Viernes, 22 de noviembre de 2019

Religión en Libertad

Arzobispo de Filadelfia (Estados Unidos)

Monseñor Chaput: «No es posible ser ´pro-vida` y al mismo tiempo olvidar el llanto de los pobres»

Monseñor Charles Chaput
Monseñor Charles Chaput
Diálogo con el arzobispo de Filadelfia, que se prepara a recibir al Papa en septiembre de 2015 para el Encuentro Mundial de las Familias: defender a los niños que no han nacido forma parte de la doctrina social. Debemos hacer más por los millones de inmigrantes sin documentos

Mons. Charles Chaput, arzobispo de la metrópolis estadounidense, habla con Vatican Insider sobre el significado de la visita y sobre la forma en la que se recibe el mensaje de Papa Francisco en los Estados Unidos. 

- El Papa Francisco ha confirmado su participación en el Encuentro de Filadelfia programado para el próximo septiembre. ¿Qué cree que será lo más importante de esta visita papal?
- El Santo Padre combina dos grandes cualidades con inusual habilidad. Tiene compasión por la gente alejada de la Iglesia y tiene el coraje para decir la verdad con amor. No condena a nadie. Genuinamente comparte los sufrimientos de las personas heridas por las dificultades de la vida. Esto hace que su voz sea profundamente apelante. Al mismo tiempo, también ha hablado con frecuencia apoyando lo que Pablo VI llamaba la “familia natural”. Prueba de ello es que mostró su apoyo nuevamente la semana pasada en Roma con su discurso en la conferencia Humanum sobre la complementariedad de hombre y mujer.

Una familia natural fuerte es la mayor fuente para nutrir un desarrollo humano saludable y el mayor antídoto para la pobreza y la soledad. Entonces estoy seguro de que el Papa llevará ese mismo mensaje de misericordia y verdad sobre la familia a Filadelfia el próximo año.

Algunas personas pierden mucho tiempo y crean mucha confusión tratando de interpretar lo que el Santo Padre “realmente” quiere decir con sus acciones. Él no necesita traductores. El Papa Francisco es un hombre muy anclado en la fe y en las enseñanzas católicas.

Necesitamos dejarlo hacer a su propio modo lo que Dios le pide hacer: pastor de la Iglesia.

- ¿Cómo es posible anunciar hoy, en una sociedad secularizada, el Evangelio de la familia? ¿Y cómo es posible responder a las necesidades y al sufrimiento de las familias rotas por una separación o un divorcio?
- Nada es más fuerte que el testimonio personal. Si vivimos nuestra fe como familias cristianas con generosidad y alegría, eso naturalmente atraerá a otros. Si no lo hacemos, ninguna palabra bonita o ningún juicio duro sustituirán ese testimonio. La crisis actual de la familia y todos los problemas que se generan de ella no deben sorprender a nadie. A gran escala, hemos creado la tragedia nosotros mismos con una combinación de pobre catequesis para las parejas de novios y los matrimonios, junto a un pobre ejemplo de la vida familiar y de casados. La Iglesia necesita hacer un trabajo mucho mejor para evangelizar a los hombres y mujeres llamados al matrimonio y ayudarlos también a vivir su vocación con alegría.

Cuando se da el divorcio, necesitamos ayudar a las personas divorciadas a seguir el camino cristiano, recordándoles que el amor de Dios para ellos se mantiene incluso ante la soledad o el abandono. Y necesitamos apoyar especialmente a los hijos del divorcio, que con frecuencia acaban literalmente en los márgenes, atrapados en las respectivas vidas de sus padres separados.

- Y luego de un año y medio del nuevo pontificado de Francisco, ¿cuál es – en su opinión – el mensaje más importante del nuevo Papa?
- Creo que él ve la misión de la Iglesias a través de los ojos del sur global. Allí es donde vive la mayoría de los católicos. Él tiene distintas experiencias del mundo católico en el norte y una perspectiva diferente cuando sopesa las necesidades de la Iglesia. Y él es además un hombre muy inteligente que irradia una mezcla de sencillez y alegría que la gente encuentra novedosa y muy magnética».

- ¿Por qué parece tan difícil, para algunos grupos católicos en Estados Unidos, sintonizar con el mensaje del Papa?
- Porque es nuevo: no solo en el ministerio papal sino con su nuevo estilo de liderazgo y su personalidad. Eso es una bendición pero las cosas nuevas ponen nerviosas a la gente. Hace ochocientos años, el fundador de mi propia orden religiosa, San Francisco, puso nerviosos a muchos. Es la naturaleza humana. Lo que los lectores necesitan comprender es que los medios americanos juegan un rol muy grande al moldear las percepciones de este pontificado y no siempre están al servicio de la verdad.

Lo que algunos en los medios llaman el ala “conservadora” de la Iglesia en Estados Unidos es muy distinto a lo que puede significar “conservador” en otros lugares del mundo. En Estados Unidos la etiqueta de “conservador” se usa con frecuencia para menospreciar a los católicos comprometidos y fieles que apoyan el derecho de la Iglesia a la libertad religiosa y sus enseñanzas sobre el tema de la vida, el matrimonio y la familia.

