Jueves, 19 de septiembre de 2019

Religión en Libertad

El benedictino Óscar Jaunsaras fue una vocación tardía, pero al fin encontró su lugar

Vividor y viajero empedernido, acudió vacío a Leyre pero huyó a Brasil: hoy es prior del monasterio

Óscar ingresó en el monasterio benedictino de Leyre cuando tenía 38 años  /Diario de Navarra
Óscar ingresó en el monasterio benedictino de Leyre cuando tenía 38 años /Diario de Navarra

Javier Lozano / ReL

Fray Óscar Jaunsaras hoy es un monje benedictino que dedica su vida al ora et labora que promulgó San Benito. Es prior y ecónomo de una comunidad de más de 20 frailes del monasterio de Leyre, un lugar de una belleza singular y de gran historia situado en Navarra.

A este lugar al que se puede asistir a alguno de los rezos cantados en gregoriano con los monjes llegó ya bien entrada la vida adulta Óscar, que se puede definir como una vocación tardía, y cuya vida hasta ese momento en nada se parecía a la vocación que acabaría llenando su alma.

Un vividor que no llenaba su vacío

Antes de llegar al monasterio de Leyre, este navarro nacido en 1955 era lo que se puede definir como un “vividor”. Le gustaba disfrutar de la vida, viajar por el mundo todo el tiempo, ir de aquí para allá y exprimir todos los momentos. Pero no era feliz. “Eran años en los que sabía que buscaba algo pero que nunca conseguía encontrar”, explicaba el ahora prior benedictino.

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En su vida no había nada permanente. Buscaba ese ‘algo’ que le llenara y para ello comenzó estudios de Medicina, Empresariales, Psicología y hasta Informática. Creía que lo había encontrado cuando probó con el diseño de interiores y acabó los cinco años de estudios. Montó su empresa con dos amigos, aunque admite que nunca fue una persona que trabajara por necesidad pues tenía dinero para vivir holgadamente. “Aceptaba proyectos por gusto; para intentar llenar un vacío que sentía desde hacía años y que no conseguía llenar con nada”, relataba a Stolperstein.

El accidente que le hizo parar y reflexionar

Tampoco el recorrer el mundo, y ser un viajero empedernido, le hizo encontrar ese sentido. Y así llegó a los 35 años cuando paseando por el monte en Etxauri, su localidad natal, se rompió el tobillo, y los médicos le obligaron a hacer dos meses de reposo.

“En ese tiempo me di cuenta de que el mundo no se detenía aunque yo parara, y pensé: cuando pueda caminar, iré unos días a Leyre”, confesaba al Diario de Navarra. Al final decidió ir al monasterio una semana para alojarse en la hospedería y reflexionar sobre su vida.

Su ida y huida de Leyre

Al segundo día Óscar salió huyendo de Leyre debido al frío que pasaba y horrorizado de ver cómo los monjes aguantaban esas temperaturas que para él eran claramente inhumanas. “Era diciembre de 1990, y la Navidad la pasé en Río de Janeiro, una ciudad que me gustaba mucho, con las playas de Ipanema o Copacabana, y visitaba a menudo”.

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Ahora recuerda sonriendo aquel momento en el que huyó del monasterio debido al frío. Pero fue años después, en 1993, y de nuevo en Río de Janeiro donde sintió de nuevo una llamada a volver a aquel monasterio benedictino del que salió despavorido. Él mismo cree que fue algo puramente intelectual, una atracción a volver a aquel lugar.

Su vuelta al monasterio

Esta segunda estancia fue definitivamente diferente a la primera. No estaba convencido de lo que hacía pero algo en su interior le invitaba a llamar a la puerta de este monasterio benedictino.  “Yo tenía claro que podía ser para siempre o para tres días, como me había pasado la última vez”, cuenta.

Sin embargo, al final se lanzó, llamó a la puerta, habló con el maestro de novicios y en julio comenzó a vivir y a formarse en el monasterio. Años después fue consciente de que todo esto fue providencial puesto que su caso fue totalmente inusual ya que los novicios no son aceptados hasta el mes de octubre.

Durante los primeros años residió en una zona reservada para el noviciado, pues “los novicios llevan un ritmo totalmente distinto al resto. Sólo coincide con los demás en las comidas y en los rezos”. Estos fueron años en los que además de limpiar mucho, realizar otro tipo de tareas y formarse, pudo ir profundizando su relación con Dios, encontrando por fin la paz que durante años buscaba viajando por el mundo y saltando de una actividad a otra.

Una vida plena

En este más de medio siglo que lleva en Leyre y donde actualmente es la mano derecha del abad, fray Óscar ha hecho de todo: “Jardines, elaborar iconos, atender el noviciado… siempre en una vida de oración, trabajo y de formación, en el sacerdocio, además de filosofía o teología".

La vida en Leyre comienza  a las 5.30 de la mañana todos los días del año, y a las 10 cada uno de ellos se retira a su celda. En ella –afirma Óscar- se produce “el mejor momento del día para la lectura, la oración, la reflexión…”.

Echando la vista atrás, este benedictino recuerda que “de los 18 a los 38 años fui un francotirador. Mi madre se fue pensando que dejaba un pirata en el mundo”. Pero sabe que sus padres estarán encantados con el giro que dio su vida.

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