Viernes, 13 de diciembre de 2019

Religión en Libertad

El cardenal Pell apela su condena ante el Tribunal Superior de Australia, última instancia judicial

ReL

De no prosperar el recurso el cardenal Pell, de 78 años, permanecería en prisión hasta 2022, cuando podría solicitar la libertad condicional
De no prosperar el recurso el cardenal Pell, de 78 años, permanecería en prisión hasta 2022, cuando podría solicitar la libertad condicional

El cardenal George Pell no se rinde y sigue defendiendo su inocencia. Y para ello ha presentado este martes un recurso de apelación ante el Tribunal Superior de Australia, máxima instancia judicial del país, contra la condena de seis años de cárcel que ratificó el Tribunal de Apelaciones el pasado 21 de agosto, aunque con el voto discrepante de uno de los tres magistrados.

El purpurado australiano fue condenado en marzo por un jurado popular con el único testimonio de la víctima que le acusaba, que aseguró que había abusado de él cuando tenía 13 años, en 1996, en la catedral de Melbourne.

Tras la decisión del Tribunal de Apelaciones, este martes los abogados de Pell entregaron una “solicitud para presentar una apelación” ante al Tribunal Superior, que ahora deberá decidir si admite o no el recurso. Esta es la última oportunidad de que pueda revertir la condena de un caso que ha sido polémico desde el principio.

Hay que tener en cuenta que, aunque la mayor parte de los permisos especiales de apelación son rechazados por el Tribunal Superior de Justicia, es probable que este caso sea diferente, dada la polémica desatada tras la decisión del Tribunal de Apelaciones.

Los abogados del cardenal basan esta petición en la opinión del juez Mark Weinberg, quien discrepó con sus dos compañeros del Tribunal de Apelaciones llegando a afirmar que estaba “bastante poco convencido” del testimonio de la víctima que, en su opinión, “contenía discrepancias y mostraba deficiencias” por lo que cree que algo de lo que dijo pudiera estar inventado. (Más información aquí sobre los argumentos del juez Weinberg)

George Weigel  recuerda además que este juez Weinberg es el jurista de derecho penal más importante de Australia, mientras que los otros dos que avalaron la sentencia del jurado popular tenían poca o ninguna experiencia en derecho penal.

Pell todavía sigue siendo miembro del colegio de cardenales y sigue ostentando el título de arzobispo, lo que muestra la confianza que la Santa Sede mantiene en la inocencia del purpurado australiano.

Las inconsistencias de una acusación muy extraña

En marzo, el jesuita y abogado australiano Frank Brennan repasó el caso y señaló las inconsistencias de la acusación contra Pell en la revista jesuita Eureka Street. Brennan sabe de tribunales: es el hijo mayor de un antiguo juez del Tribunal Supremo Australiano. También acumula premios de derechos humanos por su activismo social.

Primero señala que aunque él ha estado en varias sesiones del juicio con el público, nadie del público ha escuchado ni ha leído la declaración del único acusador, testigo y víctima. Solo los magistrados y el jurado conocen esa declaración. Se trata de una grabación que se hizo en el juicio anterior. Se conocen fragmentos porque en otras fases del juicio se han citado o referido a ellos. La víctima, un hombre que tenía 13 años en 1996, quiere mantener su total anonimato: ningún periodista ni investigador ha podido acudir a él, hacerle preguntas o investigar su entorno, sólo los juristas del caso.

Las inconsistencias del relato

"La acusación afirmó que el primer acontecimiento, implicando 4 acusaciones, tuvo lugar tras una misa solemne de domingo celebrada por Pell en la segunda mitad de diciembre de 1996. Tanto la acusación como la defensa coincidían en que se habla del 15 o 22 de diciembre de 1996. Eran la primera y la segunda misas solemnes que celebraba Pell en la catedral desde que fue hecho arzobispo en agosto de 1996, porque la catedral antes había estado en obras y no se había usado para misas de domingo", escribe Brennan.