Muchos católicos que están muy comprometidos en la ayuda a los pobres, sin embargo, también son etiquetados como “conservadores” simplemente porque acogen todas las enseñanzas impopulares de la Iglesia respecto a los temas morales. Estos católicos no están molestos con el Papa: eso sería una contradicción con sus propias creencias básicas, pero reaccionan a las noticias de los medios que crean la impresión de una revolución en la enseñanza católica.

Sin embargo, algunas personas en los medios y también dentro de la Iglesia sí quieren que esa revolución suceda. Creo que el Papa entiende la naturaleza del poder de los medios muy bien. En el libro Sobre el Cielo y la Tierra, el Santo Padre, entonces Arzobispo de Buenos Aires, habla de la forma en la que los medios suelen distorsionar su enseñanza sobre los valores morales dándoles un significado político partidista. También resalta que los medios suelen acomodar su cobertura a formas con las que traicionan sus propios prejuicios particulares, coberturas que favorecen o resaltan el conflicto en vez de la unidad. En ese libro él resume bien el problema de la parcialidad de los medios, una experiencia similar que muchos obispos de Estados Unidos comparten».

- ¿Es posible ser pro-vida y al mismo tiempo no pro-pobre? ¿Cree que el mensaje social del Papa Francisco, de acuerdo a toda la tradición de la Doctrina Social de la Iglesia Católica (expresada por ejemplo en la encíclica Quadragesimo anno de Pío XI, en la que el Papa Ratti hablaba sobre el “imperialismo internacional del dinero”) necesita ser más asimilada en la Iglesia norteamericana?
- He dicho muchas veces y en muchos años que, si ignoramos a los pobres, nos iremos al infierno, literalmente. Ignoramos las necesidades de los pobres al costo de nuestras propias almas. A menos que se impregne de una vigorosa fe religiosa, la cultura norteamericana se convierte muy fácilmente en egoísta e hipermaterialista. Esta es una paradoja porque los americanos son, al mismo tiempo, muy generosos. Generalmente son consideradores como líderes del mundo en encuestas sobre generosidad individual, en términos de tiempo y dinero donado a causas caritativas.

Muchos americanos católicos apoyan el mensaje del Papa Francisco sobre el tema de la pobreza. Cuando él subraya el sufrimiento del pobre, el Santo Padre no se refiere solo a las necesidades prácticas de la gente sobre la pobreza material sino a las necesidades morales de la gente que tiene pobreza espiritual. Entonces, para responder a su pregunta más directamente. No, no es posible ser pro-vida y al mismo tiempo olvidar el clamor de los pobres. Pero yo añadiría un pensamiento más: la Evangelium Vitae –“el Evangelio de la Vida”– es una encíclica tan social como la Quadragesimo Anno.

Defender al niño no nacido es parte vital de la doctrina social de la Iglesia. Y la doctrina social de la Iglesia está incompleta si no se trabaja activamente en defender al niño no nacido legalmente y en apoyar a las mujeres y a las familias marialmente. El niño no nacido es también parte de los pobres y con frecuencia de los más pobres y los más explotados entre los pobres. En Estados Unidos, en 2011, más de un millón de niños fueron abortados. En ese mismo espacio de tiempo, unas 3 mil personas murieron de desnutrición.

Cada una de estas muertes es una tragedia que exige nuestra atención y todos tenemos el deber de mirar más allá de nuestras fronteras nacionales hacia las necesidades de la justicia social globalmente. Pero en el contexto católico de Estados Unidos, se dan más de 300 veces más muertes cada año a causa del aborto que del hambre. Por eso el aborto y otros temas sobre la “santidad de la vida” tienen tanta importancia en mi país.

- ¿Cómo están viviendo en su experiencia pastoral en Filadelfia la enseñanza de Francisco sobre la necesidad de ir a las periferias geográficas y existenciales?
- El Papa Francisco habla sobre estos temas de manera fresca y ganadora, libre de miedos, lo que ayuda a los católicos a ver el mundo con nuevos ojos, pero el mensaje básico no es nuevo, es el mismo Evangelio predicado por todos sus predecesores.

Durante 200 años la Iglesia en Filadelfia ha estado sirviendo a los pobres de muchísimas formas diferentes –educación, nutrición, servicio a los mendigos, los ancianos, los discapacitados– y estos ministerios han transformado, para bien, cientos de miles de vidas.

Sé que siempre podemos hacer mejor la obra del Evangelio y por ello necesitamos examinar constantemente nuestras acciones para asegurar que nunca enfriemos nuestro celo o nuestra efectividad. La justicia con la inmigración es especialmente importante para los millones de inmigrantes indocumentados e invisibles en mi país y muchos de ellos son católicos. Si bien necesitamos trabajar más duro para servir a las necesidades de los marginados, también necesitamos tomar nuevas fuerzas del buen trabajo que ya hemos realizado.

La Iglesia en Filadelfia ha llegado a la gente marginada desde hace buen tiempo. Nuestra gente tiene un corazón generoso y eso no va a cambiar. Creo que el Santo Padre verá eso cuando nos visite. Y sé que será recibido cálidamente y será muy querido por la Iglesia y la ciudad que lo acogerá aquí.
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