Martes, 24 de noviembre de 2020

Religión en Libertad

La Archidiócesis de Granada estudia beatificar a esta humilde mujer

Rosario, «vidente» de la Virgen del Espino: su curación milagrosa y el perdón al asesino de su hijo

Rosario, «vidente» de la Virgen del Espino: su curación milagrosa y el perdón al asesino de su hijo
Rosario Granados tuvo la aparición en 1906 y falleció en 1921.

La Virgen del Espino es una de las advocaciones marianas más veneradas en Granada, concretamente en Chauchina, donde se encuentra el santuario en su honor. María se apareció en 1906 en ese lugar Rosario Granados, una mujer humilde y muy devota, y que en 2021 se cumplirán 100 años de su fallecimiento.

El Arzobispado de Granada acaba de anunciar una importante noticia con la apertura de consultas dirigida a todos los fieles sobre esta vidente para estudiar si iniciar o no la causa diocesana de beatificación de Rosario Granados.

Además de la aparición de la Virgen, esta mujer vivió la fe de manera heroica perdonando de una manera impresionante al asesino de su hijo y tras haber sido curada, sin explicación médica, de unas llagas varicosas en su pierna izquierda.

Por ello, el arzobispado ha abierto dicho procedimiento entre los fieles diocesanos para que puedan comunicar cualquier información útil, tanto a favor como en contra de la vidente, así como aportar elementos que permitan después la apertura de un posible estudio de apertura de su causa de beatificación.

virgen-espino

El contacto que ofrece el Arzobispado de Granada para ello es el siguiente:

El origen de esta advocación

La aparición de Nuestra Señora del Espino se produjo en el municipio de Chauchina, el cual se encuentra ubicado en el Partido Judicial de Santa Fe creado por los Reyes Católicos al terminar la Reconquista con la toma de Granada en 1492.

La Virgen del Espino está irremediablemente unida a Rosario Granados, una vecina de Chauchiuna nacida en 1839. Siendo joven quedó viuda con tres hijos: José, Diego y Francisco. Los educó en la fe católica y con buenos ejemplos pues pese a ser una familia humilde practicaba la caridad cristiana.

Una de las grandes virtudes heroicas que experimentó en su vida fue el perdonar al asesino de su hijo, todo ello antes de que la Virgen se le apareciese en un espino.

Uno de sus hijos fue asesinado en una taberna, y el asesino huyendo de la justicia se refugió sin saberlo precisamente en la casa de Rosario. Él confesó que en una riña había matado a un hombre y que por eso le perseguían.

Rosario le dio cobijo. Cuando llegó su otro hijo para contar lo sucedido, en vez de denunciarlo lo perdonó y lo dejó irse después de haberle dado de comer. De hecho, ella más tarde pedía a Dios que no se viera obligada a testificar contra él. Su petición fue escuchada porque ocho días antes del juicio el asesino murió por causas naturales tras haber dado señales de arrepentimiento.

Esta humilde mujer se mudó nuevamente a Chauchina donde vivió con su hijo, su nuera y sus nietos, a los que ayudaba en las labores cotidianas. Enfermó con unas llagas varicosas que producían un “profundo mal olor” por lo que el dueño de la casa les amenazó con echarles de la propiedad.

Fue entonces, el 9 de abril de 1906 cuando en las afueras del pueblo y mientras caminaba con dificultad apoyada en una silla al acercarse a un espino vio a una mujer, una Dama de nombre presencia y vestida de negro como la Virgen de los Dolores.

Rosario la definió como “una bella señora, de ojos hermosísimos y cara llena de Gracia”. Y fue precisamente aquella mujer la que le preguntó qué le sucedía. Le contó lo de las llagas y Ella le propuso ir al cementerio y curarlas.

Al llegar a la puerta del cementerio, la Señora enlutada propuso rezar el rosario, diciéndole: “Oremos por los desgraciados del Mundo que no conocen la justicia de Dios”. Y terminada la oración le propuso ver su pierna enferma.

“Me duelen mucho las llagas y está vendada”, respondió Rosario, a lo que la Virgen contestó: “Más llagas tienes en el corazón, hija mía”. Entones aquella mujer tocó sus heridas, y luego Rosario se quedó dormida en una especie de éxtasis…y al despertar tenía la pierna curada.

Desde ese momento, Rosario se pasó el resto de su vida rezando. Años después, en 1921 y poco antes de morir, pidió a su sobrino que hiciera llamar a un capuchino de Granada. Y le comunicó un secreto, una cosa más que le dijo la Virgen cuando se apareció “Quiero que en este lugar se de culto al Santísimo Sacramento, por religiosas franciscanas”.

Las personas que la conocieron decían de ella que era humilde y caritativa. Nunca aceptó ayuda de los demás para aliviar su pobreza económica y tampoco nunca se vanaglorió de haber visto a la Santísima Virgen.

Con respecto a estas apariciones, la Iglesia en Granada celebra la fiesta de esta Virgen del Espino cada 9 de abril.

Publicado originariamente en Cari Filii News

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