazado la vida monástica. Se fue a Palestina, donde conoció la herejía eutiquianista, una variante de los monofisitas. En este error permaneció hasta que San Eutimio le sacó de su herejía y lo devolvió a la verdadera fe católica. Para expiar su pecado comenzó austeras penitencias, y visitó a los célebres abades del momento, como San Juan Silenciario (13 de mayo y 7 de diciembre), San Sabas (5 de diciembre) y San Teoctisto (4 de enero), para recibir consejo y dirección espiritual de estos.

Luego se retiró al río Jordán, donde al poco tiempo estableció unas lauras con setenta celdas que pronto se llenaron de monjes que aspiraban a la santidad. Vivían en gran penitencia, sin fuego para combatir el frío, dormían en esteras de junco. Los sábados y los domingos se reunían en la iglesia, que estaba en medio, para rezar las oraciones y celebrar la eucaristía. También comían en comunidad y bebían algo de vino. Los demás días solo comían pan, hierbas y agua. Y si todos eran penitentes, Gerásimo los superaba con otras austeridades, como solo alimentarse de la Eucaristía durante la cuaresma, tiempo en el que acostumbraba a irse al desierto de Rouva, donde extremaba sus penitencias. Siempre iba solo, pues consideraba que ningún monje resistiría su nivel de penitencia. Y así fue hasta que entró al monasterio San Ciriaco, al que tomó por compañero en este tiempo penitencial. Así durante varios años: se iban al inicio de Cuaresma hasta el Domingo de Ramos y allí en el desierto se daban del todo a Dios, sin comunicarse entre ellos más que para alabar a Dios juntos.

Pero el hecho más conocido de San Gerásimo y lo que lo ha hecho conocido es el suceso del león. Cuenta Cirilo que un día mientras Gerásimo paseaba a orillas del Jordán, vio un león que cojeaba y rugía de dolor. El santo se acercó y viendo que la bestia permanecía mansa, miró la pata y vio que tenía enterrada una astilla afiladísima de madera. El santo sacó el trozo de madera y vendó la pata al león y continuó su camino. Al llegar al monasterio vio que el león le había seguido, así que le dejó entrar a su celda y quedarse con él. Cuando sanó, Gerásimo le dijo que en el monasterio nadie podía estar ocioso y le encomendó cuidase al burro que usaban para cargar el agua, mientras pastaba. Un día el león se distrajo y un comerciante de camellos se robó el burro, y por la noche, cuando el león regresó solo, Gerásimo pensó que lo había comido y le encomendó como castigo suplir al asno cargando agua desde la fuente. Y en ello estuvo hasta que un soldado que visitó el monasterio, sorprendido por aquello, dio dinero a Gerásimo para que comprara un burro y perdonara al león. Un tiempo después, volvió a pasar por allí el comerciante ladrón, y el león le interceptó. El hombre huyó y entonces el león llevó sus burros y camellos hasta el monasterio, donde Gerásimo, al ver su burro, comprendió que no había sido comido y que había castigado al león injustamente.

Durante cinco años, el león acompañó constantemente a Gerásimo, moviéndose entre los monjes, como una mascota. Cuando murió Gerásimo, el abad Sabacio, viendo la tristeza del león, le dijo: "nuestro viejo amigo se ha ido y nos ha dejado huérfanos, volando hacia el Señor. Pero aquí está tu comida, como siempre". Pero el león no comía, sino que iba constantemente a la celda de Gerásimo y rugía de dolor. Los monjes le consolaban diciéndole: "El viejo nos ha dejado, pero se ha ido al Señor". Pero nada, no había consuelo posible. Entonces Sabacio le acarició y le dijo "Ven conmigo, ya que no me crees, y te mostraré donde está nuestro amigo", y lo llevó a la tumba de Gerásimo. "Mira, aquí es donde está enterrado", le dijo y arrodillándose, lloró sobre la tumba. El león "comprendió" y se dejó caer sobre la sepultura, hasta morir a los dos días. Y, sin embargo, esta hermosa leyenda le ha sido escamoteada por San Jerónimo (30 de septiembre y 9 de mayo), al que siempre pintan con un león, y por error.

Fuentes:
-“Tratado de la Iglesia de Jesucristo o Historia eclesiástica” Volumen 5. Dn. FÉLIX AMAT DE PALAU Y PONT. Madrid, 1806.
-"Vidas de los Santos". Tomo III. Alban Butler. REV. S. BARING-GOULD. 1914.

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