Domingo, 25 de agosto de 2019

Religión en Libertad

«Dios preparó mi corazón para actuar de esa forma», dice Abbey D´Agostino

La protagonista del gesto más bonito de las Olimpiadas, una católica devota de la Madre Teresa

Con su pierna destrozada, Abbey se levanta para ayudar a su rival, tendida en el suelo llorando desconsolada.
Con su pierna destrozada, Abbey se levanta para ayudar a su rival, tendida en el suelo llorando desconsolada.

ReL

El martes, durante una serie de clasificación de los 5000 metros lisos femeninos, se vivió uno de los momentos más hermosos de deportividad de los últimos tiempos sobre una pista de atletismo.

Consoló a su rival... responsable de su lesión
Mientras corría en mitad del grupo, la neozelandesa Nikki Hamblin tropezó y cayó. Detrás venía la estadounidense Abbey D'Agostino, quien al tropezar con ella sufrió una torsión escalofriante en la rodilla derecha (se le diagnosticó luego rotura del menisco y del ligamento cruzado anterior), cayendo también al suelo.

Al ver a su lado a su rival, tumbada sobre la pista desconsolada porque se le había escapado el pase a la final, Abbey (a pesar de que Nikki, involuntariamente, la había perjudicado y, aunque en ese momento no lo sabía, también lesionado) se levantó y, aguantando sobre su pierna maltrecha, ayudó a Nikki a hacer lo propio y la animó a continuar la carrera.



Fue entonces cuando Abbey comprobó el doloroso alcance de su lesión, y se sentó para no seguir. Nikki le devolvió el gesto de ánimo y apoyo y ambas concluyeron la prueba, aunque llegando las últimas bajo la atronadora ovación del estadio. La organización de los Juegos las premió por su deportividad dándoles el pase a la final, aunque la norteamericana no podrá participar.


El abrazo de las dos ejemplares atletas al llegar Abbey a la meta, renqueante, y su despedida camino del hospital.


Entre la Madre Teresa de Calcuta y San Agustín
"Aunque mis acciones fueron en ese momento instintivas, la única forma en la que puedo racionalizar lo que pasó es que Dios preparó mi corazón para actuar de esa forma", declaró luego Abbey D'Agostino: "Durante todo este tiempo aquí Él me dejó claro que mi experiencia en Río iba a suponer algo más que mi participación en la carrera... y en cuanto Nikki se levantó supe que era eso".

Según informa Aciprensa, D’Agostino es conocida por su profunda fe cristiana. Natural de Topsfield (Massachusetts), nació en 1992 y es la mayor de tres hermanas. Creció en el seno de una familia muy católica y en una entrevista comentó que si tuviera una máquina del tiempo le “encantaría conocer a la Madre Teresa. Eso haría. Sería especial poder conversar con ella”.

En aquella ocasión, al ser cuestionada sobre si su fe es importante para el atletismo, D’Agostino respondió: “Sí, absolutamente. Crecí en una familia católica y estuve rodeada por alumnos de fe en secundaria, pero no fue sino hasta que ese entorno me tocó en la universidad e ingresé en grupos cristianos en el campus, que ocurrió en mí el paso de la mente al corazón”.



“Correr era parte integral de esa experiencia. No fue sino hasta que comencé a sentir la presión que me di cuenta que si no hay un propósito eterno detrás de esto, ¿entonces qué estoy haciendo en realidad?”, continuó: "Una de mis mejores amigas del equipo fue quien me alentó a ir a reuniones de grupos cristianos y estoy muy agradecida por eso”.

En sus redes sociales, la atleta ha expresado varias veces su fe y hace algunos meses compartió una cita de San Agustín sobre la que estuvo reflexionando: “La gente viaja y se asombra ante la altura de las montañas, ante las enormes olas del mar, ante los largos cursos de los ríos, ante los vastos límites del océano, ante el movimiento circular de las estrellas. Y pasan  por delante de sí mismos sin sorprenderse”.

Deportistas católicos que comparten abiertamente su fe
En los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro 2016 están siendo protagonistas deportistas que muestran abiertamente su fe católica, y entre ellos nada menos que los que se perfilan ya, junto al revivido Michael Phelps (quien ha recobrado una vida normal, superando sus adicciones, tras vincularse a un grupo cristiano evangélico) como los tres grandes protagonistas de las Olimpiadas: la gimnasta Simone Biles, la nadadora Katie Ledecky y el velocista Usain Bolt.

Abbey D'Agostino se une ahora, bajo el ángulo, si no del triunfo, sí de la deportividad, a ese selecto club.
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