Cultiva el silencio
De vez en cuando hay que recordarlo: necesitamos del silencio, que permite entrar en la interioridad, y que no es un vacío, sino una Presencia a la que se atiende por completo.
El silencio... "dispone al recogimiento, a la meditación y a la oración, para favorecer el progreso espiritual mediante la escucha de la voz divina en lo profundo del alma" (Benedicto XVI, Audiencia general, 10-agosto-2011). En el silencio se oye a Dios. En el silencio se percibe la belleza de lo creado. En el silencio se conoce uno a sí mismo, viendo los pensamientos e imaginaciones, tocando el deseo más íntimo. En el silencio, uno ve su propia verdad que salta a primer plano de la conciencia. En el silencio se crece.
Empecemos una particular pedagogía del silencio; menos ruido, callar más, acudir a una iglesia silenciosa y tratar allí con el Señor y con la propia alma. Entonces, mediante el silencio, seremos pacificados interiormente y robustecidos en la experiencia creyente.