Viernes, 23 de agosto de 2019

Religión en Libertad

El arzobispo Georg Gänswein presentó y elogió el libro

Rod Dreher planta en Italia las semillas de la «Opción Benito» y regresa sintiéndose bendecido

El 11 de septiembre, el arzobispo Georg Gänswein (en el centro), prefecto de la Casa Pontificia y secretario de Benedicto XVI, presentó «La Opción Benito», de Rod Dreher (segundo por la derecha) en la Cámara de Diputados italiana. Foto: IMedia en el blog Secretum Meum Mihi.
El 11 de septiembre, el arzobispo Georg Gänswein (en el centro), prefecto de la Casa Pontificia y secretario de Benedicto XVI, presentó «La Opción Benito», de Rod Dreher (segundo por la derecha) en la Cámara de Diputados italiana. Foto: IMedia en el blog Secretum Meum Mihi.

ReL

Desde su publicación en marzo de 2017, The Benedict Option [La Opción Benito] se ha convertido en uno de los libros más influyentes de los últimos tiempos en el ámbito católico estadounidense. Y lo mismo cabe decir de su autor, Rod Dreher, un escritor habitual en los medios conservadores que, a raíz del éxito comercial de su obra y de su capacidad para suscitar debate, ha alcanzado un gran eco fuera de su país.

Dreher, de 51 años, natural de Baton Rouge (Luisiana) casado y padre de tres hijos, fue educado como metodista, se convirtió al catolicismo en 1993 y lo sustituyó en 2006 por la ortodoxia, según propia declaración a causa de los escándalos de abusos que comenzaron a conocerse a partir de 2002.

En La Opción Benito ofrece, según reza el subtítulo, Una estrategia para cristianos en una nación post-cristiana. Tras constatar en nuestros días la destrucción de los vínculos personales y el progresivo y ya casi absoluto alejamiento de Dios de las sociedades occidentales, esa estrategia toma su modelo en la reconstrucción de la civilización por parte de los monjes de San Benito tras la invasión de los bárbaros. Ante la imposibilidad de convertir al mundo según las reglas del mundo, se trataría de crear ámbitos de vida comunitaria enraizados en la fe a modo de islas-faro a las que se irían aproximando los nuevos bárbaros para dar lugar a una nueva sociedad cristiana como la que alumbraron los monasterios en la Edad Media.

La Opción Benito acaba de publicarse en Italia. Con motivo de la campaña de promoción del libro allí, Dreher escribió un artículo en su blog de The American Conservative (medio del que es director) relatando su contacto con los seguidores italianos de su pensamiento. Extractamos este artículo como expresión vital de la propuesta de Dreher, tal como la vive su autor:

LOS ITALIANOS PLANTAN SEMILLAS CERCA DEL AGUA

Escribo este diario mientras cruzo el Atlántico norte, de vuelta a casa después de pasar nueve días en Italia. Mi corazón está lleno hasta desbordarse, y vuelvo con más confianza que nunca en la idea de la Opción Benito. Todo gracias a la gente que he conocido en Italia.

En la Divina Comedia de Dante, el Infierno es un lugar de aislamiento total, en el que las almas de los condenados están solas para siempre con sus pecados. Dante era católico y realmente creía en el Infierno; pero el Infierno de Dante representa también la vida en la tierra tal como la viven quienes están consumidos por la adoración de sí mismos.

El Purgatorio, la segunda parte del poema, simboliza la vida en la Iglesia. Es decir, el Purgatorio es el viaje de los redimidos en esta vida en su camino hacia el cielo. Han sido salvados por la gracia de Dios, pero tienen que seguir luchando contra su tendencia al pecado. Mientras caminan se ayudan los unos a los otros. El Purgatorio es el lugar en el que la comunidad humana es reconstruida a partir de las ruinas de su aislamiento radical. Los redimidos saben hacia dónde van y, para ayudarse los unos a los otros, se comprometen en el amor para, así, alcanzar la meta.

