Religión en Libertad

«No se puede dedicar ni un euro a promover la muerte»

Alicia Latorre reclama una sociedad que acompañe y sostenga cada vida frente al aborto y la eutanasia.

La marea verde esperanza recorre Madrid en defensa de cada vida humana.

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La Marcha "Sí a la Vida" volverá a llenar Madrid de verde esperanza el domingo 31 de mayo, en un año marcado por el avance del aborto y la eutanasia en España. Bajo el lema «Sí a la Vida», más de 500 asociaciones saldrán a la calle para celebrar cada existencia humana y denunciar unas leyes que dejan desamparados a los más frágiles. 

Hablamos con Alicia Latorre Cañizares, coordinadora de la marcha y presidenta de la Federación Española de Asociaciones Provida, sobre el sentido de esta cita, la cultura de la muerte y los apoyos reales que necesitan las personas tentadas a renunciar a la vida.

Esta conversación coincide con un reconocimiento especial: el mismo día de la publicación de esta entrevista recibe la entrevistada en la Universidad CEU San Pablo el Premio a la Defensa Pública de la Vida, compartido con la Federación Europea One of Us, por su trayectoria en favor de la vida y la familia.

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-Este año la marcha celebra la vida, pero también responde al aborto y la eutanasia. ¿Cómo se sostiene ese equilibrio entre celebración y denuncia?

-Las dos cosas son necesarias y siempre se han tenido en cuenta. No es contradictorio celebrar y valorar toda vida humana y, a la vez, hacer frente a leyes injustas y a los ataques y abandonos. De lo contrario, sería un buenismo cobarde y derrotista, sin propósito de cambiar las cosas. En esta marcha hay compromiso y firmeza, junto con la proclamación de la grandeza de la vida humana y su valor único. Es un acto alegre y positivo porque celebra la vida, pero tiene denuncias y demandas muy claras en su manifiesto, sus testimonios y las declaraciones públicas en los medios. Cuando se creó la Plataforma Sí a la Vida, en 2011, con el objetivo de dar un testimonio público y unitario en torno al Día Internacional de la Vida, se acordó que, cuando hubiera ataques especiales a la vida humana, se tendría muy presente en el acto.

-¿Qué significa hoy decir “sí a la vida” en una sociedad que normaliza la muerte de los más frágiles?

-Es una respuesta positiva y constructiva en la vida personal y social. Significa reconocer el valor y la dignidad de todo ser humano, en cualquier momento y circunstancia. Significa plantar cara al mal que se está normalizando. Es responder con la verdad y con el bien a las falsas soluciones, a la manipulación, a quitar la vida y a abandonar a los más inocentes y vulnerables. Es querer formar parte de la cultura de la vida, que siembra, que es rebelde por la más justa de las causas, que persevera.

-¿Qué hay, en el fondo, detrás de esa conexión entre aborto, eutanasia y una determinada idea de progreso?

-Hay intereses ideológicos y económicos, manipulación, control y mucha mentira. Hay una “cultura de la muerte” que no solo mata y hiere, sino que anestesia las conciencias. Para eso presentan como un derecho, como un acto de libertad y progreso, actos tan objetivamente malos como matar, abandonar al enfermo, despreciar a quien tiene capacidades y necesidades especiales, investigar sin límites éticos, etc. Hay un origen perverso: destruir la sociedad e invertir los auténticos valores, presentando el mal como un acto compasivo y demonizando a quienes defienden la vida.

-¿Qué apoyo concreto falta más para que una mujer embarazada o una persona enferma no se sientan empujadas a renunciar a la vida?

-No se puede generalizar, porque cada persona y situación es un mundo, pero, en general, se necesita que tanto las personas cercanas como el marco social y legal acojan la vida con naturalidad y compromiso. Hay que ayudar a solucionar los problemas y cambiar los elementos del entorno que no están a la altura de la dignidad de la persona. Lo que suele empujar a esos actos es el miedo, la soledad, querer terminar con una situación, no ver sentido a la vida, sentirse una carga, incluso pensar que se hace un bien a la sociedad “quitándose de en medio”.

