Religión en Libertad

Creado:

Actualizado:

«Sed perfectos como vuestro Padre celestial es perfecto» (Mt.5, 48).


Todos los cristianos independientemente de nuestra vocación a la que hemos sido llamados, por el Señor, en nuestra vida, estamos llamados a ser santos. Algunos han sido y serán, «subidos a los altares», reconocidos por la Iglesia como ejemplos modélicos de vida cristiana, porque han vivido en su vida a la perfección «las Bienaventuranzas» (Mt. 5,112).


El Beato Hno. Francisco Gárate, fue fiel al Señor en su vocación, a la que fue llamado, siendo la máxima en su vida el «Sermón de la Montaña». Estoy seguro que tropiezos y dificultades no le faltaron, pero su fe y confianza en Aquel que le había llamado era muy superior a todas las piedras que se encontró a lo largo de su vida.


Más de la mitad de su vida religiosa como jesuita, la pasó sirviendo en la portería de la «Universidad de Deusto» en Bilbao, Universidad regentada por la Compañía de Jesús. Hombre poco docto en el saber que sin embargo supo saborear, gustar y poner en práctica las enseñanzas del único y verdadero Maestro: Jesús de Nazaret. La lección del Maestro, la hizo vida en su vida poniéndola en práctica. Puedo afirmar sin equivocarme, que Gárate fue uno, de tantos alumnos aventajados de Jesús de Nazaret.


Desde la portería de la Universidad de Deusto, lugar humilde y sencillo, tantas veces desapercibido para muchos que ocupan altos cargos en la vida social, el hermano pasó sus últimos 41 años. La amabilidad con la que recibía a todos en la portería de la Universidad no era sino el puro reflejo del amor gozoso con el que su espíritu recibía a Cristo, tanto es así que la fama de su santidad no tardó en extenderse entre los alumnos, profesores y entre los mismos miembros de la Compañía.


Su vida de trabajo, en la portería, estaba sostenida por la oración, auténtica oración basada en la confianza en Aquél que le llamó a la existencia y le amó sin medida. Para hacernos una pequeña idea de cómo era su vida espiritual recojo una frase que el a menudo solía repetir: «Buenamente hago lo que puedo, el resto lo hace el Señor, quien todo lo puede». Su vida interior se veía reflejada en su vida Eligió dormir en un cuarto sencillo, situado al lado de la portería, como sencilla era su oración y su vida entera. En la Universidad de Deusto, hoy día, podemos visitar su cuarto. En unas vitrinas podemos admirar sus objetos personales, gafas, sotana, libros, zapatos... en un pequeño rincón de la pequeña habitación se puede ver el pequeño rincón que le servía de capilla, donde pasaba largos ratos, cuando no tenía trabajo. Si alguien llamaba a la puerta, abandonaba la oración para atenderlo. En palabras de otro gran santo, Vicente de Paúl, a las Hijas de la Caridad es lo que llamaba el «dejar a Dios por Dios». Su caridad con los necesitados no se hacía esperar. Cuando un pobre llamaba a la puerta pidiendo algo para comer, él sin ningún tipo de miramientos se dirigía presuroso a la cocina para proporcionarle algo caliente que pudiera llevarse a la boca.


Su muerte fue tan silenciosa como su vida. En sus últimas horas de su vida, aún con dolores agudos, apenas se quejó y no perdió en ningún momento la sonrisa. Fallecíó el 9 de Septiembre de 1929, en el lugar donde pasó sus últimos 41 años, y fue allí donde empezó su camino a la casa del Padre Amoroso a los 72 años de edad.


El siervo de Dios, Juan Pablo II, declaró beato al siervo de Dios Francisco Garate el 6 de Octubre de 1985, exactamente 56 años después de su muerte.

Me gustaría terminar este artículo con un texto del Evangelio que resume muy bien la vida y buenas obras del beato Francisco Garate:


Entonces Jesús dijo: «Te doy gracias, Padre, Señor de cielo y tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos y se las has revelado a la gente sencilla. Sí, Padre, así te ha parecido mejor» (Mt.11,25-27).

Suscríbete

y recibe nuestras noticias directamente