Martes, 01 de diciembre de 2020

Religión en Libertad

«Dios no niega hijos, Dios no negocia su paternidad», afirma el Papa Francisco en su homilía

«Dios no niega hijos, Dios no negocia su paternidad», afirma el Papa Francisco en su homilía
El Papa Francisco habló de la paternidad de Dios y del amor por el hombre / Vatican Media

ReL

El Papa Francisco celebró este martes misa en la Casa Santa Marta y en su homilía habló de la paternidad de Dios en los momentos más complicado de la vida de las personas recordando que Él “nunca niega su paternidad”.

De este modo, el Santo Padre explicó que “nos hará bien en los malos momentos de nuestra vida -todos tenemos- momentos de pecado, momentos de alejamiento de Dios, el escuchar esta voz en el corazón: ‘hijo mío, hija mía, ¿qué estás haciendo? No te suicides, por favor. Morí por ti’”.

Escuchar a Dios en el momento de la tentación

Por ello, Francisco recordó el momento en el que Jesús lloró en Jerusalén porque “no dejamos que Él nos ame”. Ante esto, el Papa animó a que “en el momento de la tentación, en el momento del pecado, en el momento en que nos alejamos de Dios, tratemos de escuchar esta voz: hijo mío, hija mía, ¿por qué?”.

También recordó las lágrimas del Rey David por su hijo Absalón que recoge el segundo libro de Samuel. El Rey lloraba por la pérdida de un hijo que le había negado, perseguido, insultado. Pero David –agrega el Papa- solamente decía: “hijo mío, hijo mío, hijo mío” mientras lloraba.

“Este llanto de David es un hecho histórico, pero también es una profecía. Nos muestra el corazón de Dios, lo que el Señor hace con nosotros cuando nos alejamos de Él, lo que hace el Señor cuando nos destruimos con el pecado, desorientados, perdidos. El Señor es padre y nunca niega esta paternidad: hijo mío, hijo mío”, explicó.

El amor inmenso del Padre

Este llanto se ve hoy al ir a confesar los pecados, porque no es como “ir a la tintorería” a quitar una mancha, sino a “ir del padre que llora por mí, porque es padre”. Por último, el Pontífice explicó que así como David hubiera querido morir en lugar de su hijo, en Dios “se hace realidad” al haber dado la vida en la Cruz por nosotros.

“Es tan grande el amor de padre que Dios tiene por nosotros que murió en nuestro lugar. Se hizo hombre y murió por nosotros. Cuando miramos el crucifijo, pensemos en esto ‘hubiera muerto en lugar de ti’. Y escuchemos la voz del padre que en el hijo nos dice: ‘hijo mío, hijo mío’. Dios no niega hijos, Dios no negocia su paternidad”, concluyó.

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