Domingo, 28 de noviembre de 2021

Religión en Libertad

Entona el «mea culpa» por un error suyo sobre el general Gorostieta que la película recoge

Seis errores comunes sobre la Cristiada y sus consecuencias, aclarados por el historiador Jean Meyer

Enrique Gorostieta.
Enrique Gorostieta, el general cristero, fue profundamente católico y coherente con su fe durante la participación en la contienda. En la imagen, Andy García, quien le interpreta en la película «Cristiada».

J. M. Carrera / ReL

A sus 79 años, Jean Meyer, es posiblemente el mayor conocedor vivo de la Cristiada, a la que consagró un libro ya clásico, La Cristiada. Este episodio de la historia de México, al que da nombre la película de 2012 protagonizada por Eva Longoria, Andy García y Eduardo Verástegui, enfrentó al Estado contra la fe católica. La Iglesia estuvo cerca de ser exterminada y los católicos asesinados se cuentan por miles. Entrevistado por Luis Medina en Reconquista Network, Meyer ha desgranado los grandes mitos y curiosidades en torno a esta persecución.

La persecución fue más allá de lo que la Iglesia podía aceptar

El 31 de julio de 1926, la Ley Calles culminó la escalada anticatólica en México que comenzó en el siglo XIX y que continuó en la Revolución de 1910.

Poco antes de ser promulgada la Constitución de 1917, el arzobispo mexicano José Mora y del Río detalló al Papa Benedicto XV que “la Revolución, buscando la reforma y la restauración de los asuntos públicos a través de la violencia y de la subversión de todo el orden, ha establecido perseguir la religión hasta extinguirla”.

Un año después, la carta magna confirmaba lo dicho por Río. Prohibía a la Iglesia ejercer la educación, el establecimiento de órdenes monásticas, el culto público y la capacidad para tener bienes: los que aún no lo eran, pasaban a ser propiedad del Estado.

En un primer momento, solo podían ejercer como sacerdotes los nacidos en México. Con la Ley Calles de 1926, la medida se amplió de modo que no podía ejercer ningún sacerdote que no se inscribiese en la Secretaría de Gobernación, en una situación "comparable" a “los juramentados” de la Vendée de 1790, ante la intención de crear una iglesia nacional.

A efectos prácticos, “era como si el gobierno le dijese a la Iglesia quien tenía permiso para ser sacerdote o no. Y eso era algo que la Santa Sede no podía aceptar”, destaca Meyer. “Entonces prohibió a los obispos aceptar la Ley Calles y publicaron el Non Possumus –no podemos aceptar–”.

Luis Medina, de Reconquista Network (izquierda), entrevista al historiador francés de nacionalidad mexicana Jean Meyer.

La Iglesia, contra la Constitución mexicana

Al episcopado mexicano solo le quedaba recurrir a la suspensión del culto, una medida empleada en situaciones extraordinarias. Ante la suspensión, las protestas de los fieles católicos eran tan drásticas que podían obligar al gobierno a revocar las medidas que motivaban esta decisión. Pero no fue el caso de México.

“La Santa Sede condena la Ley y todo acto que el pueblo fiel pueda interpretar como acatamiento a esta Ley”, promulgó el cardenal Gasparri. “No reconocemos y combatiremos los artículos 3º, 5º y 130º de la constitución vigente”, afirmó en febrero de 1926.

La guerra del Estado contra la Iglesia había estallado.

El 21 de julio comenzó a ser aplicada la Ley Calles y diez días después, se decretó la suspensión. Así comenzó uno de los conflictos civiles más cruentos de la historia contemporánea, durante tres largos años entre 1926 y 1929.

La superproducción CristiadaFor greather glory– plasmó la realidad de la defensa de los católicos mexicanos, liderados en el ámbito civil por Anacleto González Flores (Eduardo Verástegui) y en el militar por Enrique Gorostieta (Andy García).

Meyer aclara en la entrevista algunos errores comunes sobre la Cristiada y los cristeros.

1º Gorostieta no estaba alejado de la fe

Uno de los mitos más difundidos en torno a la Cristiada es la imagen del general del ejército católico, Enrique Gorostieta Velarde, como una persona alejada de la fe. “Yo mismo dije que Gorostieta no era católico, pero tuve que rectificar”, admite Meyer.

Una bisnieta del general se encontró con el historiador y le enseñó la correspondencia de Gorostieta con su esposa. “Son cartas de un católico cabal, por los cuatro costados”.

La superproducción de cine pasó este dato por alto. “Ese mito que propagué equivocadamente en mi libro aparece en la película donde Gorostieta (Andy García) hace muchas cosas que no son ciertas: el Gorostieta que toma whisky y fuma puros mientras se celebra una misa de difuntos es impensable. Tuve que rectificar”, reitera.

Y lo hizo: "Las cartas revelan un hombre profundamente enamorado de su esposa, que adora a sus hijos. Y un católico que aceptó ir al monte por deber, para defender al pueblo católico y a la Iglesia... Entre líneas, se lee el gran drama de la Cristiada, el compromiso total de un hombre que invoca a Dios, a Cristo, a María, se encomienda a las oraciones de los suyos, reza para los suyos, y no duda de la victoria final", escribió Meyer en El Universal.

