Religión en Libertad

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La Iglesia está viva y es joven. Lo hemos visto y comprobado de mil maneras al seguir la Jornada Mundial de la Juventud. Una inmensa muchedumbre de toda lengua, raza, pueblo y nación congregados en torno a Jesucristo.

En ella había jóvenes, que eran los protagonistas de la Jornada, pero hemos visto también una Iglesia donde junto a los jóvenes estaban religiosas, unas presentes en Madrid y en el encuentro de El Escorial, otras muchas con horas de oración en su clausura rezando por la JMJ; hemos visto a muchísimos seminaristas en la catedral de la Almudena, porque Cristo sigue llamando a seguirle en el ministerio. Hemos visto una juventud sana y entregada en el voluntariado (30.000 voluntarios) más las muchas personas que han colaborado cosiendo, preparando manteles y purificadores, la elaboración de las formas, etc. Hemos visto esa vida cristiana que toma la forma del Señor en la enfermedad y en la discapacidad física o mental, que ofrecen sus sufrimientos y viven de un modo nuevo y digno. Hemos visto familias enteras, unidas y presentes en Madrid. Hemos visto jóvenes profesores universitarios que se han entregado a la vida pública y cultural con una profunda coherencia e identidad católicas. Hemos sabido de tantas y tantas familias de acogida, que han abierto sus casas y han ofrecido la hospitalidad cristiana a los peregrinos, tanto en los días en las diócesis, como en Madrid, mostrando el rostro del amor cristiano. La Iglesia está viva y es joven. Nuestro corazón debería ensancharse, dilatarse, en una mayor conciencia católica y en la felicidad de pertenecer a la Iglesia, tan grande, tan variada. Conciencia católica que se ensancha y nos hace respirar, cuando tan a menudo medimos a la Iglesia con las medidas de nuestra pequeña experiencia, de aquello que vemos y que pensamos que es lo único que existe cada día, o perdiendo la visión católica, reducimos todo a los pequeños conflictos, roces, protagonismos, intereses creados... que desvirtúan la vida de cualquier parroquia, de cualquier comunidad. La Iglesia está viva y es joven. Aprovechemos hoy para ver y leer un testimonio público: La voluntaria en el pabellón de IFEMA abre su corazón al contar su experiencia de encuentro con Cristo y su amor a la Iglesia. Es un testimonio conmovedor:

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