Domingo, 25 de octubre de 2020

Religión en Libertad

La alarma gay en los seminarios parte de Dublín


El arzobispo de Dublín, monseñor Diarmuid Martin, ha retirado a sus seminaristas del famoso seminario nacional de Maynooth a causa de la cultura gay que reina en esa institución.

por Riccardo Cascioli

Opinión

Una bomba que sacude la Iglesia irlandesa pero que debe abrir los ojos sobre la realidad gay entre los sacerdotes de toda la Iglesia católica. El clamoroso gesto del arzobispo de Dublín, monseñor Diarmuid Martin, que ha retirado a sus seminaristas del famoso seminario nacional de Maynooth a causa de la cultura gay que reina en esa institución, está destinado a provocar un terremoto en la Iglesia irlandesa.
 
Martin es, en efecto, uno de los cuatro obispos que forman parte de la junta directiva de Maynooth, un símbolo de la Iglesia irlandesa, un seminario fundado en 1795 y preparado para acoger 500 seminaristas. La crisis postconciliar y los graves escándalos de pedofilia que trastornaron la Iglesia irlandesa supusieron una disminución drástica de las vocaciones y actualmente hay unos sesenta seminaristas, número destinado a caer aún más cuando se reabra el seminario en septiembre. Además de los tres de la diócesis de Dublín, que serán enviados a estudiar al Colegio Irlandés de Roma, se habla de otros seis seminaristas que habrían decidido salir a causa del acoso sufrido.

Lo que provocó la decisión de monseñor Martin fue la certeza de una tendencia gay extendida en Maynooth, con varios estudiantes que utilizan Grindr, la más difundida aplicación gay internacional para chat y citas. Son muchas también las cartas anónimas de estudiantes que cuentan la situación y que padecen acoso. Ante las repetidas acusaciones y solicitaciones, monseñor Martin denunció la pasividad de los responsables del seminario, a quienes el mismo Martin había ofrecido el envío de personas expertas para comprobar las denuncias. En consecuencia, “en Maynooth hay un ambiente envenenado, no apropiado para los estudiantes”, y en adelante los seminaristas de la diócesis de Dublín irán a Roma.

Ya hay quien afirma que corren el riesgo de saltar de la sartén para caer en el fuego, aunque el Colegio Irlandés de Roma fue “limpiado” hace cinco años renovando a todos sus responsables tras una visita apostólica que había certificado acosos gay, y a la sombra del Vaticano no se andan con bromas en cuanto a las prácticas homosexuales entre sacerdotes y seminaristas; al menos el nuevo rector del Colegio Irlandés de Roma es un ex colaborador de monseñor Martin de quien el arzobispo de Dublín piensa que puede fiarse.
 
Para quien conoce la situación irlandesa, la decisión de Diarmuis Martin no es un rayo que aparece en un cielo sereno. Los comentarios sobre Maynooth existen desde hace décadas (muchos ya lo han rebautizado como Gaynooth), pero no se trata sólo de comentarios: en los años 80 fue clamoroso el caso del padre Gerard McGinnity, entonces decano de Maynooth, que denunció a siete obispos los abusos sexuales del joven candidato a la presidencia del colegio, monseñor Micheàl Ledwith. Tuvo lugar una investigación, pero las acusaciones no fueron probadas y el padre McGinnity fue obligado a dimitir y desterrado a un pequeño pueblo del norte, mientras monseñor Ledwith continuó en la carrera como presidente del colegio antes de renunciar de forma imprevista en 1994. En 2002 se supo que Ledwith había llegado a un acuerdo privado de compensación con un ex seminarista que le había acusado de abusos sexuales.

Maynooth volvió a ser centro de atención en 2010 cuando el Papa Benedicto XVI ordenó una visita apostólica a todos los seminarios de Irlanda tras el gravísimo escándalo de pedofilia. Por otro lado, sobre la mesa de las autoridades policiales está también la denuncia de un ex seminarista que ha denunciado graves abusos sexuales por parte de su propio director espiritual entre 2007 y 2009. En todo caso, el informe posterior a la visita apostólica nunca se hizo público, pero en 2011 se difundieron comentarios sobre un inminente cierre del colegio, con el traslado de todos los seminaristas al colegio irlandés de Roma. No se hizo nada, pero es inevitable que el proyecto vuelva a ponerse de actualidad.

