Religión en Libertad

Creado:

Actualizado:


Delicioso capítulo se abre ante nosotros, profundamente consolador y espiritual.


El Bautismo nos asoció a la Iglesia, incluyéndonos en la gran Comunión de los santos, donde los lazos invisibles son perdurables y santos. Cada uno de nosotros, cada uno de los bautizados, entra en la Comunión de los santos, ofreciendo y recibiendo. Recibimos de los demás invisiblemente, los santos nos acompañan, interceden, nos sostienen, rezan por nosotros. Pero nosotros, también, ofrecemos: entregamos todo al Señor para el bien de los demás.


Hay un fecundidad de lo ofrecido que fortalece la fe; llegamos más allá de lo que vemos, de lo concreto de nuestra pequeña realidad. Lo que ofrecemos llega a confines y personas desconocidos para nosotros, pero hermanos nuestros.



Lo ofrecido repercute realmente, invisiblemente, en la Comunión de los santos. Entonces somos miembros vivos, y el corazón se ensancha para abrazar a todos en esta Comunión en la medida en que ofrecemos.


Ofrecemos nuestras obras, nuestros dolores, debilidades, trabajos, para incluirlo en bien de los hermanos, de la Comunión de los santos.


Suscríbete

y recibe nuestras noticias directamente