Religión en Libertad

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La vocación es una llamada gratuita del Señor; gratuita porque no corresponde a nuestros méritos y deméritos, sino a un Don del Señor que pensó en cada uno de nosotros y nos llamó.

Una llamada común, para todos, desde siempre, es la vocación a la santidad. Todos, sin exclusión, a ella estamos llamados. Pero luego, a cada uno, una llamada particular, una vocación específica para un estado de vida cristiano que conforma todo lo que somos y nos sitúa ante el mundo y en el mismo seno de la Iglesia de una forma peculiar y única: vida sacerdotal, vida religiosa, vida laical y vida matrimonial. Con el Papa, meditemos -retomemos- este sentido de la vocación, sabiéndonos llamados y amados por el Señor para algo concreto y dando gracias permanentemente.

Un segundo paso que da el Papa en esta Lectio: la eclesialidad. La vocación nace, surge y se orienta en función de la comunidad eclesial, como un don para todos, vivida en el seno de la Iglesia. ¡¡Bendita eclesialidad!!

3) El tercer y último paso es el sentido profundo de la "llamada", a imagen y modelo de la vida trinitaria, naciendo de la vida trinitaria, desembocando en la Trinidad. Es un orden teológico a la vez que espiritual.

Estas palabras, dirigidas a seminaristas, no son en exclusiva ministeriales, sino que a todos nos conviene hacerlas nuestras en el sentido propio de nuestra vocación: laical, matrimonial, consagrada, religiosa, sacerdotal.

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