Sin embargo, la iniciativa sólo puede partir de Roma, porque en Irlanda monseñor Martin está aislado, y no sólo por el problema del seminario: los otros tres obispos con poder ejecutivo en Maynooth (incluido el primado irlandés, Eamonn Martin, arzobispo de Aarmagh), así como otros obispos, han tomado posición a favor de los responsables del colegio. Sólo se tiene noticia de otro ordinario que se dispondría a retirar a sus seminaristas.

En cualquier caso, gracias al coraje del arzobispo de Dublín el nuevo escándalo irlandés saca de nuevo a la palestra el grave problema de la homosexualidad entre los sacerdotes, y no sólo en Irlanda. Y nos obliga a recordar esa verdad incómoda convertida en tabú, a saber, que el llamado “escándalo de pedofilia” en la Iglesia tiene mucho más que ver con la homosexualidad que con la pedofilia en sentido estricto.
 
En este sentido quisiera recordar la entrevista al psicoterapeuta Gerard van den Aardweg publicada en La Nuova Bussola Quotidiana, donde, comentando la profunda investigación sobre este fenómeno en Estados Unidos, explicaba: “El 82% de los presuntos abusos realizados entre 1950 y 2002 tenía como víctimas a varones, el 12% menores de 11 año y el 70% entre los 11 y los 17 años. Lo que quiere decir que la gran mayoría de los casos tiene que ver con una homosexualidad ‘ordinaria’. En general, los pedófilos no abusan de niños de su mismo sexo, y ciertamente tampoco los heterosexuales. Además, es innegable que una parte relevante de hombres con orientación homosexual se sienten atraídos por adolescentes y preadolescentes”.

Y comentando la drástica disminución de los casos de pedofilia después de los años 80, Van den Aardweg destacaba que no es que hubiese disminuido la tendencia homosexual entre los sacerdotes, sino que “la edad de las parejas sexuales de los seminaristas y sacerdotes homosexuales aumenta a medida que el comportamiento homosexual es tolerado y aceptado cada vez más abiertamente”.

No es pues sorprendente que, consolidado durante décadas, hoy pueda hablarse de un auténtico lobby gay que ha ganado posiciones importantes en la jerarquía de la Iglesia, tanto como para influir significativamente incluso en los recientes sínodos sobre la familia, y que con el pretexto de la acogida pretende claramente a cambiar de hecho la doctrina católica sobre el tema de la sexualidad.

Tampoco puede sorprender la conducta tan condescendiente de muchos obispos, entre ellos los italianos, hacia el reconocimiento legal de las uniones entre personas del mismo sexo: la defensa de la unicidad de la familia natural (fundada sobre el matrimonio entre un hombre y una mujer) es, en esta perspectiva, sólo una hoja de parra. En efecto, reivindicar la diversidad entre la familia natural y la unión homosexual no sirve para defender el matrimonio sino para legitimar esas uniones gay cuyo reconocimiento por parte del Estado es claramente contrario al Magisterio de la Iglesia (véase el documento de la Sagrada Congregación para la Doctrina de la Fe sobre los proyectos de reconocimiento legal de las uniones entre personas homosexuales).
 
Hay que hacer una última consideración sobre la relación entre la tolerancia (o incluso la promoción) de los comportamientos homosexuales y la desviación respecto al Magisterio. Maynooth es conocido no sólo por la cultura gay que lo anima, sino también por sus tendencias progresistas en teología, sobre todo en materia moral. Son innumerables los casos de seminaristas que han sido “bloqueados” durante años por su presunta “rigidez doctrinal”, esto es, porque eran fieles a lo que la Iglesia ha enseñado a lo largo de dos mil años. Es lo que, lamentablemente, sucede en muchos otros seminarios y congregaciones religiosas, otro signo de la grave situación existente en la Iglesia. Vocaciones auténticas al sacerdocio son quemadas por depredadores sexuales o maestros del relativismo teológico que se enseñorean de los seminarios, y no sólo de los seminarios. Es escandaloso que por una parte se lamente la disminución de las vocaciones y por otra se destruya a quienes son llamados.
 
En este sentido, la iniciativa del obispo Diarmiud Martin debería ser considerada un grito de alarma para que alguien en Roma intervenga y reconduzca muchos colegios y seminarios, y no sólo Maynooth, a la finalidad para la cual fueron instituidos. Que la coincidencia hoy de la festividad del santo sacerdote San Juan María Vianney, el Santo Cura de Ars, nos recuerde a todos la belleza y la gracia de la vocación sacerdotal.

Artículo publicado en La Nuova Bussola Quotidiana.
Traducción de Carmelo López-Arias.
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