Lo ofrecido en la Comunión de los santos
Delicioso capítulo se abre ante nosotros, profundamente consolador y espiritual.
El Bautismo nos asoció a la Iglesia, incluyéndonos en la gran Comunión de los santos, donde los lazos invisibles son perdurables y santos. Cada uno de nosotros, cada uno de los bautizados, entra en la Comunión de los santos, ofreciendo y recibiendo. Recibimos de los demás invisiblemente, los santos nos acompañan, interceden, nos sostienen, rezan por nosotros. Pero nosotros, también, ofrecemos: entregamos todo al Señor para el bien de los demás.
Hay un fecundidad de lo ofrecido que fortalece la fe; llegamos más allá de lo que vemos, de lo concreto de nuestra pequeña realidad. Lo que ofrecemos llega a confines y personas desconocidos para nosotros, pero hermanos nuestros.
Lo ofrecido repercute realmente, invisiblemente, en la Comunión de los santos. Entonces somos miembros vivos, y el corazón se ensancha para abrazar a todos en esta Comunión en la medida en que ofrecemos.
Ofrecemos nuestras obras, nuestros dolores, debilidades, trabajos, para incluirlo en bien de los hermanos, de la Comunión de los santos.