Hace falta cercanía y ayuda real y efectiva, con todos los avances médicos y sociales para quien los necesite, con cuidados paliativos al alcance de todos. Y deben destinarse, por parte del Estado y de las entidades públicas y privadas, todos los recursos personales y materiales necesarios, sin escamotear. No debería dedicarse, en un país civilizado, ni un euro a promover o ejecutar la muerte.

Por otro lado, no hay que basarlo todo en las ayudas, sino también en la mejora personal y el fortalecimiento interior para afrontar las dificultades, luchar por lo que merece la pena, descubrir cuánto bien puede hacer cada uno en el mundo y lo importante que es cada minuto de nuestra existencia. Además, es necesario un marco legal que garantice siempre el derecho a la vida. La ley tiene un valor pedagógico y demasiada gente piensa que el hecho de que algo sea legal cambia la naturaleza de los hechos.

-¿Dónde ve hoy más signos de esperanza en esta causa?

-En las personas que pensaban de otra manera y ahora son auténticos defensores de toda vida humana, a veces por su experiencia y otras por conocer la grandeza y coherencia de la cultura de la vida. Hay esperanza en la implicación de mucha gente joven, en la perseverancia de personas y asociaciones que trabajan durante todo el año al servicio de los demás. También en el resurgir espiritual que se está palpando y en ver que cada vez hay más personas que quieren colaborar, que dicen “¡basta!” al genocidio que está ocurriendo en España bajo el amparo de leyes retrógradas y salvajes.

-¿Qué pide esta causa a una sociedad que dice valorar la dignidad humana, pero no siempre la protege cuando más cuesta?

-Que no bajemos los brazos, que abramos los ojos, que reflexionemos y recuperemos la conciencia. Es importante conocer la verdad sobre el oscuro mundo del aborto, de la eutanasia y de tantos atropellos a la vida humana, la más desprotegida de las especies. Aquí los medios de comunicación tienen mucho que decir: hay que dar voz, información verdadera, compromiso con la verdad. La sociedad que quiere la vida debe exigir a los políticos que prioricen y se impliquen en la defensa de la vida, pero sin delegar en ellos toda la responsabilidad. Las cosas también se cambian desde abajo y cada cual debe asumir, sin excusas, su parte para que quitar la vida sea algo impensable.

-¿Qué le gustaría que entendiera quien ve esta marcha solo como una protesta y no como defensa concreta de personas reales?

-Quien haya participado alguna vez en la marcha, o quien la vea desde fuera, comprobará que es mucho más, y eso se ve tanto en los símbolos (color verde esperanza, lema “Sí a la Vida”) como en el carácter de la marcha: positivo, constructivo, intergeneracional, sustentado en un trabajo que comparte a diario el sufrimiento y las dificultades de tantas vidas. Esta marcha quiere mostrar el valor de cada vida, las iniciativas y ejemplos de bondad y superación, y también el dolor de las malas decisiones. Quiere dar la cara, señalando la oscuridad pero encendiendo una luz para vencerla. No olvidamos que hablamos de personas y situaciones concretas, y nadie nos es indiferente. Nuestro objetivo va más allá de realizar un acto masivo: pretende sacar de la pasividad, llegar al corazón y a la cabeza de las personas, y puedo asegurar que nadie queda indiferente.

Creo que el carácter de la marcha rompe el estereotipo que quieren dar los contrarios a la vida, de que quienes la defendemos somos personas “grises”, rancias y “antiderechos”, como nos llaman. Pero los hechos hablan. Por supuesto hay denuncia y exigencias, pero sobre todo hay una fuerza imparable de vida que quiere llegar a todos los rincones, curar heridas y devolver esperanza. Invitamos a todos a participar, a disfrutar, a comprometerse, a decir: “¡Sí a la Vida!”.

CITA

Quien no se resigna a la cultura de la muerte 
tiene una cita: 
Domingo 31 de mayo, a las 12 h, 
de Serrano con Goya al Paseo de Recoletos. 

Madrid se teñirá de verde esperanza para proclamar que cada vida merece ser vivida y acompañada.
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