Nico Montero: “En el Bernabéu no podemos quedarnos en el espectáculo”
El cantautor gaditano, con 35 años de música cristiana gratuita y 21 discos, cantará ante León XIV en el Santiago Bernabéu y reivindica la belleza como servicio humilde para tocar corazones en una España secularizada.
El cantautor defiende que el gran despliegue artístico solo tiene sentido si ayuda a convertir el show en puerta de oración.
La visita de León XIV recuerda que la belleza también evangeliza: templos, música, luz, arte. El encuentro del Papa con 80.000 personas en el Santiago Bernabéu será uno de esos momentos en que un estadio se transforma en lugar de fe compartida. En medio de un gran montaje artístico, la misión es sencilla y exigente a la vez: ayudar a que la gente no se quede en el show, sino que levante los ojos a Cristo. Desde ahí habla Nico Montero, referente de la música cristiana en España, que subirá al escenario como un servidor más del Evangelio.
Nico Montero
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Nico Montero acumula más de tres décadas de escenarios, siempre cantando gratis para anunciar el Evangelio con sus canciones.
-Gratitud, mucho agradecimiento a la Iglesia por contar conmigo en un momento así. Se me vino enseguida el recuerdo de Cuatro Vientos en 2003, con San Juan Pablo II y aquel millón de jóvenes, cuando canté «Abre los ojos», y de la JMJ de Madrid 2011 en Cibeles y de Lisboa más recientemente. He tenido la gracia de vivir varios eventos masivos y siempre intento no perder el norte: poner cada cosa en su sitio, sentirme pequeño y agradecido y verlos como oportunidades muy grandes para que el Señor toque muchos corazones.
-Me estoy apoyando mucho en San Agustín. Antes incluso de que el cardenal Premo fuera elegido Papa, la Orden de San Agustín me pidió un disco sobre él, y eso me obligó a adentrarme de verdad en su interioridad, su carisma, su experiencia vital y sus grandes intuiciones pastorales. De ahí nació «Corazón inquieto», y desde entonces San Agustín se ha vuelto un santo de cabecera al que recurro, que me orienta hacia una fe muy centrada en la caridad; ahora, acogiendo a un Papa agustino, siento el corazón agustiniano especialmente a flor de piel.
-Ante todo, sinceridad y verdad: voy como bautizado, como cristiano que vive esto como vocación y ministerio, no como hobby ni búsqueda de éxito. Son ya 36 años de recorrido, 21 discos y una vida entera recorriendo España de norte a sur, parroquia a parroquia, movimiento a movimiento, y también otros países, descubriendo que la música cristiana es una herramienta preciosa para transmitir el Evangelio. Cuando recibí el Premio Bravo, dije a los obispos que los músicos cristianos no somos un adorno, sino servidores que necesitamos ser cuidados y animados; eso es lo que quiero aportar también en el Bernabéu.
«La música cristiana no es un hobby ni un adorno: es vocación, servicio y ministerio.»
-Se vive como una gran responsabilidad. Habrá medios, bailarines, una sinfónica, un montaje muy atractivo y todo eso es bueno, porque el mensaje merece un envoltorio a su altura, pero el riesgo es quedarse ahí. Nuestro reto es crear el clima necesario para que el Señor toque el corazón de quienes estén en el Bernabéu y que de verdad “alcen la mirada”, no hacia el escenario, sino hacia Jesús.
-Porque, cuando entiendes esto como vocación para transmitir el Evangelio, no escatimas en ningún sitio. Igual que canto en un pueblecito humilde de La Mancha o en un hospital con enfermos terminales, daré todo en el Bernabéu; para mí no hay conciertos grandes o pequeños, todos son iguales en entrega. Es verdad que el formato cambia, en los lugares pequeños hay más intimidad y en los grandes el mensaje va en “píldoras”, pero la generosidad y la convicción tienen que ser las mismas.
«No hay conciertos grandes ni pequeños cuando estás al servicio del Evangelio.»
-Que vivan su fe con alegría, sin miedo ni complejos. Trabajo en el instituto público más grande de Cádiz, en un barrio muy secularizado, y allí no escondo mi fe: canto por los pasillos, los chicos conocen mi trayectoria y lo viven con naturalidad. No estamos para imponer nada, sino para compartir, y el testimonio personal —la coherencia entre lo que dices y lo que haces— es la herramienta más fuerte para que otros se pregunten de dónde nace tu alegría.
Como director de un instituto público, anima a vivir la fe sin complejos y a evangelizar sobre todo con el testimonio de vida.
«En un instituto público muy secularizado no escondo mi fe: la comparto con alegría, sobre todo con el testimonio de vida.»
-Lo primero es la oración y la vida de fe: nadie da lo que no tiene. Hacen falta sacramentos, dirección espiritual y formación teológica y musical para escribir buenas letras y hacer buenas canciones, porque la música cristiana no es un arte menor. Después, ponerse a disposición como servidor, sin creerse nunca un divo: estamos para el Evangelio, no para nuestro ego.
De parroquias pequeñas a grandes estadios, más de mil conciertos muestran una misma pasión: llevar a Dios a través de la música.
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