Joven madre, sanada tras ver la película «Gema Galgani», ponerse su reliquia y pedirle la curación
Diana quedó curada de una grave e inhabilitante lesión de muñeca tras siete meses de baja y a una semana de su operación quirúrgica.
Diana, junto con su esposo Jesús.
Hace siete meses, una amiga mía, joven madre de familia con dos niños pequeños a la que acompaño espiritualmente, sufrió una grave lesión de muñeca que la ha tenido de baja, y muy limitada, durante siete meses.
Estos meses ha necesitado mucha ayuda de su marido y de sus amigos para hacer muchas cosas por la limitación para poderlas hacer. Aunque había querido varias veces ver la película Gema Galgani, sólo lo consiguió el último día en que se proyectaba en Madrid.
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Ese día intervinieron el director y la actriz principal de la película. Al acabar la película ofrecieron la reliquia para venerar. La joven madre se acercó a la actriz para venerar la reliquia y pedirle que la curara. El director de la película se acercó a ella interesándose por su situación. Ella le dijo: “Yo quiero que Santa Gema me sane”. En ese momento tomó la reliquia y se la puso en su mano izquierda, donde tenía la lesión. Tres días después, cuando se quitó la férula, notó que su mano no le dolía, estaba curada.
He aquí el testimonio de su sanación:
Testimonio de Diana Romero
Mi nombre es Diana Romero. Soy colombiana, estoy casada con Jesús Gracia, de Zaragoza, soy fisioterapeuta y madre de dos hijos. Mi hija mayor tiene siete años y el pequeño dos.
El 28 de julio de 2025 sufrí una lesión en la muñeca. Tenía a mi bebé en brazos cuando de repente se lanzó bruscamente hacia atrás. Para evitar que se me cayera y se golpeara la cabeza, hice un mal movimiento con mi muñeca izquierda. Gracias a Dios conseguí sujetarlo, pero sentí un dolor muy intenso en la muñeca.
Fui a urgencias y me dijeron que se trataba de un esguince. En ese momento no me preocupé demasiado. Pensé que en unas tres semanas estaría recuperada. Sin embargo, el tiempo pasaba y el dolor no sólo no desaparecía, sino que cada vez era más fuerte y tenía mayor limitación en la movilidad de la muñeca.
Decidí acudir a un traumatólogo especialista en mano, que me mandó hacer una resonancia. El resultado mostró algo mucho más serio: tenía edema óseo y una rotura del fibrocartílago triangular, clasificada como Palmer tipo 2C, una lesión importante de la articulación. El traumatólogo fue claro: la solución era la cirugía.
En esta imagen con su marido Jesús puede apreciarse la mano protegida de Diana antes de su curación.
Como fisioterapeuta, mis manos son mi herramienta de trabajo. Por eso decidí pedir una segunda opinión médica a un traumatólogo de confianza. Este doctor me propuso intentar primero todo el tratamiento conservador posible, porque una vez que se entra en cirugía ya no hay vuelta atrás.
Durante meses llevé férula y realicé 20 sesiones de fisioterapia privada con tecnología avanzada, diseñada para favorecer la regeneración del cartílago. Como fisioterapeuta, estaba muy ilusionada con ese tratamiento y confiaba en que podría evitar la operación.
Pero la realidad fue muy distinta. Cuando terminé el tratamiento me hicieron otra resonancia para evaluar la evolución. La lesión no había mejorado. Al contrario, ya no era un Palmer 2C, sino un Palmer 2E, lo que significaba que la rotura del cartílago se había agravado.
Tras hablar con un cirujano especialista en este tipo de lesión, me dijo que la única opción que me quedaba era una cirugía de mano. La programamos para el 9 de marzo de 2026.
A partir de ese momento intenté prepararme psicológicamente. Pero tenía muchísimo miedo. Miedo a no poder volver a ejercer mi profesión, miedo a tener secuelas en la muñeca, miedo a pensar qué haría si no pudiera seguir siendo fisioterapeuta.
También tenía miedo a la anestesia. En mi primer parto se excedieron en la cantidad, viviendo una situación muy angustiosa en la que sentí que me iba a morir.
A todo esto, se sumaban otras preocupaciones. Tengo otra lesión en el pie, una lesión de Lisfranc, que probablemente también necesitará cirugía. Y en ese mismo tiempo a mi padre le habían diagnosticado cáncer, y estaba esperando pruebas para saber el alcance de la enfermedad.
Además, mi familia vive en Colombia y mi familia política en Zaragoza, por lo que me preocupaba mucho cómo organizar el postoperatorio teniendo un niño de dos años que depende de mí.
En medio de todas estas preocupaciones, una amiga me comentó que estaban proyectando en el cine la película sobre Santa Gema Galgani. No pude ir con ella el día de su cumpleaños, pero me quedé con la inquietud de verla.
En mi oración personal le decía a Santa Gema que me gustaría ver esa película. Pensaba que ya no estaba en cartelera, pero sentí en mi corazón mirar en los cines Cinesa. Así descubrí que aún se estaba proyectando la película, y decidí ir con dos amigas el domingo 22 de febrero.
Al terminar la película hubo un coloquio con los actores y el productor, algo que me sorprendió mucho. En ese momento comentaron que la actriz tenía una reliquia de Santa Gema.
Me acerqué a ella, le di un abrazo y me dejó tocar la reliquia de primer grado. La pasé por la férula de mi muñeca mientras repetía una oración muy sencilla:
- “Santa Gema, sáname. Santa Gema, sáname.”
En ese momento el productor me preguntó qué me ocurría. Le expliqué que en unos días me iban a operar de la mano. Él me respondió con naturalidad:
-Bueno, entonces con la cirugía te sanarás.
Y yo le contesté algo que salió de lo más profundo de mi corazón:
-Yo quiero que Santa Gema me sane.
Diana, con una imagen de Santa Gema Galgani (1878-1903), beatificada en 1933 y canonizada en 1940.
Mientras seguía rezando, comencé a sentir un latido muy fuerte en el corazón, como una fuerza interior muy grande.
Al día siguiente me encontraba afónica y con gripe, así que estuve dos días en reposo. Al tercer día me sentía mejor. Cuando fui a lavarme las manos me quité la férula y empecé a notar algo diferente: la mano estaba muy ligera, muy suave.
De repente me di cuenta de algo sorprendente: no me dolía.
Comencé a mover la muñeca en todas las direcciones. Flexión, extensión, rotaciones… No sentía dolor. Estuve aproximadamente una hora y media moviendo la mano sin poder creer lo que estaba pasando. No dejaba de dar gracias sin parar a Jesús y a Santa Gema por lo que estaba viendo. Me sentía en shock. El asombro, el agradecimiento, y la alegría me invadieron.
Conseguí una cita con el cirujano el 3 de marzo para que me revisara antes de la operación. Y efectivamente, el doctor, tras examinar mi mano, igual que lo había hecho un mes antes, me confirmó que la muñeca estaba estable, no había dolor y los rangos de movilidad eran completos, por lo que anuló la cirugía que estaba programada.
Como fisioterapeuta, aquello me impresionó muchísimo. Después de tantos meses con la mano inmovilizada, lo normal habría sido encontrar rigidez y limitación. Sin embargo, no había dolor y la movilidad era completa.
Para gloria de Dios, Jesús me ha sanado por intercesión de Santa Gema Galgani.
Dios hace posible lo imposible, y Él, como Padre, espera de nosotros que confiemos en Él.
Cree en un Dios grande… y verás cosas grandes.