Religión en Libertad

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La creación renovada por la Pascua de Cristo, se pone ya al servicio de la redención. La materia creada se convierte en un instrumento por el cual Cristo las santifica y por ellas comunica su vida y su gracia santificante. Son ya un anticipo de la nueva creación porque demuestran hasta qué punto lo creado está siendo redimido, ya se está transformando, hasta la plenitud en los cielos nuevos y en la tierra nueva.

Instrumentos de la salvación, el mundo creado entra en la liturgia recibiendo una bendición o una consagración que apartan estos elementos de cualquier uso profano y se reserva para Dios, que en la liturgia, los convierte en vehículos de su vida divina para el hombre. Estas materias fundamentales son el pan y el vino para la Eucaristía, el agua para el bautismo, el aceite con perfume para las unciones del santo crisma, el aceite de oliva (u otro aceite vegetal según las regiones) para la Unción de enfermos. Recordemos que, antes, la Iglesia ora sobre estos elementos sacramentales, invocando el Espíritu Santo.

Esta dedicación de la materia creada para el servicio divino, no significa transustanciación de su ser, que sólo se verifica en la Eucaristía, pero, en cierto modo, son cauces del Espíritu Santo, están llenas del Espíritu y el Espíritu Santo reposa en ella. Hay una gradación, un descenso, en este servicio que los elementos creados prestan a la santificación. En la cumbre, por la grandeza de su transubstanciación, siempre está la Eucaristía, luego las demás materias (agua, óleo). Como vemos, hay una lectura teológica muy rica, amplia, en la interpretación de las materias sacramentales como materias, signos, de la nueva creación. La teología ortodoxa, muy sensible a estos aspectos, lo explica remitiendo a los propios usos litúrgicos, algunos de los cuales también existieron en rito romano pero se fueron perdiendo:

La liturgia integra lo cósmico, todo lo creado, transformándolo de manera anticipada, hasta que llegue la plenitud de la redención para la creación.

La liturgia integra las acciones más elementales: bañarse, perfumarse, comer, beber... y les da su sentido verdadero y pleno, aquello a lo que apuntaban, y es ser piezas, elementos, del templo cósmico para Gloria de Dios, para que Dios sea todo en todas las cosas. La materia, en la liturgia, es transformada, en sentido amplio, 'espiritualizada'.

La nueva creación es anticipada ya en la materia sacramental de la liturgia.

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