Religión en Libertad

Una marea de esperanza inunda el Bernabéu con el Papa: «Habéis hecho un golazo para siempre»

León XIV se reunió con la comunidad diocesana de Madrid en un evento para la historia.

"De aquí tiene que salir un lema: ¡Contigo, León, un solo corazón!", propuso Christian Gálvez, que presentó el encuentro.Vatican mEDIA

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Está claro que hoy el Bernabéu no saltó por un fuera de juego ni por una de esas míticas remontadas, tan propias de este estadio, en el minuto noventa. Este lunes el crujido general fue otro.

El murmullo eléctrico de cerca de setenta mil almas era porque había venido el Papa, nada más y nada menos, que el Vicario de Cristo en la tierra, y eso no pasa todos los días.

Una historia más grande

Sobre el escenario, Jorge Blas comenzó recreando con una baraja de cartas el asombro cotidiano de la fe. Esta vez, no había bastos ni espadas: llevaban el rostro coronado de la Virgen de la Almudena. —Hay momentos en la vida donde formamos parte de una historia más grande —dijo, y la frase quedó como flotando en el aire. A su lado, Patricia Pardo, la presentadora, lucía un traje de riguroso "amarillo vaticano".

Era un gran estadio dando acogida al gran pueblo de Dios. —El rostro cercano que vamos a recibir nos demuestra que estamos más unidos que nunca: ¡Madrid con el Papa! —clamó su pareja, Christian Gálvez, el de Pasapalabra.

Un niño peruano saluda al Papa en el Bernabéu.Vatican mEDIA

Y el Bernabéu estalló por primera vez. Un grito profundo, que no era el típico grito del hincha desesperado que exige el gol; sino el del que quiere ver al Papa para que le confirme en la fe.

Se mencionó a las diócesis hermanas de Getafe y Alcalá de Henares, y el estadio se fragmentó en varios sectores de júbilo. Los jóvenes de la periferia sur y del corredor del Henares saltaron sobre sus asientos, agitando pancartas y banderas, demostrando que Madrid, en la fe, no se acaba en la M-30.

Porque, justo este lunes, la Providencia había querido algo genial. En unas horas, las selecciones de España y Perú se iban a medir en un amistoso previo al Mundial, de hecho, la franja de los voluntarios recordaba tanto a la equipación del país sudamericano, del que León XIV tenía también nacionalidad.

Y Quintero cantó para Dios

El ritmo en el estadio cambió de velocidad cuando la megafonía cedió el paso a los niños. Salieron pequeños que contaban cómo vivían a Dios en las aulas, entre exámenes y recreos. Uno de ellos confesó que era monaguillo. "Y gracias a ello —explicó—, estoy mucho más atento a lo que pasa en el altar". El chaval terminó con un resuelto: "¡Viva el Papa!". Y hasta las mujeres del orden soltaron una irrefrenable sonrisa de ternura.

En las pantallas aparecieron los Hermanitos del Cordero. Y, en el escenario, cantó la familia Valiván. El grupo invocó al Espíritu Santo: "Ven, ven, ven", y el estadio, con el techo cerrado, se convirtió en una inmensa caja de resonancia. Invitaron al público a aplaudir. La gente se sabía todas, y también sacaron sus muñecos... haciendo que todos, por un momento, regresaran a la más tierna infancia.

El Papa aplaude a los sacerdotes que entonaron el himno del Convivium.Vatican mEDIA

Hasta que, de pronto, el color lo inundó todo. Apareció una comitiva de señoras y señores ataviados con los trajes típicos de todos los países de Hispanoamérica, y de otros tantos países europeos, como de Rumanía o Polonia, lugares de procedencia de muchos de los inmigrantes que viven en Madrid.

Y la iluminación pareció concentrarse en un único punto del inmenso escenario. Íñigo Quintero se situó en el centro. Estaba solo, como si fuera una perfecta metáfora, tantas veces, de la existencia humana. Arrancó con los primeros acordes de su canción Si no estás, ese tema que nació en la intimidad de las redes sociales, para Dios, y que terminó convirtiéndose en todo un himno mundial.

Entonces, las pantallas conectaron en directo con la Catedral de la Almudena. Allí, el Papa cumplió con un gesto histórico: la entrega de la Rosa de Oro a la patrona de la archidiócesis. Fue un momento, sin duda, digamos, de alta densidad devocional.

"¡Contigo, León, un solo corazón!"

Mientras, en el estadio, los pasos de Jesús de Medinaceli y el de la Virgen de la Almudena comenzaron a ser bailados por sus anderos. Lo hacían bajo los sones de una música moderna que no terminaba de encajar. Además, los grupos folclóricos se unían al baile en el césped. Quizá habría sido mejor separar ambos mundos un poco más en el tiempo, otorgándole una solemnidad que, a juicio de algunos, quedó un tanto desdibujada.

Y sonó el clásico Ven con nosotros a caminar, rebautizado por la megafonía con un compás actual, mientras el humorista Santi Rodríguez intentaba rebajar la tensión de la espera haciendo bromas desde el estrado sobre los yogures sin lactosa y otras cotidianidades.

