Religión en Libertad

Proyecto Amor Conyugal

Tu matrimonio como Dios lo pensó

Comida basura. Comentario para matrimonios: Juan 6, 51-58

Creado:

Actualizado:

Para ver los próximos RETIROS Y MISIONES haz click AQUÍ

Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Juan 6, 51-58

En aquel tiempo, dijo Jesús a los judíos:

«Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo; el que coma de este pan vivirá para siempre. Y el pan que yo daré es mi carne por la vida del mundo».

Disputaban los judíos entre sí:

«Cómo puede este darnos a comer su carne?».

Entonces Jesús les dijo:

«En verdad, en verdad os digo: si no coméis la carne del Hijo del hombre y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros. El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día.

Mi carne es verdadera comida, y mi sangre es verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre habita en mí y yo en él. Como el Padre que vive me ha enviado, y yo vivo por el Padre, así, del mismo modo, el que me come vivirá por mí.

Este es el pan que ha bajado del cielo: no como el de vuestros padres, que lo comieron y murieron; el que come este pan vivirá para siempre».

Comida basura.

¿De qué dios me alimento? trabajo, dinero, imagen, redes sociales, … de mi esposo/a al intentar controlarlo/a y exigirle reconocimiento, …. vivimos de grandes banquetes para acallar una voz, mitigar un dolor, enterrar un miedo … y luego, movidos por el remordimiento, afrontar el “gran ayuno”. Y vuelta a empezar.

Te propongo algo diferente: la dieta de Cristo. Aliméntate de Él empezando en lo pequeño, dejándole espacio para que te vaya nutriendo: el fin de semana, tres capítulos de tu serie favorita en vez de cuatro. Cada día, un detalle de entrega a tu esposo/a sin esperar recompensa. Ayuna de tener razón, del sarcasmo, del chismorreo, …. No se trata de hacer grandes ayunos, se trata de alimentarse mejor: de lo bueno, de lo verdadero y de lo bello. El resto, poco a poco, lo estimarás basura.

Aterrizado a la vida Matrimonial:

Juan, veía su vida con una rutina angustiosa. Cada día tras el trabajo, siempre lo mismo: cena rápida, un par de capítulos, móvil en la cama y dormir. María, su mujer, solía decirle que lo notaba lejos, pero a él aquello le sonaba exagerado. “Estoy aquí, ¿no?”, pensaba.

Estaba a punto de poner otro capítulo y se quedó mirando el mando unos segundos. Esa última catequesis de San Juan Pablo II sobre el Amor divino entre los esposos del último encuentro de matrimonios de Proyecto Amor Conyugal, le había removido.

Estaba cansado de verdad. De sentirse siempre saturado y vacío al mismo tiempo. Y no veía a Dios en ningún lado. Así que apagó la televisión. Y en silencio rezó de corazón. No justificándose ni exigiendo a Dios, sino mostrándole su desorden para que Él tomara la iniciativa. Al principio el silencio le incomodó muchísimo.

No dijo nada aquella noche. Pero al día siguiente volvió a apagar la televisión un poco antes. Otro día dejó el móvil fuera de la habitación. Otro, decidió escuchar a María sin defenderse inmediatamente.

Eran cosas pequeñas. Casi ridículas.

Pero en ese espacio surgió una paz distinta. No porque los problemas desaparecieran, sino porque ya no necesitaba llenarlo todo de ruido para no escuchar su propio corazón. Y desde ahí empezó también a mirar distinto a María: menos como alguien que le exigía y más como alguien que compartía con él la misma pobreza.

Sin darse cuenta, Cristo había empezado a entrar por el hueco que dejó. En el silencio, a través de la oración, que fructificaba en pequeños detalles que empapaban su vida de sentido y de eternidad.

Madre,

Aliméntanos de tu Hijo. Sea por siempre bendito y alabado, que con Su Sangre nos redimió.

Suscríbete

y recibe nuestras noticias directamente