Miércoles, 16 de junio de 2021

Religión en Libertad

Fallece el catedrático de Ética Médica Gonzalo Herranz: con pasión, hacía visible al embrión humano

Ha fallecido Gonzalo Herranz, gran experto en biología embrionaria, bioética y ética médica
Ha fallecido Gonzalo Herranz, gran experto en biología embrionaria, bioética y ética médica

P.J.G./ReL

Lo que hicierais por uno de estos, los más pequeños... Las palabras de Jesús se pueden aplicar al doctor Gonzalo Herranz, fallecido este jueves 20 de mayo, que se esforzó muchos años por hacer visible al humano más pequeño: el embrión.

"[Los médicos] Han de referirse a él [al embrión humano] como a un ser humano, cuando informan a sus pacientes en las consultas prenatales, y, sobre todo, en el momento de prescribir y dispensar. Es importante hablar de seguridad y riesgos de los medicamentos en los dos primeros meses de la gestación. Pero eso se hace poco. Parece existir, en muchos ambientes médicos, en la práctica profesional y en la investigación, una conspiración de silencio en torno al embrión joven en el seno de la madre, en especial al embrión todavía no anidado. Se prefiere olvidarlo o anularlo. No sabemos mucho de él. Tampoco interesa mucho saber demasiado, pues es bueno tener un escape para descargar la tensión ética de la destrucción embrionaria de la contragestación y de la reproducción asistida".

Es una de las denuncias valientes y enseñanzas detalladas (en esta charla sobre Bioética y desarrollo embrionario) del médico y experto en Ética Médica Gonzalo Herranz Rodríguez, que ha muerto este 20 de mayo a los 90 años.

En 2016, al presentar su libro El embrión ficticio, denunciaba la forma en que algunos poderosos ocultan o tergiversan lo que la ciencia sabe y enseña.

Portada de El Embrión Ficticio, del médico bioético Gonzalo Herranz

"La ciencia de hoy, con su enorme poder y autoridad, es una empresa humana, hecha por personas muy inteligentes, pero muy ambiciosas y, en muchos casos, imbuidas de ideologías sociopolíticas muy definidas. La minusvaloración del embrión humano empezó con los científicos que programaron la contracepción moderna. Sabían que la contracepción causa de modo inevitable la pérdida de embriones humanos: para que pudiese ser aceptada por la sociedad era necesario decir que los embriones perdidos en la contracepción no eran propiamente seres humanos. Ahí empezó todo: los científicos crearon una imagen empobrecida del embrión y se la dieron a los filósofos y teólogos; y estos la aceptaron encantados, pues, de ese modo, la contracepción quedaba libre de la sospecha de destruir embriones".

En una entrevista en 2014 era más contundente aún: "Los bioéticos tienen sus ideas muy definidas. Están polarizados: o defienden la vida o la minusvaloran y desprecian. No hay términos medios. Falta un fondo moral común, y abunda el desdén de unos por otros. A mi parecer, la bioética está bastante echada a perder porque lo bioéticos saben muy poca biología y prefieren ser más brillantes que rigurosos. [...] El mensaje es, para mí, claro: para influir en la sociedad hay que meterse en los parlamentos, en los medios de comunicación, en las sociedades científicas. Es tarea de los individuos. Y es tarea de grupos: hacen falta partidos políticos nuevos, grupos de presión serios, ONGs fuertes. Hay que meter levadura en la masa".

Gonzalo Herranz Rodríguez era profesor emérito de Ética Médica de la Universidad de Navarra, ámbito en el que fue un referente mundial y su currículum científico y bioético detallado es impresionante.

En este vídeo, Herranz denuncia el uso de la ideología anti-vida y de la mala ciencia para ocultar las realidades biológicas molestas, que son provida

Nació en O Porriño (Pontevedra) el 27 de enero de 1931, comenzó los estudios de medicina en la Universidad de Santiago de Compostela (1948) finalizándolos en la de Barcelona con premio extraordinario (1954). Se especializó en Anatomía Patológica en el Hospital de la Santa Cruz y San Pablo, ampliando estudios en Tubinga y Bonn. En 1957 alcanzó el grado de doctor en la Universidad de Barcelona donde se orientó a la docencia. En 1962 fue nombrado profesor ordinario de Histología y Anatomía patológica de la Universidad de Navarra. En 1971 obtuvo la cátedra de Histología, Embriología General y Anatomía patológica de la Universidad de Oviedo.

De vuelta a la Universidad de Navarra fue vicerrector de la Universidad de Navarra (1974-1978) y decano de la Facultad de Medicina de esta Universidad (1978-1981). Fue Profesor Ordinario de Etica Médica (1987-2002) y director del Departamento de Humanidades y Etica Médica hasta el año 2001. Su investigación se centró, principalmente, en los órganos hematopoyéticos y en las lesiones del riñón y se contiene en 65 artículos en revistas de la especialidad.

