Domingo, 15 de septiembre de 2019

Religión en Libertad

Los datos de Francia muestran una realidad de la que por seguridad se habla poco

«En Cristo hay amor»: casi el 10% de los adultos conversos llega del islam, muchos gracias a sueños

Cada año decenas de personas provenientes del islam se bautizan durante la Vigilia Pascual en Francia / Foto referencial
Cada año decenas de personas provenientes del islam se bautizan durante la Vigilia Pascual en Francia / Foto referencial

Javier Lozano / ReL

La conversión de musulmanes al catolicismo es una realidad, pero difícil de cuantificar en los países musulmanes pero también en otros lugares como Europa. Estos conversos pueden ser perseguidos y asesinados por su decisión, y en el mejor de los casos ser rechazados por sus propias familias. Por ello, existe una gran cautela en el seno de la Iglesia sobre esta cuestión.

Sin embargo, estas conversiones se dan y son cada vez más numerosas. Un ejemplo claro es el de Francia, con vínculos históricos con países de mayoría musulmana. En este país europeo sí hay estadísticas sobre el bautismo de personas que vienen del islam. Según los datos del servicio nacional de catequesis y catecumenado de la Conferencia Episcopal de Francia, en 2018 el 7% de los adultos que se bautizó en la pasada Vigilia Pascual provenían del ámbito musulmán. Esto supondría casi 300 personas de los 4.258 catecúmenos.

Pero a estas cifras habría que sumar los bautizados fuera de esta fecha y que reciben los sacramentos de una manera más discreta en las parroquias, lo que eleva considerablemente esta cifra.

Una realidad pequeña pero a tener muy en cuenta

Aunque sea una realidad casi marginal, es algo que existe y que según los datos va en aumento y no en disminución. Según los responsables de la Iglesia francesa para esta cuestión es algo “impresionante” pues todos los musulmanes que son recibidos en la Iglesia aseguran que en ella han descubierto la “libertad”.

El semanario Famille Chretienne ha publicado un especial sobre este tipo de conversiones y rescata algunos testimonios de personas que han llegado a la Iglesia, algunos jugándose la vida por ello o perdiendo el afecto de su entorno. Además, entran en los desafíos que se dan en la propia Iglesia con estas personas y los problemas que estos conversos luego viven ya en el seno del catolicismo.

Un elemento fascinante que se da en las conversiones de los musulmanes es el de los sueños. Tanto en países islámicos como en países cristianos abundan casos de conversiones iniciadas con sueños sobre Jesús, la Virgen o algún santo que les hace fijarse en la fe cristiana.

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El sueño de Farida que mostró a Cristo como el Mesías

Algo parecido es lo que vivió Farida en Francia. Esta francesa llegó con su familia desde el norte de África cuando tenía 4 años. Asegura que vivió su infancia “en una familia muy practicante, feliz y amorosa…”. Sin embargo, según fue creciendo empezó a cuestionarse su fe musulmana. Entonces su padre, al que estaba muy unida, falleció. En el tanatorio y frente al cuerpo de su padre ella le dijo: “Si el islam es la religión verdadera, ven y cuéntamelo”.

La noche siguiente Farida tuvo un sueño. “Vi a mi padre guiándome e invitándome a mirar hacia una fuente de luz. Él me dijo: ‘Jesús es el Mesías’”. Tras este suceso estuvo un tiempo preguntándose sobre la fe cristiana hasta que en su interior sintió una poderosa llamada a hablar con un sacerdote. Ahí empezó su proceso de conversión al catolicismo. “Un bautismo por inmersión. Era eso o nada. Quería a toda costa ser lavada de mi vida anterior”, cuenta

Y no ha sido sencillo dar ese paso. Esta conversa advierte que “no sé si se mide lo que significa para un musulmán abrazar otra religión, incluso en Francia. Hoy en día, soy considerada una traidora. Si algunas personas de mi familia se enteran de que me he convertido en cristiana, realmente podría preocuparme por mi seguridad”. A pesar de que, a tenor de su país de origen, sería “volver a la fe de sus ancestros”.

