Martes, 11 de agosto de 2020

Religión en Libertad

¿Qué sabemos de los objetivos del Milenio?

¿Qué sabemos de los objetivos del Milenio? Objetivo número 6

Los Objetivos del Milenio (OMD) son un plan de Naciones Unidas, propuesto en la cumbre del Milenio del año 2000, establecido con la finalidad de acabar con la miseria y el subdesarrollo en el mundo.

Concretados en la Declaración del Milenio, y aprobados por la Asamblea General, se refieren a todos los ámbitos que atañen a la salud, a la educación, a la igualdad de género, y al desarrollo sostenible.



Para ello la ONU ha establecido unas metas, unas estrategias y unos plazos mediante los que ir alcanzando, antes de 2015, dichos objetivos, que son:
  1. Erradicar la pobreza extrema y el hambre
  2. Lograr la enseñanza primaria universal
  3. Promover la igualdad entre géneros y la autonomía de la mujer
  4. Reducir la mortalidad infantil
  5. Mejorar la salud materna
  6. Combatir el VIH/SIDA, el paludismo y otras enfermedades
  7. Garantizar la sostenibilidad del medio ambiente
  8. Fomentar una asociación mundial para el desarrollo
De las palabras a los hechos
Así, con un bello lenguaje, nos presentan, y a la par nos ocultan, un terrible programa criminal de reingeniería social cuyo fin es diezmar la población mundial por diferentes mecanismos, de los que el más grave de todos implica la aniquilación de la persona humana y su reducción a mero ente del universo a través de la ideología del género y del igualitarismo, de una vaga espiritualidad sincrético-panteísta, centrada en la Madre-Tierra, y de la eugenesia, del aborto y de la anticoncepción.

Uno a uno se podrían ir matizando estos ocho objetivos, ver la letra pequeña y saber que esconden. Pero por razón de espacio, y por premura de tiempo, me voy a centrar en el objetivo número 6, aparentemente tan benefactor como todos los demás: ¿quién no quiere acabar con el SIDA, la malaria o la tuberculosis?
 
Aprovechándose del alma buena que todos llevamos dentro, la ONU nos ha definido unos objetivos que ciertas organizaciones “humanitarias” canalizarán para que la ayuda sea más eficaz y el objetivo se cumpla. La aportación de nuestro pequeño grano de arena es vital para ello, y, en consecuencia, se nos alarma con tristes cifras y sobrecogedoras imágenes sobre el estado del mundo para que se manifieste nuestra sensiblería y sentimentalismo, y ese ideal que todos llevamos dentro: alcanzar un mundo mejor y más justo. Pues bien, centrémonos ahora en el objetivo nº6, objeto de la actual campaña de Manos Unidas: “La salud, derecho de todos: ¡Actúa!”.
 
El ODM nº 6 está así definido por la ONU: “Combatir el VIH/SIDA, el paludismo y otras enfermedades”. Algo fantástico, ¡hay que tener un corazón de hielo para no ser sensible al sufrimiento y a la tragedia que son estas enfermedades, tanto en los que las padecen como en las personas que rodean al enfermo!

Pero, como en todo lo que suponga movimiento y administración de cantidades ingentes de dinero, hay que actuar con cautela e investigar (recordemos que de todo lo recaudado para Haití, sólo llegó allí, realmente, menos de un 10%, sin que sepamos nada del resto). Si además la organización encargada de gestionar el OMD nº 6 es la Fundación Bill y Melinda Gates, una fundación filantrópica del ex-presidente de Microsoft, que defiende la anticoncepción (abortiva), las semillas transgénicas y la ideología de género en su obsesión por el control de la población mundial, la investigación es del todo obligada.

Y si también nos tomamos la molestia de saber mediante qué medios se va a acabar con estas enfermedades endémicas, se nos enciende ya una sospechosa lucecita de “alerta”. ¿No nos estarán vendiendo con los Objetivos del Milenio la antihumana “cultura de la muerte”?


Zapatero se reunió con Ban Ki-moon para discutir sobre los Objetivos del Milenio: toda una declaración de principios
 
¿Erradicar enfermedades?
Cuando se habla de erradicación de enfermedades entramos en el área sanitaria: ¿Por qué la poderosa Organización Mundial de la Salud (OMS), dependiente de la ONU, no ha sido todavía capaz de erradicar estas terribles enfermedades que diezman pueblos enteros cuando el tratamiento es muy barato y asequible?, ¿por qué no se implican en ello a fondo, de verdad, el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional y tantas otras agencias internacionales con poder para conseguirlo definitivamente? Es un misterio.