Para mí, estos últimos nueve días en Italia han sido el Purgatorio en este edificante sentido. He hecho nuevos amigos y he renovado antiguas amistades. Dondequiera que iba conocía a cristianos peregrinos como yo, y compartía el tiempo con ellos. El simple hecho de estar con ellos, reírnos, comer y beber juntos, hablar, ha significado para mí mucho más de lo que puedo expresar con palabras. Una de mis mayores debilidades, como podría confirmar cualquiera de mis confesores, es que paso mucho tiempo dándole vueltas a las cosas en mi cabeza. No ha sido así en estos nueve días. He estado con gente que me ama, y que me han permitido amarles. El sentimiento de armonía, de plenitud, era tal -no sé muy bien cómo expresar esto-, que era incluso sanador, un bálsamo para el sentido de aislamiento que yo también siento demasiado a menudo.

El domingo, mi amigo Giuseppe Scalas, que escribe comentarios en este blog, vino a buscarme a mi hotel. Había planeado llevarme a la Divina Liturgia ortodoxa, pero nos perdimos buscando la pastelería siciliana donde se suponía que debíamos recoger los postres para el picnic que tendría lugar después. Cuando conseguimos orientarnos en esta desconocida zona de Milán, era demasiado tarde para la liturgia. Nos reunimos con la esposa, la madre y los hijos de Giuseppe, y en coche nos dirigimos hacia Brianza, en el campo, al este de Milán, para pasar la tarde con jóvenes familias católicas italianas que están interesadas en la Opción Benito.

Nuestros anfitriones eran Giovanni y Alice Zennaro. Giovanni y su hijo de nueve meses Pietro (ver foto más arriba) nos dieron la bienvenida, y al rato tenía una cerveza fría Nursia en mis manos.

Para Giovanni y para mí fue la ocasión de volvernos a ver. Nos conocimos el verano pasado en San Benedetto del Tronto, y después pasamos un par de horas en Nursia. En esta foto de hace un año estoy con Giovanni y su querido amigo Stefano Schileo:

El domingo, además de Stefano y su esposa Alessandra, había otros matrimonios católicos. Lo celebramos, ¡vaya si lo celebramos!

(...)

A los Zennaro les había llevado de regalo una bandera no oficial de Louisiana. Giovanni la colgó del balcón situado encima de las viñas.

Después de comer gran cantidad de dulces sicilianos, sobre las cuatro llegó un sacerdote, don Luigi, que venía de su ermita para celebrar la misa en el salón de los Zennaro. Don Luigi ofreció la misa por la curación de Giovanni Pellei, un adolescente de la comunidad de Tipi Loschi, que está luchando contra un cáncer. La mayoría de estos cristianos no conocía a Giovanni, pero allí estábamos todos, rezando por ese afectuoso joven y su familia.

Stefano y Giovanni (a la derecha) cantaron las oraciones litúrgicas en latín. En tiempos aprendí estas oraciones (el Credo, el Gloria, el Pater Noster) en latín, y descubrí que la mayoría volvían a mi memoria. Con los ojos cerrados, oía el canto de los hombres resonar en el suelo de baldosas; era fácil imaginarse que estábamos en Nursia. La habitación se llenó de la presencia de ángeles, o eso me pareció.

(...)

Esta era la lectura del Antiguo Testamento que se leyó en el rito ambrosiano el domingo: "Pero sobre nosotros se derramará el espíritu desde arriba. Entonces el desierto se transformará en vergel, y lo que ahora es llamado vergel será tenido por terreno baldío. En el desierto acampará el Derecho; en el jardín descansará la Justicia. La obra de la Justicia será la Paz y los frutos de la Justicia serán tranquilidad y seguridad para siempre. Mi pueblo vivirá en habitaciones buenas, en barrios seguros, en lugares tranquilos. La selva será cortada, y la ciudad humillada. Felices vosotros, que sembraréis entonces a orillas de todos los esteros o soltaréis sin problemas vuestro buey o vuestro burro" (Is 32, 15-20).

El profeta habla de la redención que llegará a la tierra del "gobierno recto", es decir, una vida ordenada según la voluntad de Dios. Un escalofrío me recorrió la espalda cuando Giovanni me mostró esto. Nos habíamos reunido para hablar sobre la Opción Benito y para discernir qué significa para nosotros, en este momento y en este lugar. Esta lectura era una coincidencia llena de significado.