2º ...ni tampoco era un mercenario

Además, en un principio se presenta a Gorostieta como un personaje escéptico, motivado exclusivamente por una cuantiosa suma de dinero que le ofrecía la Liga Nacional de la Libertad Religiosa, el movimiento que aglutinaba la oposición católica en México.

No entró en la Cristiada para vengarse de la Revolución –su lealtad a un presidente anterior truncó su carrera militar–, ni tampoco como mercenario. Tenemos la carta de su esposa: le dieron una única mensualidad en los tres años que estuvo, lo que de recibirlas todas, habrían supuesto treinta y seis”, explica. Aquí pueden consultarse algunos fragmentos de esas cartas.

De hecho, la única persona que recibió una compensación económica fue su esposa. “Cuando murió Gorostieta, ella cobró un seguro de vida. Pero él, ni era agnóstico, ni vengativo, ni mercenario: acude a la Cristiada como católico”.

Tulita Lasaga Gorostieta.

Tulita Lasaga Gorostieta, esposa del general cristero, fue la única de la familia que percibió alguna compensación económica por la participación de su marido en la Cristiada, tras su muerte.

3º Plutarco Elías Calles, un personaje lleno de contradicciones

Otra de las grandes curiosidades que menciona Meyer son las contradicciones internas del propio Calles. Cuenta que trabó una sincera amistad con doña Hortensia y doña Alicia, las hijas del presidente y general mexicano. Ninguna de ellas comprendía los motivos de su actitud.

¿Por qué nuestro padre odiaba tanto a los sacerdotes? Siempre fue un misterio”, le decían a Meyer. Ambas estaban bautizadas, confirmadas, se casaron por la Iglesia… Incluso, cuando la familia se fue al exilio bajo la presidencia de Cárdenas –uno de los sucesores de Calles–, este las llevó a un colegio de religiosas.

La relación entre la Revolución Mexicana, la Constitución de 1917, Calles y la Masonería, contada por el padre Javier Olivera Ravasi.

4º Gorostieta, muerto por un descuido estratégico

“También se dijo que los malvados habían asesinado a Gorostieta en un complot. No fue así”, explica el autor del libro “La Cristiada”.

De hecho, fue debido a un descuido. “Un destacamento del ejército lo mató sin saber que era Gorostieta. El se encontraba ahí de casualidad. Tenían que cruzar el gran valle del río Lerma, y se paró con sus hombres a descansar en una hacienda medio en ruinas cuando llego un destacamento federal”.

“Los cristeros habían cometido un descuido, incluso habían desensillado los caballos. Gorostieta llegó a subir a su caballo, le tumbaron de un disparo y ahí murió”. Fue el 2 de junio de 1929. 

El general cristero, Enrique Gorostieta Velarde.

El general cristero Enrique Gorostieta Velarde, fallecido poco antes de firmarse "los arreglos" entre la Santa Sede y el Estado de México.

5º La verdadera persecución vino después de la Cristiada

Durante esos tres años, el ejército cristero combatió al gobierno federal y, para junio de 1929, a las autoridades gubernamentales solo les quedaba recurrir a los conocidos “arreglos” para alcanzar una paz que en la realidad se mostraría ineficaz. La persecución continuó.

Caído el general, el destino de la contienda estaba escrito. El 21 del mismo mes, los obispos Ruiz y Flores y Pascual Díaz firmaron con el presidente Portes Gil los acuerdos entre la Iglesia Católica y el Estado, más conocidos como “los arreglos”.

“El gobierno respetó los arreglos más o menos un año. Después hubo un cambio de gobierno y empezó una persecución religiosa feroz que duró hasta 1936, cuando Cárdenas tomó el poder”.

Cárdenas, el nuevo presidente, ateo, de familia católica y bautizado, “no era un general matón revolucionario, y conocía muy bien el México profundo. Cuando viajaba se quedaba a dormir en casa del cura. Entendió que había que devolver la paz religiosa a México, y sin eso no podía hacer nada”, explica el historiador. “Le costó dos años desmantelar toda la red de gobernadores del tiempo de Calles que sí eran anticlericales para alcanzar la paz”.

“En el momento en que Cárdenas triunfó sobre Calles, cuando llegó al poder, solo había 305 sacerdotes autorizados para todo el país”, en lugar de los 5000 que había en un principio. En 18 estados no había un solo templo abierto. “Durante el conflicto religioso nunca se llegó a ese extremo de persecución”, cuenta el historiador.

Resumen gráfico de la guerra declarada por el Estado a la Iglesia en México.

6º Y hubo respuesta: “La Segunda”

“Hubo un segundo levantamiento, mucho más pequeño... el Papa apostó que sería terrible y denunció la violación de los acuerdos, pero creía que tarde o temprano llegaría un presidente nuevo y las cosas se calmarían”.

Pío XI “ganó la apuesta”, pero a un alto precio. De 1931 a 1938 fueron años de persecución religiosa y los pocos miles de guerrilleros católicos que permanecían combatiendo fueron obligados por el Papa a abandonar las armas, bajo pena de excomunión.

Sin embargo, la Iglesia permaneció. El gobierno redujo entonces la cifra autorizada de sacerdotes, y las autoridades solo permitieron el ejercicio de un sacerdote por cada 100.000 fieles.

En palabras del historiador mexicano Luis González, “la Iglesia era un roble frente a los ataques de sus enemigos. Ni el leñador líder, ni el intelectual ni el político lograron que sus hachas penetraran mayormente el tronco eclesiástico”.  

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