La belleza de la santidad (Palabras sobre la santidad -XX)
La belleza que se puede contemplar en el orden de lo creado, refleja la Belleza del Sumo Artista, Dios; más aún, le refleja a Él mismo, que es la Belleza absoluta y plena.
Una existencia humana, plena, como la de los santos, es una existencia belleza en sí misma, que atrae y seduce, que provoca admiración y el deseo de ser transfigurados por esa misma belleza. Los santos son una obra de la Belleza de Dios que han sido transformados en su Hermosura. Descubrieron a Cristo, amaron a Cristo, y comenzaron una vida plena de belleza. Lo humano en los santos, fue vivificado por Dios, transparentando la Belleza divina.
El humanismo cristiano, tan consciente y sensible a la vez a la Belleza, potencia la verdadera Belleza no mediante el esteticismo, la estética de formas predefinidas (incluso anquilosadas), sino una Belleza que es atributo de Dios. Y es plasmación de esa Belleza la vida de los santos. Ellos tuvieron algo tan bello es sus vidas como fue una búsqueda espiritual completa hasta adquirir a Cristo como maestro de vida. No hay nada más bello que participar de la vida de Cristo y ser discípulo suyo, alumno en la escuela de vida de la Persona de Cristo. Así ellos reflejan fulgores de la Belleza de Dios, reflejos claros y nítidos, que provocan en quienes les contemplen el deseo de una humanidad verdadera.