Religión en Libertad

15 sacerdotes tratan de atender a los 300.000 feligreses de la parroquia

La parroquia más grande del mundo está en Dubái: 200.000 personas comulgan cada fin de semana

Uno de los sacerdotes apunta que hay unos 10.000 niños en catequesis, 7.000 en inglés y 3.000 en otros idiomas. En Navidad y Pascua no es raro ver a 25.000 fieles en cada misa parroquial.

Publicado por
J.M.C.

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Cuando los fieles se preguntan por el lugar del mundo que alberga la parroquia más boyante y activa en cuanto a fieles y sacramentos, quizá nunca pensarían que la respuesta remite directamente al Golfo Pérsico. Y concretamente, a Emiratos Árabes Unidos. Se trata de la parroquia de Santa María en Oud Metha, en Dubái, y su frenética actividad e inabarcables cifras hacen que sea definida por varios medios como la más grande del mundo.

Y es que cada fin de semana, decenas de miles de personas se congregan en esta “megaparroquia” para asistir a la Santa Misa, dispuestos a tratar de conseguir espacio ante unas muchedumbres que desbordan el enclave hasta los patios y salas adyacentes.

La parroquia también es conocida por albergar una réplica de la gruta de Lourdes, en el exterior, por muchos considerada un símbolo de una fe vivida con fervor pero al mismo tiempo con discreción.

Y es que Dubái forma parte de los Emiratos Árabes Unidos (EAU), una federación de siete emiratos gobernados por monarquías islámicas donde las comunidades cristianas se encuentran confinadas en recintos designados.

Según las últimas estimaciones disponibles, aproximadamente 850.000 católicos vivían en los Emiratos en 2020 —cerca del 9% de la población total—, aunque fuentes locales sugieren que la cifra ha aumentado rápidamente desde entonces, especialmente en Dubái.

Consagrada en 1989, la parroquia de Santa María es una de las dos principales en la ciudad, junto con San Francisco de Asís en Jebel Ali, inaugurada en 2001, dos iglesias que muestran cómo la vida católica en Dubái combina a partes iguales cifras extraordinarias con libertades cuidadosamente gestionadas y una devoción profundamente personal.

Una parroquia desbordada

Las imágenes que se ven cada domingo evocan una parroquia desbordada: múltiples filas, la necesidad continua de gestionar y coordinar a las multitudes y un horario optimizado al milímetro, diseñado para atender a los fieles en función de su idioma, situación familiar y horarios de trabajo. Para los equipos parroquiales, no es raro coordinarse con la policía y las autoridades municipales cada fin de semana para organizar el tráfico y la seguridad.

“Los fines de semana se distribuyen más de 200.000 formas consagradas y se celebran Misas en todos los idiomas, desde konkani hasta tagalo, malayalam, urdu, inglés, árabe, francés y coreano”, explicó el padre Tanios Geagea, sacerdote libanés que dirige las comunidades de habla árabe y francesa en Santa María desde 2010. En ocasiones hay hasta 2500 fieles por misa.

Las Misas se suceden cada hora o media hora durante todo el fin de semana. Los sacerdotes bautizan a cientos de niños cada mes y celebran grandes bodas comunitarias. Puede que la iglesia no figure entre los edificios más altos o majestuosos de Dubái, pero podría ser una de las parroquias católicas más grandes del mundo.

Una fe tolerada pero limitada

Podría pensarse que semejantes cifras responden a un fomento o impulso desde las autoridades del país. Nada más alejado de la realidad. Se tolera la práctica religiosa, los católicos pueden dirigir escuelas y catequesis y organizar retiros, pero la presencia de la Iglesia en la vida pública se encuentra estrictamente controlada, y los permisos, la vigilancia y la supervisión determinan la vida pastoral del día a día.

Entre otras restricciones, no está permitido mostrar cruces en lo alto de las iglesias ni tocar campanas. Incluso en plena misa, los fieles que asisten desde el exterior de la iglesia por falta de espacio están acostumbrados a no escuchar el Evangelio cuando este coincide con el llamado a la oración que tiene lugar en la mezquita a pocos metros de la iglesia.

