Sábado, 20 de abril de 2019

Religión en Libertad

HEMEROTECA Su cara ha quedado desfigurada y ha perdido la visión de un ojo

Era finalista de Miss Italia y su novio la roció con ácido: «La fe me salvó y ahora soy más feliz»

Gessica, antes y después del ataque de ácido que sufrió por el que era su exnovio
Gessica, antes y después del ataque de ácido que sufrió por el que era su exnovio

Javier Lozano / ReL

Gessica Notaro saltó a las portadas de la prensa italiana pero también de la internacional el 10 de enero de 2017 cuando su exnovio le esperó a la puerta de su casa para, a continuación, arrojarla ácido en la cara. 

Esta joven, que en aquel momento tenía 27 años, era un personaje conocido en su país al haber sido finalista de Miss Italia 2007 así como presentadora y modelo en televisiones italianas como la Rai o las del grupo Mediaset. Ha perdido la visión de un ojo y su cara ha quedado desfigurada por el ácido, pero Gessica asegura que no le importa que le hayan robado la "belleza" de una manera tan cruel. Afirma que pese al terrible suceso que ha vivido es ahora mejor persona.

Personaje del año para Famiglia Cristiana

La publicación católica italiana Famiglia Cristiana la ha nombrado recientemente persona del año en Italia por cómo ha afrontado las secuelas permanentes que le han quedado, donde la fe ha sido un elemento crucial.

De hecho, Notaro reconoce que su fe ha crecido ahora que su cara muestra el horror del acido. Además, ha descubierto que hay cosas mucho más importantes que el aspecto exterior.

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Agarrada a la fe en todo este proceso

En una entrevista con esta publicación católica explicaba por qué cree que esta experiencia le ha hecho mejor persona. “Si lo vemos desde un punto de vista estético, material y superficial, está claro que he perdido cosas. Pero mi fe me dice que nada sucede sin un diseño más grande. Aunque sé que hay quien pensará que estoy loca siento que todo esto me ha enriquecido espiritualmente”, afirma.

La joven tiene ahora 28 años e intenta retomar su vida en el delfinario en el que trabajaba en Rimini, ciudad donde fue atacada. Tras haberse sometido a varias intervenciones quirúrgicas se ha convertido en un ejemplo de fortaleza y en un símbolo para muchas italianas.

"Dios no nos abandonará"

Gessica asegura que en ningún momento se ha enfadado con Dios o le ha pedido explicaciones por lo que le ha sucedido. “Me he encomendado a Él”, afirma ella.

Recuerda que “después del ataque, mientras íbamos al hospital, mi madre lloraba y la tomó con Dios: ‘¿Por qué nos castigas así? Somos buenas personas’. Ella estuvo temblando durante tres días y yo recé y le dije: ‘Dios está con nosotros, no nos abandonará’”.

Ahora es feliz

Ahora, Gessica Notaro afirma de manera categórica que el sentimiento que prevalece actualmente en su vida es la “felicidad”. “Antes no era feliz, ahora estoy como no lo había estado en mucho tiempo: tengo muchas ganas de hacer cosas, mi mente está siempre trabajando”.

Haciendo un resumen de lo que ha descubierto en estos meses debido a esta experiencia extrema, la joven italiana afirma que “antes era un poco hipocondríaca, tenía carácter, pero también muchos temores, en los últimos años estuve un poco alejada de la fe porque estaba con una persona que no creía (su agresor). Más tarde, sin embargo, he encontrado una fuerza que no imaginaba”.

La fe la salvó del suicidio

Pese a su ejemplo, Gessica ha vivido momentos extremadamente duros, sobre todo tras salir del hospital y cuando se iba produciendo la cicatrización de las heridas de la cara. "No podía comer, hablar, estaba hinchada. Mis nervios se iban despertando y un poco de aire era suficiente para acabar llena de dolor. Tenía la sensación constante de estar atrapada en  una máscara de goma. Nunca pensé en el suicidio, pero entendí la desesperación de quienes llegan ahí. A mí la fe me salvó”.

"Ayúdame, que yo no puedo hacerlo", pidió a Dios

“Agotada, recé: ‘Ayúdame, que yo no puedo hacerlo’. No sé si me autocondicioné pero no me he quejado desde ese día”, afirma.

Confiesa que cuando más miedo pasó fue cuando existió la posibilidad de quedarse ciega. Ahora ve con un ojo pero no con el otro. Pero cuando todo se veía oscuro, asegura que rezó a Dios pidiendo que pudiese ver, que no le importaba tener el rostro desfigurado

Ahora transmite su alegría, su fortaleza y sus ganas de afrontar el sufrimiento a todo el que encuentra, especialmente a las mujeres. “Prometí ser útil a los demás. No me maquillo aunque pudiera, porque esto fortalece mi testimonio”.

Artículo publicado originariamente en Religión en Libertad el 12 de enero de 2018

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