Siempre presente. Comentario para Matrimonios: Marcos 7, 24-30
Para ver los próximos RETIROS Y MISIONES haz click AQUÍ
Evangelio del día
Lectura del santo evangelio según san Marcos 7, 24-30
En aquel tiempo, Jesús fue a la región de Tiro. Entró en una casa procurando pasar desapercibido, pero no logró ocultarse. Una mujer que tenía una hija poseída por un espíritu impuro se enteró en seguida, fue a buscarlo y se le echó a los pies. La mujer era pagana, una fenicia de Siria, y le rogaba que echase el demonio de su hija. Él le dijo: «Deja que se sacien primero los hijos. No está bien tomar el pan de los hijos y echárselo a los perritos». Pero ella replicó: «Señor, pero también los perros, debajo de la mesa, comen las migajas que tiran los niños». Él le contestó: «Anda, vete, que, por eso que has dicho, el demonio ha salido de tu hija». Al llegar a su casa, se encontró a la niña echada en la cama; el demonio se había marchado.
Siempre presente
Puede parecer en muchas ocasiones que el Señor pasa desapercibido o que no está presente en este o aquel momento e incluso le podemos echar en cara como permite cierto tipo de situaciones, pero realmente no es así, y cuando tenemos esas percepciones lo que nos está ocurriendo es que no aceptamos ni entendemos la voluntad Dios. Pero el Señor siempre está presente, a nuestro lado, incluso en esos momentos que no queremos que esté, pero está mucho más pendiente de nosotros de lo que nos podemos imaginar y solo nos acordamos de Él cuando vemos que por nosotros mismos no podemos o no entendemos. Como cambia la cosa cuando buscamos a Dios en todo momento, en lo que hacemos y dejamos de hacer, en lo bueno y en lo malo, siendo conscientes de la verdadera presencia del Señor en todo, unas veces para dar gracias y otras tantas para pedir perdón. Dios siempre está a nuestro lado, pero no le percibimos si nosotros no queremos, tenemos la libertad absoluta de querer o no querer y Él se manifiesta de muchas maneras y siempre depende de nosotros.
Aterrizado a la vida Matrimonial:
Valeria: Eduardo, ¿te has dado cuenta de lo a gusto que se está con Ángeles y David. La manera de hablarse, como se miran, la delicadeza de trato entre ellos y una infinida de detalles que se notan estando con ellos.
Eduardo: Si Valeria, como no lo voy a notar, es imposible no darse cuenta, lo contrario que tú y yo, que siempre estamos a ver quién puede más.
Valeria: Como se nota que tienen a Dios en su vida y en su matrimonio, le buscan en todo, aceptan su voluntad y lo ponen en práctica manifestándole a través de su amor.
Eduardo: La verdad es que podríamos intentarlo tú y yo, ¿qué diferencia hay entre ellos y nosotros? Solo que no queremos aceptar que Dios está en nosotros y lo manifestamos intentando dominarnos el uno al otro.
Valeria: Cuanta razón tienes Eduardo, vamos a intentarlo. Ya sabemos que la solución no está en tener la razón sino en confiar en el Señor sabiendo que está en nosotros.
Eduardo: Y que mejor manera de empezar que pidiéndote perdón. Perdóname querida Valeria, he sido un egoísta contigo imponiéndote mi criterio y evitando reconocer mis debilidades, haciéndome el fuerte a base de hacerte daño.
Valeria: Gracias Eduardo, eres un regalo y no he querido verlo pensando que tenías que estar siempre a mi servicio en todo y que tenían que ser las cosas como yo digo. Perdóname por no haber sabido ver el gran hombre que eres.
Eduardo: Tu sí que eres grande, eres la esposa más maravillosa del mundo.
Valeria: Vamos a por todas. Ahora que hemos conseguido echar el demonio de nuestro amor propio, te parece que empecemos por ir juntos a misa para dar gracias a Dios por nuestro matrimonio.
Madre:
Ayúdanos a tener siempre presente a tu Hijo a través de nuestro esposo. Bendito sea Dios.