Domingo, 25 de febrero de 2024

Religión en Libertad

La vanidad es la osteoporosis del alma, avisa el Papa Francisco en su homilía de Santa Marta

ReL

Misa del Papa Francisco en la capilla de Santa Marta
Misa del Papa Francisco en la capilla de Santa Marta
La vanidad "camufla la vida" y llega a ser "como una osteoporosis del alma", previno el Papa Francisco en su homilía de la misa matinal de la Residencia Santa Marta este jueves. 

El Papa empezó tratando otro tema: cómo el Espíritu Santo genera una "santa inquietud" incluso en personas nada virtuosas, como le sucedió al Rey Herodes, que dejó que asesinaran a San Juan Bautista pero se sintió después inquieto y disgustado. También su padre, Herodes el Grande, se había sentido inquieto al conocer a los Magos de Oriente. 

La inquietud del Espíritu Santo... y la del mal
En nuestra alma, explica Francisco pueden nacer dos inquietudes: “la buena” que “la da el Espíritu Santo y que hace que el alma esté inquieta para realizar cosas buenas” y la mala, “que nace de una conciencia sucia”.

Y los dos Herodes resolvían su inquietud asesinando, avanzaban “sobre los cadáveres de la gente”. Estos viven en un “prurito continuo, una urticaria que no les deja en paz”.

Y el mal “tiene siempre la misma raíz: la avidez, la vanidad y el orgullo”, y estas tres no dejan a la conciencia en paz y no dejan entrar la sana inquietud del Espíritu, pero llevan a vivir con miedo.

El Santo Padre señala también la lectura del día, que habla de “la vanidad que nos hincha” y la ilustra “como una burbuja de jabón”.

Y se interroga: “¿Qué ganancia obtiene el hombre por todo este esfuerzo con el que se agita?”, todo para para aparecer, fingir y parecerse a algo. “La vanidad es como una osteoporosis del alma: o sea desde afuera parecen buenas, pero adentro están todas arruinadas. La vanidad nos lleva al fraude”.

"Piensa que se te comerán los gusanos"
San Bernardo, recuerda el Papa, dice una frase fuerte sobre los vanidosos: ‘Piensa en lo que serás, comida de los gusanos. Y todo este maquillarse es una mentira, porque te comerán los gusanos y no serás nada”.

Entonces, ¿de dónde viene la fuerza de la vanidad? Del empuje de la soberbia y maldades: “No permitan que se vea una equivocación, escondan todo, todo se esconde”.
“Cuanta gente conocemos que parece… ¡Que buena persona!, va a misa todos los domingos…”. Incluso la vanidad “de aparecer con carita de santo y después la verdad es otra”.

Nuestro refugio ante todo esto “lo hemos leído en el salmo: ‘Señor tú eres nuestro refugio de generaciones en generaciones”. Y antes en el Evangelio hemos recordado: ‘Yo soy el camino, la verdad y la vía”. Esta es la verdad, no el maquillaje de la vanidad. Que el Señor nos libre de estas tres raíces de todos los males: la codicia, la vanidad y el orgullo. Pero sobre todo de la vanidad, que produce tanto mal”.
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