La fama como producto de consumo: de divas a la calle
Entre los "productos de consumo" que han desarrollado los medios de entretenimiento actuales (y favorecido también las redes sociales) está la fama. Big Brother masificó un nuevo modo de saltar del anonimato a una palestra donde las personas comunes cobraban cierta relevancia.
La fórmula no tardó en replicarse en diferentes países y al cabo de un tiempo el anónimato se hizo otra vez presente debido a la rapidez en que unas personas son sustituidas por otras en una sucesión de programas que, aunque cambien de nombre o en algunos detalles periféricos, tienen en los genes la misma raiz. El punto de partida del que se quería salir finalizó como puerta de salida.
Recientemente el diario español ABC dedicó un reportaje a celebridades que han terminado en el polo opuesto a esa clasificación massmediática (cf. Anita Ekberg, de la fama a la calle, 31.12.2011). El reportaje trata los casos de la actriz sueca Anita Ekberg y de la estadounidense Margot Kidder, entre otros. Es este:
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*** La presentación de la fama como objeto de consumo la hace aparecer como una necesidad a satisfacer a toda costa. Que muchos tiendan a ella hace pensar en ese deseo de trascendencia que tiene el ser humano, en ese querer ser tomado en cuenta y de resultar importante para alguien más. Sin embargo, la fama en sí misma no es un fin y de ahí que casos como los expuestos sean más bien puertas falsas.
Estos casos hacen pensar en las palabras que Benedicto XVI dirigió a los jóvenes escocesés el 16 de septiembre de 2010:
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