"El denunciante dijo que él y otro chico del coro dejaron la procesión litúrgica al final de una de las misas de domingo y se escabulleron hacia la sacristía, donde empezaron a probar vino del altar. El arzobispo llegó sin que nadie le acompañara, les reprendió y entonces, completamente revestido con sus copiosas vestiduras litúrgicas, procedió a cometer tres actos sexuales viles incluyendo la penetración oral del denunciante. El denunciante dijo que la puerta de la sacristía estaba abierta y que los monaguillos pasaban por el pasillo. El denunciante dijo que él y el otro chico después volvieron a las prácticas del coro. El coro estaba haciendo unas grabaciones navideñas esos días".

"Estos dos chicos permanecieron en el coro aún un año más, pero, dijo el denunciante, nunca hablaron de este tema entre ellos, aunque a veces se quedaban para dormir uno en casa del otro. Al segundo chico le preguntó una vez su madre si había sido abusado por alguien, y él dijo que no".

"El denunciante afirmó que un mes o así después, tras una misa de domingo, cuando el arzobispo estaba presidiendo -pero no celebrando la misa- Pell salió por el pasillo fuera de la sacristía, donde estaban muchos chicos del coro y otras personas. Aseguró que Pell se aferró a él brevemente, le puso contra una pared y firmemente agarró sus genitales. Esta es la quinta acusación. Pell no conocía al chico, ni tuvo contacto con ninguno de ellos después".

La declaración del sacristán y el maestro de ceremonias

En el juicio, explica Brennan, prestaron declaración el Maestro de Ceremonias de la catedral, Charles Portelli, y el sacristán de la catedral por muchos años, Max Potter, asegurando que después de una procesión al menos uno de ellos siempre ayuda al arzobispo a quitarse las vestimentas litúrgicas en la sacristía. Se demostró en el juicio, además, que Pell era muy serio y exigente en los asuntos litúrgicos. Tenía un protocolo estricto de pasar entre diez y 20 minutos en la entrada de la catedral tras la misa saludando a los parroquianos, antes de volver a la sacristía. La acusación sugirió que quizá en esas primeras misas que hizo no era así.

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Brennan dice que la crítica del abogado defensor a esta narrativa tiene sentido. "Cualquiera familiarizado con cómo es una misa solemne de catedral con coro completo encontrará de lo más inverosímil que un obispo pueda, sin razón grave, abandonar una procesión y retirarse a la sacristía sin acompañante", escribe Brennan.

Después Brennan detalla que la declaración inicial del acusador a la policía es que Pell había apartado a un lado sus vestimentas, pero un alba es como un vestido sin costuras: no se puede apartar, sólo levantar. Después el denunciante dijo que Pell movió sus vestimentas a un lado, pero eso no puede hacerse si hay un cinto. Brennan denuncia que la policía nunca examinara ropajes litúrgicos para ver cómo pudo ser eso.

Brennan, como cualquiera que haya estado en una misa solemne con un obispo en una catedral (y más un obispo "novato" en el edificio), concluye: "La proposición de que los hechos denunciados los cometió inmediatamente después de misa un arzobispo completamente revestido en la sacristía con una puerta abierta, a la vista del pasillo parecen increíbles en mi opinión".

Qué llevó al jurado a tomar esta decisión

Brennan cree que varias cosas se conjugaron para que el jurado pensara que aunque los detalles estaban mal "algo debió hacer Pell":

- el juez explicó que las víctimas de abusos a menudo no recuerdan bien los detalles.

- en el Parlamento, la televisión y otras instancias, se repitió durante dos años, una y otra vez que "hay que creer a las víctimas".

- libros y canciones por que daban por culpable al cardenal se difundieron insistentemente, y Pell cae mal a muchos por ser conservador en moral y valores.

El acusado que debe demostrar su inocencia

"Estas cosas tienden a cambiar la carga reputacional, si no legal, de que el acusado debe demostrar su inocencia, en vez de ser la acusación quien debe demostrar la culpa", señala Brennan. Después de todo, toda la acusación se limita a esta declaración (que no tiene el público) de un solo testigo-víctima-acusador por un hecho de 1996. (El otro supuesto testigo murió de sobredosis en 2014 y nunca dijo nada sobre esto a nadie).

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