La paz fruto del servicio
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Estos días se nos habla de la paz, como ausencia de guerra y de malestar. Pero, el evangelio nos habla de este don como un fruto del Resucitado.
Hoy nos encontramos con los discípulos de Emaús. Dos personas que habían perdido la paz en su corazón, porque el Maestro que soñaban les había frustrado. Por eso dejan la comunidad, y se ponen a andar sin un rumbo fijo. Van mal. Con queja interior y exterior. Su vida había dejado de ser una existencia de entrega. No había entendido del todo, lo que Jesús les quiere decir, cuando estaba con ellos. El Señor les reclamaba una vida en continua salida de sí mismos. Les pedía amar hasta el extremo. Pero, ellos solo piensan en sus planes, estamos ensimismados. Llora y pierden la paz.
Por ello, el Señor les sale al encuentro, y les habla de él mismo, de su existencia donada hasta el final por amor. Es una pena que no sepamos todo lo que les dijo, pero lo podemos conocer, porque nosotros también podemos estudiar la Escritura. Os animo a ello. Jesús se les acerca y les dice quien es en la fracción del pan, cuando se pone a servirles. De nuevo, recobran la paz. Saben que su destino es ponerse en marcha y servir. Así, el primer servicio es el anuncio de lo que les ha pasado. Ya no pueden hacer otra cosa, que ir a la comunidad y dar testimonio. Eso les llena de paz, que se convierte en un don del Espíritu, porque es una paz que nace del servicio y de la entrega. De este modo, su vida cambia y se empieza a dar. La paz es fruto de la entrega, de servir., de darse. A ti y a mí el Señor nos pide lo mismo. Tenemos lucha y quejas en nuestra vida. Nos miramos a nosotros mismos. Y dejamos de lado al Señor y los hermanos. Pero, Jesús se acerca. Nos da señales de que está vivo. Nos ama. Se nos da en la Eucaristía. Le reconocemos. Es entonces, cuando él hace que nos pongamos en salida. Nos llama a servir. Y desde ahí nace la paz, en una vida totalmente donada. La paz se convierte en un don que nace de nosotros que nos ponemos a amar a los demás desde el corazón y la paz del Señor, que nos puede cambiar por dentro. Por eso, hermano, hermano, te invito que ante la dificultad, no te mires a ti. Pon tu vista en Él, que viene a darse. Quiere que tengas la paz, que nace de una vida que desposeída de lo tuyo, se vuelca a la entrega del otro. Eso, es lo único te puede dar la paz a tu corazón. Servir nos da paz.
Belén Sotos Rodríguez