Sábado, 07 de diciembre de 2019

Religión en Libertad

Nicolás Steno, el padre de la Geología


por Ignacio del Villar

Opinión

Tal día como hoy, el 25 de noviembre de 1686, fallecía Nicolás Steno, científico danés del siglo XVII al que se le considera como el padre de la geología y la estratigrafía.

Nicolás Steno (Niels Stensen o Steensen, 1638-1886), en un retrato de Justus Sustermans pintado entre 1666 y 1677 que se conserva en la Galeria degli Uffizi de Florencia. Fuente: Wikimedia.

Durante los primeros años de su carrera como investigador, Steno se granjeó rápidamente el respeto por parte de los científicos de toda Europa. En poco tiempo descubrió el ductus Stenonianus (un canal por el que las glándulas submandibulares segregan saliva), el recorrido de los vasos linfáticos y de la leche materna, las glándulas de la nariz y las lacrimales. A esto cabe añadir su habilidad como orador, pues en un periódico parisino se decía de él que “lo expone todo de una manera tan vívida que obliga a uno a convencerse, y solo queda preguntarse por qué se les ha escapado eso a todos los anatomistas anteriores”. Además fue capaz de desterrar, mediante un modelo geométrico que aún se usa hoy en biomecánica, el mito de que los músculos se inflan durante la contracción por efecto de una sustancia.

También resultan dignas de mención sus minuciosas descripciones de enfermedades como la tetralogía Fallot o de la hidrocefalia, llegando a señalar en esta última los efectos de la hipertensión intracraneal en las paredes ventriculares de los surcos cerebrales.

Hidrocefalia en un becerro, dibujada por la archiduquesa Ana en una carta a su hermano. Fuente: Niels Stensen (1638-1686): Scientist, Neuroanatomist, and Saint.

Otro magnífico legado de Steno fue su Discurso sobre la anatomía del cerebro, donde desmontaba diversas leyendas, entre ellas una que sostenía Descartes consistente en ubicar el alma en la glándula pineal, que se retuerce y gira como respuesta a las exigencias del alma, y que mediante este movimiento tira de los hilos que gobiernan las partes del cuerpo.

En el año 1666 Steno se acercó a la localidad italiana de Livorno para contemplar un enorme tiburón que habían capturado los lugareños. Pesaba más de 1200 kilos. El mago del bisturí no pudo resistirse ante un animal de tamaño tan descomunal. Lo diseccionó y se detuvo en los dientes.

Tiburón gigante, dibujo en Elementorum myologiae specimen (1669). Fuente: Wikimedia.

Le recordó algo que había observado en el pasado; las glossopetrae, un tipo de piedras enterradas en las cumbres de las montañas. Steno se convenció de que estas últimas podían ser dientes de tiburón fosilizados. Poco después fue analizando las rocas y los estratos de las montañas y así se fue dando cuenta de que ya no hacía falta recurrir a documentos históricos o a la Biblia para comprender la formación de la Tierra. Todo estaba ya en manos de una nueva ciencia, la geología, que acababa de fundar un hombre visionario.

Los resultados y conclusiones que obtuvo los publicó en el año 1669, en su obra magna De solido, de la cual se cumplen ahora 350 años. Allí propuso la teoría de los estratos, basada en una serie de principios que, siglos después, se mantienen como base de la estratigrafía:

1. El principio de superposición: en un grupo de capas sedimentarias dispuestas una encima de la otra, la capa inferior se depositó primero y la superior se depositó en último lugar (esto permite saber que la capa inferior es la más antigua y la superior la más reciente).

2. El principio de la horizontalidad: más allá de la orientación actual de un estrato, asumiendo que nació como un depósito de agua (la fuente de los sedimentos es el agua), cualquier inclinación o pliegue es consecuencia de acontecimientos posteriores.

3. El principio de la continuidad lateral: siempre que se observen bordes desnudos en los estratos hay que, o bien buscar la continuación de estos estratos, o hallar otra sustancia sólida que ha retenido el material de los estratos y les ha impedido dispersarse.

El propio Nicolás Steno utilizó sus leyes para explicar algún caso práctico. En la Toscana vio una serie de etapas que describió mediante dibujos: primero la tierra se inunda, luego se seca y por último se curva y forma las montañas. Este proceso se vuelve a repetir hasta constituir un total de seis etapas.

Reconstrucción de la geología toscana por parte de Steno en Prodromus (1669). Fuente: History of Geology.

Los geólogos italianos modernos demostraron, varios siglos después, que la estructura de varios valles de la Toscana corresponde de manera asombrosa con las etapas de Steno.

En el mismo tratado también definió la ley de los ángulos constantes o ley de Steno, según la cual cada cristal tiene un ángulo bien definido que lo caracteriza. Además enunció varias tesis con las que se explica cómo se generan los cuerpos. Por ejemplo, si un cuerpo sólido se encuentra rodeado por otro cuerpo sólido, el primero en endurecerse es aquel que, al unirse ambos objetos, transfiere sus características superficiales al otro. A partir de este postulado se puede deducir la edad relativa de los fósiles, de los cristales y de la tierra que los rodea.

Tras publicar De Solido, Nicolas Steno contaba solo con treinta y un años. Tenía el mundo por delante. ¿Qué hizo después?

Steno ya llevaba varios años cuestionándose aspectos de su fe; él era luterano. En su mente puramente racional había cosas que no le cuadraban: “Estaba en Livorno por la fiesta del Corpus y entonces vi portar una hostia consagrada por toda la ciudad, con tal pompa y magnificencia que me vino el pensamiento: esa hostia consagrada ¿es un simple trozo de pan y los que le muestran tanta veneración son tontos, o de verdad es el cuerpo de Cristo y entonces por qué no lo venero yo mismo?”.

A continuación leyó con detenimiento la Biblia y los escritos de los padres de la Iglesia y llegó a esta conclusión: “Cuando me hube convencido y cerciorado de la verdad de la materia sobre la que hablaba, entonces ya no tuve dudas sobre mi deber de abandonar el credo luterano. Cuando una religión está confundida en un punto esencial de la fe, no puede ser de Dios, pues, por la fuerza de su sabiduría infinita, no puede estar equivocado”.

Poco tiempo después sería ordenado sacerdote, labor que todavía compaginó con sus investigaciones científicas. Pero más adelante, en vista de sus grandes dotes, lo nombraron obispo y ya únicamente se ocupó de las cosas de Dios.

Steno fue ordenado sacerdote en 1675 y obispo en 1677.

Con el tiempo la austeridad con que vivía el padre de la geología se hizo más patente: las ropas que llevaba eran casi andrajosas y llegó a vender su anillo de obispo y su crucifijo plata con el fin de donar dinero para obras de caridad. De noche dormía sentado en una silla o en un lecho de paja en el suelo, con la sola cobertura de una vieja sábana o una capa miserable. Eran sus posesiones, lo único que se llevaba cuando viajaba a misionar a otros lugares. Ni siquiera aceptaba que le dejaran unos guantes para protegerse del frío en invierno. Su figura también se había vuelto delgada y su cara pálida, pero se sentía tan feliz que solamente con mirarle a la cara se podía descubrir su gran bondad. Ya sus contemporáneos lo consideraban un santo. No se equivocaron; en 1988 el Papa Juan Pablo II lo beatificó. Así tenemos a un gran científico y santo a la vez, lo que demuestra que ciencia y fe pueden ser compatibles.

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