Viernes, 18 de octubre de 2019

Religión en Libertad

Sara pertenece a una nueva comunidad que es apostólica y contemplativa

De joven se alejó de Dios, pero volvió gracias a una enfermedad: dejó novio y trabajo para ser monja

Elvira y Sara estudian en estos momentos en la Universidad de la Santa Cruz de Roma para formarse mejor para su misión
Elvira y Sara estudian en estos momentos en la Universidad de la Santa Cruz de Roma para formarse mejor para su misión

Javier Lozano / ReL

Sara Catalina Betancur Marín y Elvira Arango Garcés son dos religiosas colombianas de la Comunidad de las Hijas del Fiat, fundada en 1996 con una vida apostólica y contemplativa. El espíritu misionero es fundamental para estas religiosas cuyo fin es la evangelización.

Ambas se encuentran en estos momentos estudiando en Roma con Sara cursando el Bachillerato en Teología y Elvira Derecho Canónico, como una ayuda concreta a su misión. Esto ha sido posible gracias a las becas del Centro Académico Romano Fundación (CARF) por lo que ambas han podido trasladarse a Europa para completar su formación.

Un alejamiento de Dios

La de Elvira es la historia de una joven que se alejó completamente de la fe de su infancia y que se agarró nuevamente a Dios a raíz de un grave sufrimiento en su familia. “Vengo de una familia católica, pero no particularmente practicante”, explica. De niña asistió a un colegio religioso e iba a misa los domingos, pero con el tiempo cada miembro de la familia decidió vivir la fe a su manera. Confiesa que “yo decidí vivir la mía como lo hace la mayoría, sabiendo que Dios existe pero teniéndolo al margen de todo”.

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El inicio de la universidad no ayudó en su fe, al contrario. Elvira asegura que era una universidad publica en la que se fomentaba el ateísmo, lo que acabó produciendo en ella “un distanciamiento más profundo con mi fe”. Esto se tradujo –señala esta joven religiosa- “en una pérdida del sentido de la vida”.

La enfermedad de su madre

Pero uno de los elementos claves que propiciarían posteriormente su vuelta a la fe fue cuando a su madre le diagnosticaron una enfermedad neurodegenerativa. “Comenzamos a buscar diferentes maneras de afrontar la situación, medicina tradicional, medicina alternativa y, finalmente, buscamos ayuda espiritual. Ese fue mi momento para volver a Dios”, confiesa Elvira.

Curiosamente, afirma que aquellos que la evangelizaron en aquel momento eran “cristianos no católicos”. Pese a ello, respetaron el hecho de que fuera católica y la invitaron a vivir su fe con “excelencia”. Esto despertó en ella el deseo de aprender sobre la Iglesia y de empezar a vivir una vida seria y sacramental.

La llamada para entregarse totalmente a Dios

“Comencé a asistir a Misa diaria con mi novio, que era católico practicante y que fue de gran ayuda en todo este proceso. Poco a poco me fui adentrando en una vida de oración, de búsqueda constante de la presencia de Dios y de evangelización, ya que nació en mí el fuerte deseo de que todos experimentaran lo que yo, que se acercaran a Dios, que pudieran encontrar esa paz que hacía desaparecer la tristeza y esa sensación constante de vacío y sin sentido”, cuenta esta religiosa.

El hecho de llevar una vida de fe de esta manera fue transformando su interior. De hecho, Elvira señala que “en el silencio de la oración volví a escuchar la voz de Dios que me llamaba a unirme a Él de una manera más plena”.

Su respuesta no fue inmediata sino que asegura que hizo esperar al Señor “hasta terminar mis estudios de postgrado e, incluso, haber cumplido cierto tiempo de experiencia profesional, terminar mi noviazgo no fue tampoco algo fácil pero, finalmente, con el valor y la gracia que sólo Dios puede dar, fui capaz de dejar todo atrás e iniciar un camino de unión perfecta con Él”.

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Ahora, tanto Sara como Elvira tienen como objetivo esencial “adquirir una formación integral que después pondremos al servicio de la comunidad en la formación de sus miembros, en nuestros apostolados y en aquello que nos solicite la Iglesia”.

"Una evangelización dinámica"

Cuando acaben sus estudios en la Universidad de la Santa Cruz gracias a la beca de CARF ambas volverán a Colombia. Sobre su país, aseguran que “es paradójico, rico y a la vez pobre, piadoso y a la vez violento, un país tradicionalmente católico, pero en ocasiones esa fe es superficial, se debe entonces profundizar y evitar una religiosidad que no transforma estructuras. El gran desafío es que, sin renunciar a esa tradición y a esa riqueza, se ofrezca una profunda vida espiritual hoy, que permee la familia, la vida pública, las instituciones, que sea coherente y dé una consistencia verdaderamente cristiana”.

Además, agregan que “a nivel religioso se vive un contraste entre una Iglesia vital, con muchos agentes de pastoral y con una vida religiosa muy bien establecida y la proliferación de grupos religiosos no católicos, anti-cristianos e, incluso fuertemente contrarios a la fe”.

De este modo, estas dos religiosas añaden que “vivimos facetas contradictorias, estamos en la realidad del primer mundo sin pertenecer al mismo. La tecnología y la globalización han traído todos los retos del mundo actual y esto requiere una evangelización dinámica, presente en los medios, que llegue a un gran número de jóvenes, con nuevos lenguajes, pero sin perder la originalidad y los contenidos más profundos de la fe”.

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