Cuando llegó la noche, los Scala volvieron a Milán. Se quedaron los Zennaro, los Schileo y sus amigos Raffaele y Chiara, cuyo apellido no recuerdo. Hace aproximadamente un año, estos tres matrimonios tuvieron una idea para empezar una pequeña comunidad Ben Op, en la que las familias vivieran cerca y se apoyaran en la oración y en la vida. Esta idea aún no ha prosperado por diversas razones, ninguna de ellas tan conmovedora como la muerte de Clarissa, la hija recién nacida de Stefano y Alessandra.

Clarissa nació sana, pero durante el parto se contagió con una infección bacteriana. En el bautismo del pequeño Pietro Zennaro se corrió la voz que la situación de Clarissa era muy grave. Unos días más tarde, murió. Esta es una foto de la pequeña tomada en sus cinco días de vida aquí en la tierra:

"Ahora tenemos a alguien que reza por nosotros en el cielo", dijo su padre.

Stefano me explicó que la muerte de Clarissa les había causado un enorme sufrimiento, que les había hecho preguntarse cuál era realmente la providencia de Dios para Alessandra y para él, y para sus amigos. Siguen discerniendo. Stefano afirmó que si no hubiera sido por su fe, y por el vínculo de fe, esperanza y amor que comparten con los demás en esa habitación, Alessandra y él no saben cómo podrían haber superado la crisis.

Stefano dijo -y los demás estuvieron de acuerdo con él- que todos intentan vivir por medio del misterio de la muerte de Clarissa, y lo que ello significa para su amistad, sus esperanzas y sus sueños por un futuro juntos. Habló con mucha firmeza y serenidad, mientras su mujer le miraba con callada solidaridad. Yo pensé: éstas son buenas personas, personas con una fe sólida como una roca. Me gustaría ser como ellos.

(...)

 

Esa noche dormí en la habitación de invitados de los Zennaro, preguntándome qué había hecho para ser bendecido por la amistad de estas personas. Este es un pensamiento que ha cruzado mi mente cada día de este viaje a Italia.

A la mañana siguiente me uní a Giovanni y Alice para Laudes.

Más tarde, Giovanni y yo subimos mi equipaje a su Subaru Forester, y emprendimos el viaje hasta Génova, pasando por Montevecchia, un pueblo en la colina que se puede ver desde las ventanas de la casa de los Zennaro. Don Luigi vive allí como eremita, y se ocupa de la iglesia.

Resulta que una de las mejores heladerías de Italia, Montebianco, está aquí. Con gran suerte por mi parte, los dueños estaban abriendo el lunes por la mañana. Giovanni y Alice solían vivir en el apartamento que está encima de Montebianco, y para Giovanni fue una ocasión para volver a ver a los propietarios, Walter y Marinella Stuerz.

Los Stuerz no suelen abrir la heladería hasta la tarde, pero hicieron una excepción para que su visitante americano pudiera probar su gelato, que ha ganado varios campeonatos del país.

 

Después, subimos hasta la iglesia con don Luigi, desde donde hay estas magníficas vistas de la campiña circundante.

(...) 

El eremita nos acompañó a nuestro coche y partimos hacia Milán para comer y, a continuación, hacia el sudoeste, hacia Génova. En el viaje, Giovanni habló de la cantidad de edificios que son propiedad de las parroquias y las diócesis de Europa, que no saben qué hacer con ellos. Dijo que esperaba que alguno se ofreciera a pequeños grupos de católicos -familias y personas solteras-, que quieran construir una comunidad. ¡Qué gran idea!

Génova ha sido la última parada de mi tour italiano. El cardenal Angelo Bagnasco, arzobispo de Génova, es fan de The Benedict Option, y ha comprado 200 copias de la traducción italiana para sus sacerdotes. Me había invitado para dar una charla antes de volver a los Estados Unidos y yo acepté encantado. Por desgracia, él tenía asuntos en Roma, y no pudimos vernos.