Sabemos, por ejemplo, que la malaria se produce por la picadura de un mosquito, y que ese mosquito no está limitado a las áreas tropicales sino a las áreas pantanosas. Sabemos que la malaria, hasta hace muy poco, asolaba las poblaciones de las regiones pantanosas de Europa, y que el DDT, efectivísimo, acabó con el mosquito y con la enfermedad. ¿Por qué se ha prohibido el DDT entonces? Rachel Carson, allá por los años 60, escribió una profecía que, como otras, también terribles, gracias a Dios no se ha cumplido: Primavera silenciosa, en la que imaginaba un mundo sin pájaros (y sin sus trinos) porque se alimentarían de mosquitos atiborrados de DDT y morirían. Rápidamente surgieron otros trabajos hablando de lo cancerígeno que era el DDT. Y se optó por prohibirlo. Europa, con el DDT, había erradicado la malaria. África no llegó a tiempo. ¡Nunca hay tiempo para nada que pueda salvar a África de su miseria! Y por eso no me asombro de que enfermedades tan fáciles de combatir permanezcan asolando al mundo.

Pero, ¡ojo!, si hay tanta preocupación por el cáncer: ¿por qué fundaciones que recaudan fondos para su prevención desvían éstos a la IPPF, la poderosa y criminal organización onusiana que promueve el aborto, la anticoncepción y la esterilización humana? ¿No subyace una mentalidad malthusiana y antihombre, anticristiana, en todo esto?
 
En cuanto al famosos OMD nª 6… volvamos a analizarlo en más detalle. Veremos, entonces, que entre el material que se considera necesario para alcanzar este objetivo, están las jeringuillas esterilizadas (y se piensa en vacunas y similares), y los preservativos (lo que extraña más ya que no es material de cura). ¿Con que fin? Pues para repartirlos entre los drogadictos para que se sigan drogando; o entre los sexo-activos para que no decaiga su actividad sexual; eso sí: de forma muy aséptica. Para que no propaguen más el SIDA, nos justifican, cuando está demostrado que el poro del preservativo dilatado es superior al diámetro del virus; y que muchos sexo-activos nunca van a utilizar el preservativo (así lo exigen muchos clientes a las prostitutas); y que al final las jeringuillas se siguen compartiendo porque es lo más cómodo. Se insiste en la prevención (el SIDA prácticamente no tiene cura) y en el acceso de mujeres y niñas a los servicios de salud, y en promover una educación al respecto. ¿Esto es curar? ¿Verdaderamente no hay otra forma de atajar el SIDA?, ¿ha de hacerse fomentando el hedonismo y la promiscuidad, el pansexualismo?, ¿permitiendo el uso-abuso de mujeres y niñas y…?,  ¿de qué tipo de educación estamos hablando si sólo sirve para destruir personas? Y todavía hay un transfondo mucho más terrible: la ONU, triunfante, se jacta, de que gracias a las estrategias elaboradas para alcanzar este objetivo se ha reducido el número de niños que nacen con SIDA, lo que sospechosamente conduce a pensar en el aborto de los hijos de madres portadoras del VIH o en la esterilización forzosa de niñas y mujeres.



Eugenesia encubierta
¿No estaremos hablando de medidas eugenésicas encubiertas? ¿Por qué ese énfasis en adecuarnos a los Objetivos del Milenio para combatir el hambre, la pobreza, la enfermedad, la desigualdad, la injusticia y el subdesarrollo? Bueno, a lo mejor hay quien piensa que es algo inevitable para conseguir que ciertas organizaciones suministren medicinas y otros tipos de material sanitario, que “entre col y col (es inevitable la) lechuga”, pero el fin no justifica los medios. ¿Podemos creer a estas alturas que es ignorancia?
 
La salud derecho de todos: ¡actúa! Totalmente de acuerdo. Actuemos pues. Y para actuar hay que pensar, y hay que saber. Nadie en su sano juicio se tira a una piscina de cabeza desde el último piso del trampolín sin mirar si hay agua, por mucho que lo recomiende la ONU, organización suprema que, si de verdad velare por acabar con los males del mundo, ¡hace tiempo que ya lo habría conseguido!, y nadie pedir a otros que se tiren contigo. Muchas personas necesitan nuestra ayuda, efectivamente, y muchos son los problemas a resolver, desgraciadamente. Brindémonos a ello con todas nuestras fuerzas, con todo nuestro ser, pero nunca bajo banderas bastardas y confusas.

María del Rosario Encinas Guzmán
Universidad de Extremadura
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