En 1987 cambió su orientación profesional para dedicarse a la ética médica. Dirigió su investigación hacia los aspectos éticos de la profesión, la posición de la bioética en el curriculum médico y múltiples aspectos prácticos entre los que se cuentan: el valor de la vida naciente, la eutanasia, la ética hospitalaria, etc. Escribió unos 100 artículos sobre estos temas.

Es autor de una monografía titulada 'El respeto, actitud ética fundamental de la medicina', de unos Comentarios al Código de Deontología médica (3 ediciones), y del libro 'Leyendo entre líneas: Una historia crítica de la contracepción' (también en versión inglesa, 2020).

Fue presidente (1984-1995), secretario (1995-2002) y vocal (2002-2007) de la Comisión Central de Deontología de la Organización médica Colegial, y vicepresidente de la Comisión de Ética del Comité Permanente de los médicos de la Comunidad Europea (1986-1988).

Asimismo fue vicepresidente de la Federación Mundial de Médicos que respetan la Vida humana (1986-1992), consultor de la Congregación vaticana para la Educación Católica (1989- hasta la actualidad), miembro del Consejo Directivo de la Academia Pontificia para la Vida (1994), y miembro del Comité Internacional de Bioética, de la UNESCO (1996).

Recibió diversos premios como el Médico Humanista del Año de España (1995) y el Premio Reflexión 2002 al artículo Células troncales embrionarias: retórica y política, además de la Medalla de oro de la OMC (Organización Médica Colegial) de España (2007).

Para el decano de la Facultad de Medicina de la Universidad de Navarra, el doctor Secundino Fernández, el profesor Herranz "fue un universitario íntegro y completo, un sabio, un verdadero maestro. Desarrolló materias novedosas en las áreas de Patología Experimental, Escritura y Redacción Médica y la Ética Médica. Siempre supo espolear de manera atractiva el pensamiento y el aprendizaje de sus alumnos, discípulos y colegas. Acudió diariamente a la Facultad de Medicina, hasta casi los 90 años, para aportar conocimiento y luz en la búsqueda y descubrimiento de la verdad poniendo en ello todos sus talentos y energías".

Uno de sus textos sobre el origen del individuo humano se ha utilizado bastante en divulgación sobre embriología ante el debate sobre el aborto. Lo copiamos por su capacidad divulgativa:

***

La vida de un ser humano comienza en la fecundación que es la unión de un óvulo con un espermatozoide. La palabra clave aquí es “unión” y por eso, nadie puede afirmar que un día fue un espermatozoide o un óvulo pero todos podemos afirmar que un día fuimos un embrión que se estaba implantando en el útero de su madre.

Espermatozoides y óvulos son células destinadas a desaparecer en unas horas, "moribundas". Los espermatozoides pueden sobrevivir hasta 5 días en el útero de la mujer siempre y cuando haya secreción, propia del periodo fértil. El óvulo sólo sobrevive unas 24 horas una vez expulsado del ovario.

Sin embargo, el ser vivo resultante de la unión de esas dos células "moribundas" llegará a vivir no días, sino muchos años (unos 80 años, según la esperanza de vida en algunos países). En la fecundación ha ocurrido algo extraordinario, irrepetible, espectacular, algo clave.

Ese nuevo ser vivo se desarrolla siguiendo su propio plan y con la ayuda de diferentes tipos de alimentos. Al principio se nutre de las reservas que había en el óvulo y también de los nutrientes existentes en la trompa de la mujer; luego se implanta en el útero y se nutre de la sangre que le llega a través de la placenta; después del parto se nutre con la lactancia materna que continúa con biberones; más tarde vendrán los primeros purés, las primeras comidas sólidas; se puede hacer vegetariano o comer carne o alimentarse de pollo, comer poco en una dieta o mucho en una fiesta; y, si enferma, puede nutrirse desde una sonda nasogástrica o por alimentación parenteral, pero siempre se alimentará hasta su muerte natural.

El cambio de modo de nutrición no indica en ningún caso un cambio tan radical que se pueda decir que allí y entonces comienza la vida ni si en ese momento “comenzamos a ser humanos”. Por eso, no tiene mucho sentido decir que la vida, el embarazo, empieza cuando el embrión ya está implantado en el útero o cuando es capaz de sobrevivir fuera del cuerpo de su madre.

Tú fuiste una vez un ser humano cuyo cuerpo sólo tenía una célula, con genes humanos, con un sexo determinado (varón o mujer) y que comenzó a desarrollarse como un ser humano. Hiciste tu primer viaje en el cuerpo de tu madre: desde su trompa hasta su útero. El mismo que hicieron tus hermanos, si los has tenido. Lo demás ha sido seguir creciendo y, si prefieres, cambiando simplemente el “menú” y la forma de nutrirse.

 

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