Jueves, 18 de julio de 2019

Religión en Libertad

Era de misa diaria, devota del Sagrado Corazón y compartía todo lo que tenía

Julia nació esclava y fue siempre modelo de misericordia con los más pobres y con los bomberos

ReL

Julia Greeley fue una esclava que supo lo que significaba la palabra brutalidad; de niña, perdió un ojo a causa de un latigazo mientras se aferraba a su madre, que estaba recibiendo una paliza de un negrero; sufrió el racismo, que la sentenció a labores de sirvienta y a la pobreza. Greeley, que se convirtió al catolicismo y comulgaba diariamente, trascendió la injusticia a través de su fe y se hizo famosa por sus extraordinarias obras de caridad, aun a pesar de sus exiguos medios, tal y como explica el portal Aleteia citando al Denver Catholic.
 
A su muerte, a la edad de entre 70 y 85 años —no sabía cuántos años tenía—, Greeley era tan querida que su cuerpo permaneció en la capilla ardiente durante cinco horas, mientras un flujo constante de personas de todos los ámbitos de la sociedad pasaban para presentarle sus respetos a esta piadosa mujer.
 
Única imagen que se conserva de Julia Greely
 
Greeley fue seleccionada como icono de misericordia para los católicos de Denver, en Estados Unidos, como ejemplo a seguir durante el pasado Año de la Misericordia. La archidiócesis de Denver encargó, incluso, que se pintase un icono de Greeley a la artista Vivian Imbruglia, puesto que también en breve se espera la apertura de su causa de beatificación.
 
“Encarnó todas las obras de misericordia
Destacó por lo extraordinaria que era”, afirma David Uebbing, canciller de la archidiócesis. “Aunque apenas ganaba entre 10 y 12 dólares al mes limpiando y cocinando, lo dedicaba a ayudar a otras personas que eran pobres. Esto ya lo dice todo sobre el tipo de corazón caritativo que tenía. Además, sentía una gran devoción por el Sagrado Corazón de Jesús y fue conocida por caminar (mensualmente) hasta 20 estaciones de bomberos diferentes para repartir entre los bomberos medallas (de fieltro) del Sagrado Corazón y folletos. Es la encarnación de las obras corporales y espirituales de misericordia a las que este año santo está dedicado”.
 
Nacida esclava entre 1833 y 1848 en Hannibal, Missouri, Greeley llegó a Colorado en 1874, 11 años después de que los esclavos fueran liberados. En 1878 vino a Denver con Julia Gilpin, mujer católica y casada con el primer gobernador territorial de Colorado, William Gilpin. Greeley se convirtió al catolicismo en 1880 en la Iglesia del Sagrado Corazón de Denver. Asistía a misa diariamente y llamaba a la Eucaristía su “desayuno”.
 
Después de dejar el servicio de los Gilpin, Greeley realizó trabajos eventuales de cocinera, limpiadora y de cuidadora de niños. Se la veía frecuentemente por las calles de Denver con su rompa modesta, su sombrero ondulado de ala ancha y unos zapatos que le quedaban grandes, mientras empujaba un carrito rojo lleno de los artículos que había comprado, encontrado o mendigado, y que luego daba a los necesitados.
 
A menudo repartía estos bienes —muchas veces a familias de blancos pobres— bajo la protección de la noche, para permanecer en el anonimato. Murió un 7 de junio de 1918, en la Fiesta del Sagrado Corazón. Tanto los diarios de Denver como el periódico Denver Catholic Register escribieron largos obituarios en su honor.
 
Sólo hay una imagen suya
Con el paso de los años, muchos han expresado su deseo de ver a Greeley canonizada. En la localidad, el libro sobre su vida es el segundo más veces impreso y existen un sindicato y un refugio para mujeres sin techo que llevan su nombre. A pesar de ello, muchos nunca han oído hablar de “Old Julia”, la Vieja Julia.
 
“Sólo se tiene constancia de una foto de ella”, explica Uebbing, en referencia a una fotografía que retrata a Greeley sosteniendo a una pequeña bebé de la que a veces cuidaba. “Esa es la razón por la que hemos encargado la sagrada imagen. Así despertaremos conciencia sobre ella. Queremos acercarla a la vida de hoy”.


 
Por desgracia, la única foto que existe de Greeley no muestra claramente su rostro, puesto que su sombrero proyecta sombra sobre sus ojos. La iconógrafa Vivian Imbruglia de la ciudad de Rancho Cucamonga, California, quiere cambiar esta situación.
 
“No se trata de un retrato”, explica Imbruglia. “Es diferente porque en un retrato verías su rostro. En la fotografía sólo vemos con claridad su nariz y su boca”.
 
La imagen representa símbolos relevantes en la vida de Greeley: el Sagrado Corazón de Jesús, la Eucaristía, las Montañas Rocosas, un niño y una estación de bomberos.
 
“Rezo”, continúa Imbruglia, “porque esta imagen consiga transmitir su historia a los que no la conozcan, es la diferencia con el retrato”. “Se me ha ido revelando lentamente”, confiesa la iconógrafa. “Siento como si se desvelara ante mí”.
 
Con únicamente un ojo bueno, Greeley a menudo se daba toquecitos en el ojo malo, que supuraba, con un pañuelo. La buena mujer no era considerada muy atractiva, aunque sí era conocida por su desbordante alegría y su inolvidable sonrisa.
 
“Me puse muy contenta cuando supe que la archidiócesis iba a incluir a Greeley en la celebración de este Año de la Misericordia”, afirma Mary Leisring, presidenta del Sindicato Julia Greeley. “Teníamos a una santa caminando por las calles de Denver y muy pocas personas la conocían”.

Vídeo Julia Greeley, nuestro modelo de Misericordia realizado por la Archdiocesis de Denver.

Leisring y el padre franciscano capuchino Blaine Burkey, autor de “In Secret Service of the Sacred Heart: The Life and Virtues of Julia Greeley” (En secreto servicio al Sagrado Corazón: La vida y virtudes de Julia Greeley), han participado en un pequeño documental sobre Greeley realizado por la archidiócesis y que fue presentado en un congreso titulado “Mercy Chose Me” (La misericordia me escogió) como parte de la celebración del Año de la Misericordia.
 
“Se la trató tan miserablemente de muchas formas, y aun así dedicó toda su vida a ayudar a las personas”, pronuncia el padre Blaine. “Ella puso en práctica las obras de la misericordia en un nivel heroico”.
 
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