Martes, 11 de agosto de 2020

Religión en Libertad

Congreso Lo Que de Verdad Importa

Lopez Lomong, de niño soldado en Sudán a olímpico en EEUU, contó su historia de superación en Madrid

Lopez Lomong, en el centro, es un corredor de nivel olímpico, que ha visto a Dios en su vida
Lopez Lomong, en el centro, es un corredor de nivel olímpico, que ha visto a Dios en su vida

ReL

La edición madrileña de 2014 del Congreso Lo que De Verdad Importa (www.loquedeverdadimporta.org) se celebró en Madrid este fin de semana con historias de coraje y superación.

Una de ellas fue la de Lopez Lomong, un atleta olímpico norteamericano que fue niño-soldado en Sudán.

El viernes 21 de noviembre en el Palacio Municipal de Congresos de Madrid casi 2.000 jóvenes escucharon su la impactante historia de Lopepe (Lopez) Lomong, un testimonio que él ha contado con detalle, fe y emoción en un libro (en español, Correr para vivir, de Ediciones Palabra).

Su odisea comenzó cuando, estando en Misa con su familia, en una aldea de lo que hoy es Sudán del Sur, un grupo de guerrilleros irrumpió violentamente en el templo y se llevó a varios pequeños, entre ellos Lopepe (Lopez es un sobrenombre), que tenía 6 años.

En el contexto de la guerra civil sudanesa, el pequeño fue reclutado a la fuerza para ser niño soldado. Su familia lo dio por muerto.

Casi murió en su cautiverio, pero consiguió escapar. Durante diez años estuvo en un campo de refugiados cerca de Nairobi antes de ser trasladado a EEUU. Allí fue adoptado por una familia cristiana y generosa.

A día de hoy es un conocido atleta estadounidense. En 2008 fue el abanderado de la delegación de Estados Unidos durante los Juegos Olímpicos.

Cuando en “Correr para vivir” relata su peripecia vital siempre deja claro que la mano de Dios estaba detrás.

Tras ser arrebatado de los brazos de su madre y conducido junto con otros niños a un campo rebelde de prisioneros, permaneció tres semanas cautivo en un barracón, sin luz ni aseos, prácticamente sin alimentos y tiritando de frío durante las noches. Cada mañana, al levantarse, veía cómo algunos de sus compañeros amanecían muertos.

Una noche, aprovechando un descuido de los vigilantes, se escapó junto con tres amigos, a quienes consideraba “ángeles del Cielo”.

“Me acordé de la historia que cuentan los Hechos de los Apóstoles, cuando los ángeles liberan a san Pedro de la prisión en mitad de la noche. Dios hizo lo mismo conmigo y mis tres ángeles”, dice en Correr para vivir.

Una vez libres, los cuatro corrieron sin parar tres días por la sabana africana. Sin saberlo, llegaron a la frontera con Kenia.

Una comida al día con los refugiados
Los soldados les llevaron a un campo de refugiados, Kakuma, dependiente del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR), donde vivían cien mil personas.

El pequeño vivió en Kakuma, sin contacto con su familia, durante diez años. Sólo recibía una comida al día, excepción hecha de las sobras de la comida que cogía de lo que los trabajadores de la ONU arrojaban a la basura.

El fútbol, las carreras y la asistencia a la iglesia católica del campo de refugiados se convirtieron en sus principales ocupaciones durante aquellos años.

Un día, en el año 2000, acudió a una granja para ver por televisión las Olimpiadas. Al ver competir al velocista Michael Johnson, López se marcó un sueño: ser campeón olímpico, como él.

Un domingo, el sacerdote anunció que Estados Unidos iba a reubicar a 3.500 niños perdidos sudaneses en familias norteamericanas.

Había que elaborar una redacción en inglés contando la historia vital propia. A pesar de su escaso inglés, con ayuda de sus compañeros, logró elaborar su redacción y, meses después, resultó seleccionado para ser acogido por una familia de Siracusa (Nueva York).



El asombro de vivir en América
Tras un viaje sorprendente para él, Lopepe llegó a América y se situó en una familia formidable. Todo le dejaba con la boca abierta. Pero, a sus 16 años, tuvo que habituarse a las costumbres del lugar: al principio, por ejemplo, se duchaba con agua helada porque no sabía que con tan solo girar el grifo salía agua caliente.

Gracias al apoyo de su nueva familia, Lomong pudo alcanzar sus sueños. Le ayudaron a entrenar y, después de una larga y esforzada preparación, pudo convertirse en atleta profesional, y, como en su sueño, competir en las olimpiadas de Pekín 2008 y en Londres 2012.

Su padre pudo destruir la tumba que le dedicó
El atleta también ha podido reencontrarse con sus padres biológicos y regresar a su pueblo natal, donde fue recibido con grandes festejos.

Su padre pudo destruir la tumba que le había cavado años atrás, dándole por muerto.

Según asegura Lopepe, “Dios ha estado conmigo incluso en las experiencias más traumáticas de mi vida, guiándome para que me convirtiera en la mejor persona que pudiera llegar a ser. Él todavía me guía para que aspire a más y ayude a la gente de mi país que no pudo conseguir las mismas oportunidades que yo”, explica. Ha creado una fundación para ayudar a la gente de su tierra, Sudán del Sur.

FICHA TÉCNICA  COMPRA ONLINE
Título: Correr para vivir.
De los campos de Sudán
a las Olimpiadas
Ocio Hispano
Autor: López Lomong  
Editorial: Palabra  
Páginas: 304 páginas  
Precio 16,00 €

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