Fátima y su visión de Jesús

Otra conversa al catolicismo es Fátima, nacida y criada en los suburbios de París y de familia argelina. Para ella Jesús nunca fue alguien completamente extraño en su vida, pues desde pequeña le gustaba frecuentar un cementerio cercano a su casa. “Me parecía muy hermoso, había fotos de los muertos, flores y cruces. Vi el nombre de Jesús en todas partes… Y comencé a hablarle. Al final se hizo mi amigo. Un día, entré en una iglesia. Un sacerdote me preguntó qué estaba haciendo. Simplemente le expliqué que estaba hablando con mi ‘amigo imaginario’. Me dijo que estaba muy bien y que debía continuar”.

Pero cuando era adolescente tuvo que mudarse con su familia a Argelia. Allí descubrió una vida muy diferente a la que llevaba en Francia, y donde además era humillada constantemente. A Fátima le tocó trabajar duramente en la panadería abierta por su padre, incluso en pleno verano. “Estaba muy cansada y deprimida. No podía soportarlo más pero entonces era necesario limpiar el suelo. De repente, vi frente a mí los pies de un hombre, y ambos agujerados… No tuve miedo porque entendía que fue Él quien vino a mí. Jesús me pidió que fuera paciente”.

Tiempo después pudo volver a Francia y un día en una tienda perdió el conocimiento y se desplomó. “Sentía que me iba. Pero entonces oí una voz que me decía: ‘todavía no’. Era Jesús nuevamente delante de mí”.

El día que hizo la señal de la cruz

Un día yendo al hospital, Fátima vio una capilla y decidió entrar. No sabía las oraciones, pero asegura que se sintió acompañada durante todo el tiempo. “Al final hice la señal de la cruz. Me sentí muy bien”, recuerda.

A la salida se topó con un sacerdote católico. “Yo quería hablar de fe, pero temía que pensara que estaba loca. Me dejó sus datos y le devolví la llamada. Me invitó a una peregrinación. Fue durante el Ramadán, pero finalmente pude ir. ¡Era demasiado bueno para mí! Los peregrinos llevaban una gran cruz de madre y yo también quería portarla. Hablé largamente con uno de los sacerdotes de la peregrinación. Me hubiera gustado ser bautizada de inmediato pero al final comencé a recibir el Catecismo en 2017 en su parroquia”, explica.

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Los musulmanes que se convierten al cristianismo se pueden enfrentar al ostracismo y la persecución

"¡En Cristo hay tanto amor!"

En ese instante, Fátima cuenta que hizo su primera misión. En plena calle dio su testimonio a una mujer musulmana. “’¿Por qué te hiciste cristiana?’, me preguntó. Entonces le expliqué mi conversión: “¡En Cristo, hay tanto amor!”.

Este celo misionero no la ha abandonado pese a las dificultades que le puede generar, tanto fuera como dentro de la propia Iglesia. “Cerca de mi nueva casa, conocí a un sacerdote que me recibió bien. Pero cuando le expliqué que me iban a bautizar y que estaba dando testimonio abiertamente me dijo que era peligroso. Respondí rápidamente: ¡Si Jesús murió por nosotros, no podemos estar en silencio!”.

Conversión a la religión de María

También se dan casos como el de Mohamed, que se convirtió en su país, en el norte de África, y que ha tenido que huir a Francia para ser bautizado allí. Este hombre será católico en la próxima vigilia pascual. “Estoy esperando ese día, ¡entraré en una nueva vida como si fuera un bebé!”.

Se convirtió “a la religión de la Señora María” gracias al contacto con un vecino, que también se había convertido al cristianismo. “Dejó el Magreb un tiempo antes que yo y desde entonces no tengo contacto con él”.

Pero cuando se supo que creía en Cristo –explica- “mis vecinos comenzaron a decir que estaba saliendo con cristianos. De la noche a la mañana, ya no querían que sus hijos jugaran con mi hija. Mi esposa y mi familia me rechazaron, Mi padre me dijo: ¡Fuera de aquí!”. Así tuvo que abandonar su patria y llegar a “Francia para ser libre para caminar con Jesús”. En Pascua al fin lo será.

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