Un irreprimiblemente alegre librero católico llamado Luca ha sido nuestra guía en la ciudad. Debido al tráfico de entrada a la ciudad -efecto, también, del reciente y catastrófico derrumbe del puente-, sólo hemos podido ver rápidamente la catedral, que celebra su 900º aniversario este año. He dado mi charla en el Oratorio de San Felipe Neri, en el casco antiguo de Génova.

Don Mauro es el segundo por la izquierda. En el centro, el librero Luca. A la derecha, Rod Dreher.

Quién lo iba a decir, ¡en el oratorio no quedaban asientos! Muchísima gente ha venido para oír mi discurso, y la posterior mesa de debate. Si alguien me hubiera dicho hace tres décadas que un día estaría sentado en una iglesia barroca de Génova -o en cualquier otro lugar- hablando abiertamente del Evangelio, habría pensado que esta persona estaba loca. Pero ha sucedido. Y he sido capaz de hablar con tanta pasión, no sólo porque creo en ello, sino porque he pasado los últimos ocho días en compañía de gente que también cree en ello. He oído al arzobispo Georg Gänswein, secretario personal de Benedicto XVI, decir a una multitud en Roma que mi análisis de la crisis de la Iglesia es certero, y que mi libro ofrece una esperanza y una inspiraciones reales. Todos estos nuevos amigos me han ayudado a creer en mi mensaje, pero sobre todo, a creer con más fuerza en Jesucristo. Sentado en una iglesia de Génova abarrotada de gente he pensado: "¿Qué diría Marco Sermarini en un lugar como este?", y he hecho lo posible por imitarle.

Tras la charla y la firma de libros, don Mauro nos enseñó a Giovanni y a mí la iglesia. Es una joya del barroco. Pero lo que más me impresionó fue don Mauro. De pie en la sacristía tuvimos una pequeña charla, en la que hablamos del perdón y la esperanza y del amor de don Mauro por el sacerdocio, aunque su padre nunca lo entendió. Fue uno de esos momentos de hablar "de corazón a corazón" que he tenido tan a menudo en Italia, cuando se comunica mucho más de lo que dicen las palabras.

Giovanni y yo comimos por última vez juntos en un restaurante cerca del hotel del aeropuerto. 

(...)

Después de despedirnos en el hotel, Giovanni emprendió su viaje de vuelta por la noche y yo me retiré a mi habitación para dormir unas horas antes de ir al aeropuerto. Ahora estoy cruzando América del norte, volviendo a casa.

(...)

Los grandes árboles caerán, el bosque será abatido, pero en la tierra yerma de nuestra civilización poscristiana sé donde encontrar creyentes que viven en paz, sin miedo, en casas que son un sereno lugar de descanso. Acabo de pasar ocho días bendecido con su compañía y alentado -enormemente alentado- por su ejemplo. Sí, algo se está muriendo, pero algo nuevo está también naciendo. Estos jóvenes cristianos, hombres y mujeres, que viven según un gobierno recto están plantando semillas cerca del agua.

Id y haced lo mismo.

Postdata: en el avión que me llevaba a casa, he leído La sal de la tierra, el libro-entrevista que en 1996 le hizo el periodista Peter Seewald al entonces cardenal Joseph Ratzinger. Es increíble. Desearía haberlo leído antes de escribir La Opción Benito. Habría arrojado luz sobre tantas cosas. No me extraña que al arzobispo Gänswein le guste mi libro.

Un pasaje: "Pero estoy seguro de que a la Iglesia, tampoco en el futuro, le faltará creatividad. Si piensa en la Antigüedad, quizás no nos hemos dado cuenta todavía de lo que fue San Benito. Era un hombre atípico que provenía de la nobleza romana e hizo algo extraño. Sin embargo, más tarde, su singularidad se convirtió nada menos que en 'el arca de supervivencia para Occidente'. Yo pienso que hoy en día también hay muchos cristianos que se retiran, en ese sentido, huyen de ese extraño consenso de la existencia moderna y buscan nuevos modelos de vida; ahora tampoco llaman la atención de la opinión pública, pero con el tiempo, en el futuro se reconocerá lo que en realidad están haciendo".

Pincha aquí para leer el artículo en su integridad.

Fotos: The American Conservative.

Traducción de Elena Faccia Serrano.

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