Religión en Libertad

Las monjas de Toledo que rescatan un conejo en extinción «Made in Spain»

Sor Cristina y sus hermanas trabajan para mantener intacto el patrimonio genético de esta especie histórica.

En las instalaciones del convento viven 36 animales —20 hembras y 16 machos—.Diputación de Toledo / SER

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En el monasterio toledano de San Antonio de Padua no solo se preparan dulces ni se elaboran helados tradicionales. Tras la clausura se desarrolla una labor inesperada: la protección de una especie histórica, el conejo gigante español

Al frente de esta tarea se encuentra sor Cristina Peset, una religiosa que descubrió su vocación ganadera con el paso de los años. El portal HuffPost cuenta su historia.

Un proyecto familiar

Sor Cristina explica que supo que esta raza estaba al borde de desaparecer y aquello la impulsó a iniciar un proyecto que comenzó como algo familiar hace treinta años y que hoy se ha convertido en una de las iniciativas de conservación más destacadas del país.

Desde comienzos de año, las once hermanas de clausura colaboran con un programa de la Universidad Complutense destinado a evitar la consanguinidad y a mantener intacto el patrimonio genético del gigante español

La urgencia es evidente: el Ministerio de Agricultura registró en 2024 únicamente 67 hembras puras en toda España.

En las instalaciones del convento viven 36 animales —20 hembras y 16 machos—, lo que convierte al monasterio en uno de los principales núcleos de conservación de esta raza.

Convento de San Antonio de Padua de Toledo.archivo

La historia se remonta a tres décadas atrás, cuando los padres de Sor Cristina, nacida en Albacete y con raíces valencianas, le regalaron una pareja de conejos

"En mi casa siempre hubo gigantes españoles; Valencia es su origen", recuerda. Con el tiempo, la cría fue creciendo, hasta que descubrir el riesgo de extinción transformó una costumbre familiar en una misión de preservación.

El convento dispone de un espacio exclusivo para los animales, equipado con sistemas de refrigeración que mantienen la temperatura entre 16 y 23 grados, algo esencial para estimular el celo y asegurar la reproducción.

El coste anual de la cría oscila entre 6.000 y 7.000 euros, una cifra elevada para una comunidad de clausura. Las hermanas se sostienen gracias a donaciones y a una ayuda reciente de 3.000 euros de la Diputación de Toledo para renovar parte de las instalaciones.

Tres religiosas —entre ellas Sor Cristina— se ocupan diariamente de la granja. La alimentación sigue métodos tradicionales: poco pienso y una dieta basada en heno, cebada y algo de maíz en los meses fríos. "La fibra es clave para evitar problemas como la basquilla", señala.

La limpieza es constante: cada dos días se retiran los excrementos y una vez por semana se desinfecta la nave. El objetivo es que los gazapos lleguen al destete en buenas condiciones, algo crucial si se tiene en cuenta que una camada puede alcanzar las 21 crías.

El gigante español procede del cruce entre el conejo de Flandes, el berlier y el lebrel español. Puede alcanzar casi un metro de longitud y llegar a los nueve kilos de peso. Sus orejas anchas y alargadas lo hacen inconfundible.

Durante buena parte del siglo XX fue habitual en los corrales de muchas casas. "Es un animal que ha aportado mucho a nuestra cultura", afirma Sor Cristina.

Las monjas solo tienen permiso para criar y estudiar la raza. No pueden vender carne a gran escala, ya que necesitarían un matadero propio y permisos específicos. Algunos ejemplares que no se destinan a reproducción o concursos terminan en la cocina del convento. "Su carne es extraordinaria, nada que ver con la de granja", comenta la religiosa.

Además de la cría, las hermanas elaboran productos artesanos que venden principalmente a visitantes. También envían animales a distintos puntos del país y participan en ferias de cunicultura, donde han recibido varios reconocimientos.

Sor Cristina, no obstante, lanza una advertencia: "En España estamos dejando perder un patrimonio ganadero enorme". Considera que existe poca sensibilidad hacia las razas autóctonas y reclama más apoyo institucional.

Pide que se faciliten los trámites y se ofrezcan ayudas a quienes quieran criar esta raza en sus hogares. "Aunque para nosotras suponga un esfuerzo económico, lo hacemos con gusto y con mucho cariño", asegura.

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