La alegría del Papa con la comunidad diocesana de Madrid.Vatican mEDIA

—¡Su Santidad ya está pisando el Bernabéu! —anunció, de pronto, Christian Gálvez, contagiado por el entusiasmo del público.—De aquí tiene que salir un lema: ¡Contigo, León, un solo corazón!—, propuso el presentador.

León XIV apareció. Esta vez, no lo hacía en el papamóvil, sino subido a un pequeño buggy artesanal. Al Santo Padre se le notó en los primeros metros un gesto de prudente recelo, quizá tenía algo de miedo ante el balanceo de aquel pequeño cochecito.

La marea humana se abalanzó sobre él. Al Papa se le ofrecían niños en volandas, por encima de las vallas, como en la mítica secuencia de El Rey León. Y, entre la multitud, destacó un chavalín, con la camiseta del Real Madrid, que sostenía con las dos manos un cartel donde se podía leer: "Chiclayo, Perú".

Daniel Diges, la voz prodigiosa de Diana Navarro y un entregado David Bustamante entonaron el himno Alza la mirada. La música envolvió al Papa mientras las gradas entonaban el cántico de los cánticos en las jornadas juveniles: "¡Esta es... la juventud del Papa!".

El Papa saludó y, entonces, los presentes quisieron aceptar el enorme reto de superar el histórico aplauso que el Papa había recibido en su reciente visita al Congreso de los Diputados. Estaba claro, la grada tenía que ganar a los políticos. El estruendo era atronador.

Imagen para el recuerdo.Vatican mEDIA

En una de las esquinas del estadio, la improvisada "grada de animación católica" lideró la fiesta con cánticos futboleros adaptados para la ocasión: "¡Oé, oé, oé!".

Y el cardenal José Cobo tomó la palabra. —Esta es la Iglesia de Madrid —dijo, y las gradas volvieron a venirse abajo. Cobo hiló la historia de la villa con el bautismo, con una hermosa analogía conectándolo con el viejo acuífero subterráneo que corre bajo el subsuelo de Madrid.

Tras sus palabras, el estrado se llenó de sotanas y alzacuellos. Un nutrido grupo de sacerdotes interpretó el himno del Convivium, la reunión diocesana de curas madrileños celebrada este año. Al terminar, rompieron filas y corrieron en masa, emocionados, hacia el Santo Padre.

"Porque hoy la fe no entiende de pitidos finales", dijo Gálvez. Y, de repente, en la megafonía se escuchó a los narradores del viejo FIFA. El personal sacó de la nada dos porterías portátiles y comenzaron a meter goles. La pasión del deporte unida a la fe y a la alegría del Evangelio.

Como una Biblia abierta

Una familia subió al estrado. —Somos de Perú —dijeron, y el estadio volvió a estallar en una ovación que abrazó las dos orillas del Atlántico. Quizá, gracias a este viaje a España, al Papa se le había permitido lo que, seguramente, más le hubiera gustado seguir haciendo toda su vida: ser de nuevo un simple misionero. La familia peruana tomó el micrófono para dar las gracias a España. "Por habernos hecho sentir tan acogidos".

Aunque, uno de los aplausos más grandes de la noche, se lo llevó Álvaro. El año pasado se bautizó, recibió la primera comunión, se confirmó y, por si fuera poco, anunció que se casaría en nada

Y sonó de fondo Iglesia peregrina de Dios, pero con más flow. El viaje de León XIV estaba sirviendo, al menos en Madrid, para escuchar toda una panoplia de revivals de los míticos cantos de misa de parroquia pero mucho más animados

Y se hizo el silencio. El Papa se acercó al micrófono. Mientras, hasta Real Madrid Televisión retransmitía la señal para todo el planeta. Llegó el momento más esperado, el más natural y humano. El Papa alzó la mirada, y dijo improvisando, rompiendo el guión:

—Creo que hacer un gol aquí tiene que ser algo increíble... pues bien, hoy la Iglesia de Madrid ha hecho un golazo para siempre—.

En su discurso, León XIV invitó a la Iglesia madrileña a vivir la unidad como una "polifonía" capaz de integrar diferencias, defendiendo una comunidad que transforme la diversidad en riqueza y no en división. El Papa insistió en que la alegría cristiana debe ser un modo estable de vivir, afirmando que "vuestra alegría será contagiosa si se convierte en un modo estable de ser"

Reivindicó, además, la misión en la gran ciudad y el discernimiento comunitario, alertando contra una vida eclesial convertida en rutina sin Espíritu. Al concluir, pidió a los católicos ser "como una Biblia abierta" para quienes los rodean, recordando que el amor sigue siendo el lenguaje universal que hace que todos se sientan en casa.

La gran tarde en el Bernabéu llegaba a su fin. León XIV se colocó la estola roja sobre los hombros para bendecir. El ambiente festivo se transformó en un gran templo para el recogimiento. Todos se pusieron en pie, rezaron un padrenuestro y bajaron la cabeza. Era casi de noche y las notas del himno de la Almudena volvieron a sonar. El partido había terminado, ahora tocaba seguir entrenando... una y otra vez.

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