La corporalidad asumida, ha sido redimida
Todo el ser personal, que es cuerpo y es alma como dos co-principios, se ven implicados en la santa Resurrección del Señor y por la Pascua de Cristo vemos de qué manera la escatología -lo venidero, lo futuro, lo eterno- incluyen también la corporalidad. Se podría decir que una verdadera teología del cuerpo no sólo incluye el momento creador de Dios, en el Génesis, sino que incluye, y hay que sumar, la resurrección de Cristo y la escatología. Sólo así hay una verdadera teología del cuerpo que pueda llamarse cristiana. Y es que para mirar y valorar al hombre, y pensar cristianamente en su corporeidad, la resurrección de Jesucristo es determinante. Ahí se ofrece la más alta perfección al cuerpo humano y la mejor teología del cuerpo que podamos encontrar. El Espíritu Santo tiene mucho que ver: Él "espiritualiza", "pneumatiza", la carne de Jesús y la deja vivificada y traspasada de Gloria; y esa es la obra de redención escatológica del Espíritu en nuestra propia carne (en la resurrección del último día).
La corporalidad no es una dimensión de nuestro ser de la que esperamos librarnos como un peso o un fardo que nos impide la vida espiritual y el encuentro con Dios, sino que nuestra corporalidad es el medio de contactar con Dios, por decirlo así, y nuestra corporalidad está llamada a una plenitud nueva por la Pascua del Señor. Será la forma en que pueda darse una "Pascua de la creación", llamada escatología.
Pensemos atentamente estas palabras del Magisterio ordinario de la Iglesia:
El hombre es una unidad "psico-somática", es decir, de alma y cuerpo. No tenemos un cuerpo prestado, una especia de domicilio, que luego abandonamos y nos desentendemos de él. El concepto de reencarnación, por ejemplo, en absoluto es conciliable con la verdad cristiana, porque el cuerpo lo entiende como algo accidental en la persona, y puede ir y reencarnase en otro cuerpo y en otro y en otro, infinitamente. Somos cuerpo. No lo tenemos, es que somos cuerpo como somos también alma, ambos indudablemente unidos. Su destino final, la escatología, es de nuevo la unión de la persona en su cuerpo y en su alma, glorificados. Y es que ser hombre es vivir en una unidad de cuerpo y alma:
Estas son las consecuencias de la resurrección del Señor y esta es nuestra visión cristiana sobre la corporeidad y el ser personal. Sin duda, sugerentes, pero desconocidas, cuando mezclamos ideas y pensamientos espiritualistas, o de la New Age, o de la reencarnación, ignorando, desconociendo, lo que vemos en el Señor: su resurrección según la carne.