Jueves, 02 de diciembre de 2021

Religión en Libertad

Su miedo a la talidomina en 1962, origen de su postura

Rosa Regás insiste en llamar monstruos a la gente sin brazos escudándose en el diccionario

Ante la indignación social, Rosa Regás se reafirma: "monstruo, ser que tiene anormalidad notable y fea", cita. ¿Se lo diría a la cara al guitarrista Tony Meléndez o la bailarina Simona Atzori, ambos sin brazos?

Pablo J. Ginés/ReL

Simona Atzori, ¿un monstruo?
Simona Atzori, ¿un monstruo?
La escritora Rosa Regás, que indignó a muchas personas al llamar en un artículo "monstruos" a los niños con malformaciones prenatales, se ha reafirmado en esta palabra y la justifica aludiendo al diccionario María Moliner: "Monstruo, ser que tiene alguna anormalidad muy notable y fea".

(Cabría señalar a la escritora que el diccionario no especifica que la anormalidad sea física: también hay anormalidades morales "muy notables y feas"; los monstruos morales existen).

Regás llamó dos veces "monstruos" a los niños que nacen con malformaciones, criticando el cambio a la Ley del Aborto anunciado por el ministro español de justicia, Alberto Ruiz Gallardón.

"Que sea el señor Ruiz Gallardón el que tenga que decidir si una mujer ha de dar a luz un monstruo todavía me parece más aberrante", escribía Regás. Y también: "Señor Ministro, ¿no le parece que antes de dar vida a los monstruos debería ocuparse de que no se resquebrajara la dignidad de los vivos, y defender para ellos trabajo, vivienda, educación y sanidad?".

El pasado lunes,en su blog en elmundo.es Regás insistió en defender su postura eugenésica y se remitió a una experiencia personal.

El origen del trauma de Regás
En 1962, embarazada de su tercer hijos, ya con siete meses y medio, leyó en una revista francesa acerca de bebés que nacían con una "anomalía congénita que consistía en la falta de las extremidades, es decir, con las manos surgiendo directamente de los hombros, sin brazos ni antebrazos". Se atribuía a la ingesta de talidomina del padre o la madre, y ella se asustó mucho porque éste era un fármaco que ella tomaba contra el insomnio.

El artículo no era un artículo cualquiera ni neutral en ningún sentido: fue el artículo que abrió el camino al aborto en Francia, usando una y otra vez la idea del "monstruo", que merecía ser eliminado en cualquier fase del embarazo, y no solo en las primeras. "En Francia el aborto todavía tardó 13 años en ser legalizado -gracias sobre todo al impulso que dio a la ley Simone Weil- primero hasta la décima semana, luego ya en 2001 hasta la duodécima semana del embarazo, realizados todos desde 1982 por la seguridad social francesa", detalla Regás, admirativa.

En cuanto a su caso, explica que sintió una gran "angustia", pero no abortó porque su embarazo estaba ya muy avanzado y no sabía donde acudir para practicárselo. La sociedad de 1962 no estaba tan bien equipda como la nuestra para abortar bebés de 7 meses y medio: eso salvó la vida de su hijo.

En sus palabras: "Me quedaba más o menos un mes y medio para el parto así que no había forma de pensar en un aborto que por otra parte no habría sabido por donde moverme: en aquellos años la cuestión nunca me había preocupado ni a mí ni a las personas de mi conservador entorno, y menos aún se me había ocurrido pensar en él como uno de los ineludibles derechos que debía conseguir la mujer", explica.
 
Bebé sano, alma herida
El niño nació perfectamente sano ("precioso, con ojos azules") y sin problemas. Pero en vez de aprender una lección de confianza en la vida y de gratitud, ella elaboró lo vivido como una ideología forjada en el miedo que había pasado.

Lo formula así: "Su presencia [la del bebé sano] logró trasmutar la memoria de aquel parto que había temido como el mayor de los peligros que se cernía sobre mi vida, pero me ha dejado incólume la conciencia del dolor de tantas mujeres que no tuvieron la suerte que a mí me otorgó el azar en un asunto que los franceses resolvieron hace tanto tiempo [el aborto libre de niños enfermos] y que nosotros, los españoles, teníamos también resuelto pero que hoy, con el pretexto de unos principios morales que ni siquiera pueden afianzarse, como pretende el Ministro, en conocimientos científicos, amenaza con devolvernos a la edad de las cavernas", concluye.

Mírame y llámame monstruo
Pero la cuestión de fondo (más allá de si es moral matar bebés por ser distintos al estándar estadístico) es si Rosa Regás llamaría a la cara "monstruos" a las personas que no tienen brazos escudándose en el diccionario María Moliner. "Monstruo" es una palabra que pretende dar miedo... así se usó en el debate del aborto en Francia y en España: el aborto como solución al miedo y a la angustia.

Pero ¿llamaría Regás "monstruo" a la bailarina sin brazos Simona Atzori, estrella de la ceremonia inaugural de los Juegos Paralímpicos de Pekín?

O a Tony Meléndez, el famoso guitarrista que toca con los pies, sin brazos por la talidomina que tanto asustó a Regás.

¿Llamaría monstruo a Nick Vujicic, que no solo no tiene brazos sino que carece de piernas, pero es un consumado conferenciante y líder y ejemplo en temas de superación?

O a Kyle Maynard, tambiénsin brazos y sin piernas, deportista y autor del libro "Sin excusas".

Es bueno que el mundo tenga niños preciosos de ojos azules como el hijo sanísimo de Regás. Pero gente como Atzori, Vujicic, Meléndez o Maynard (gente sin brazos) es quien hace del mundo un lugar increíble y asombroso, para todo aquel que tenga ojos para ver y corazón para asombrarse. Por supuesto, quien vive anclado en la "angustia" del pasado, permanece ciego a esto.

Quizá Regás, la de 2012, no la de 1962, no se ha molestado en teclear "sin brazos superación" en Google.
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