Conocemos las reglas del juego; tenemos que aceptarlas: es un país musulmán que ya nos ha concedido dos iglesias”, declara Armelle Demont Lebert a National Catholic Register.

El miembro del consejo parroquial francófono reconoce que los espacios existentes están lejos de ser suficientes para la creciente población católica.

Incluso llega a admitir que el clero asiste a elevados niveles de control: “Las visas para sacerdotes son difíciles de obtener. En nuestra comunidad tratamos de traerlos con frecuencia, aunque sea por periodos cortos. No siempre es fácil”. Según su testimonio, en Santa María hay unos 15 sacerdotes permanentes, y en San Francisco, alrededor de 10, una cifra modesta para la inmensa población que atienden.

La prioridad, acoger a todos para que crezcan en la fe

Recordando que la presencia de la Iglesia en los Emiratos es relativamente reciente —unas seis décadas en Dubái y Abu Dabi, y menos en otros emiratos—, el padre Geagea explica que la “principal prioridad de la diócesis siempre ha sido acoger a la gente para que todos tengan al menos suficiente espacio para rezar y crecer en la fe. No hemos intentado construir iglesias al estilo occidental, ni hemos pedido que los monumentos arquitectónicos se parezcan a iglesias. No ha sido nuestro objetivo principal”.

El informe “World Watch List” de 2025 de Open Doors confirmó este delicado equilibrio: los cristianos expatriados pueden practicar en recintos cerrados, pero tienen prohibido evangelizar o rezar en público. Los conversos locales desde el islam enfrentan la presión más fuerte, muchas veces de sus propias familias y comunidades: pueden perder herencias, empleos, e incluso derechos de custodia. Muchos, por lo tanto, mantienen su fe oculta o emigran.

Pese a todo, los católicos disfrutan en Dubái de una seguridad nada usual en la región. “Aquí nadie se siente amenazado en la vida, en las relaciones o en las convicciones. Cada quien es libre de ser lo que es, mientras no haya proselitismo”, afirmó el padre Geagea.

Los retos del crecimiento

En 2019, el Papa Francisco visitó Abu Dabi, en un viaje que marcó un punto de inflexión para la visibilidad católica y las relaciones interreligiosas en la región. Desde entonces, la vida católica en Dubái no ha hecho más que expandirse. Sin embargo, las infraestructuras necesarias para sostener dicho avance crecen lentamente.

El padre Geagea lo confirma al hablar de las negociaciones con las autoridades para construir nuevas iglesias.

“Nuestra comunidad francófona, por ejemplo, era pequeña al inicio, pero ha crecido rapidísimo, sobre todo desde 2019”, señaló Demont Lebert, residente en Dubái desde hace más de cinco años. Estima un aumento del 25% en la feligresía francófona, con unos 2.000 fieles regulares y más de 550 niños en catequesis. “Aquí las familias suelen tener de tres a cinco hijos, y estar lejos de casa parece profundizar la fe”.

Mientras, la “megaparroquia” lo acoge todo y a todos sin distinción. Muchos fieles son inmigrantes refugiados o que huyen donde vivir la fe supone persecución. Algunos, a su llegada, se muestran profundamente desorientados o marcados por la pérdida. En respuesta, la parroquia no hace sino multiplicar los grupos por edades y otras categorías, de modo que todos puedan hallar una comunidad que les haga sentirse como en casa.

A pesar de los desafíos, tanto clero como laicos mantienen la esperanza de que la apertura gradual y las nuevas iniciativas permitan que la vida católica en Dubái siga floreciendo.

“Para muchos, Dubái ha sido una bendición. La gente a menudo se va con lágrimas en los ojos porque aquí encontraron una serenidad para la vida familiar y la fe que ya no experimentan en casa. Aquí nadie se burla de ti por ir a misa o por tener un tercer hijo, como puede ocurrir en Occidente hoy en día. En medio de verdaderos desafíos, esta ciudad puede convertirse en un refugio inesperado de fe, familia y esperanza para el futuro”, concluye el sacerdote.

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