Lunes, 26 de febrero de 2024

Religión en Libertad

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El beato José Polo Benito, mártir de la persecución religiosa, escribió sobre ello

El Ku Klux Klan: un movimiento anticatólico y sin Dios

por Victor in vínculis

 

Sabido es que el KU KLUX KLAN (KKK) es un grupo de odio​ supremacista blanco estadounidense de extrema derecha, conocido por promover por medio de asesinatos y actos violentos y propagandísticos el racismo, la xenofobia y el antisemitismo, así como la homofobia, el anticatolicismo y el anticomunismo.​ Creado en el siglo XIX, inmediatamente después de la guerra de Secesión por confederados afines al Partido Demócrata del sur, agrupa a varias organizaciones estructuradas a modo de sociedad secreta, que con frecuencia han recurrido al terrorismo, la violencia y actos intimidatorios -el más famoso quizá siendo la quema de cruces- para imponer su criterio y oprimir a sus víctimas. Y, tal vez, lo más popular en los EEUU fue la lucha contra los negros.

Preparando el segundo tomo de la vida del beato mártir JOSÉ POLO BENITO incluí este artículo del 8 de septiembre de 1923 publicado en El Castellano de Toledo. Lleva por título ESTADOS UNIDOS Y LA HORA DEL AMOR EN LAS ESCUELAS. Maestros y políticos demandan la instrucción religiosa en los Estados Unidos. La hora del amor en las escuelas

«Poco antes de su muerte, con ocasión de que inaugurara en Washington una estatua a Alejandro Hamilton, decía el presidente Harding [ndr. Warren Gamaliel Harding (1865-1923) fue el vigésimo noveno presidente de los Estados Unidos, sirviendo desde 1921 hasta su muerte en 1923], penosamente impresionado por la ferocidad de los Klu Klux Kam. Nadie puede dudar que en América y fuera de ella, en la proporción que disminuye el espíritu religioso, aumenta el malestar social.

Tenemos organizaciones cuyos propósitos particularistas no contrarían al interés general, pero abusando del derecho de asociación los hay que reclaman la parcialidad y el odio, perjudicando a la Constitución misma de nuestro pueblo, haciendo imposible la práctica de las libertades civil y religiosa.

Si el poder público no condena tales demasías, comete un atentado contra el progreso, porque las naciones suben o descienden según las proporciones de armonía social y de libertad religiosa.

La revolución y el ateísmo son antisociales. Declaración tan expresiva y autorizada, bien a las claras demuestra que no todo se reduce a dinero en los Estados Unidos, sino que en el derrumbamiento de las concepciones materialistas que han seguido a la guerra, hombres de gobierno, como Harding, hallaban argumentos para promover la redentora cruzada de la religión como base y cimiento nacional.

En dicha coincidencia con el ilustre político, andan hoy en la América del Norte, maestros, profesores de universidades, escritores, las clases, en fin, que allí constituyen selección intelectual. El inspector de las escuelas nacionales del estado de Sacramento, doctor Giffen, ha negado recientemente su autorización para ejercer el magisterio a los ateos.

El motivo esencial -ha dicho- de preferir a los maestros que estén afiliados a alguna confesión religiosa, es el interés moral de nuestros niños. Sean estos protestantes, católicos o judíos, lo importante es que crean en Dios. La enseñanza sin Dios es inadmisible, por esto hay que combatir el comunismo en la escuela, que destruye la familia, sólido fundamento de la nación. Tal acontece en California, donde a compás del crecimiento comunista se advierte que la institución familiar pierde solidez”.

Con mayor solidez y claridad se ha expresado en la Universidad de Harvard, el comisario de enseñanza de Washington, doctor Tiper:

La educación -dice- es el resultado de las fuerzas que gravitan sobre el hombre, la más robusta de estas es la religión, y la idea de Dios el factor más influyente en la vida.

Analiza luego la labor pedagógica de nemocratismo y encipo, en relación con Pitágoras, Sócrates, Aristóteles y Platón; cita con encomio a los pedagogos de la edad media; censura duramente a la enciclopedia francesa; compara los postulados filosóficos de Spinosa, Kant y Fichte y Locke con los estudios de la filosofía católica a través de la erudita excursión encuentra argumento para la siguiente consecuencia: “La educación que solo mire a la ciencia es un gran peligro para la sociedad”.

¿Cómo ha de formarse el corazón y la voluntad del niño? No hay más que una respuesta: con la idea de Dios, con el sentimiento religioso. Ni siquiera bastan una ética y moral puramente humanas. Las asociaciones llamadas éticas, no pueden sustituir a la religión.

Adviértase, además, que estas saludables orientaciones espiritualistas que facilitan el camino hacia el catolicismo, no solo las proclaman y defienden los maestros y políticos sino hasta aquellos funcionarios que, por la índole de su cargo, están en contacto y comunicación con el pueblo.

El comisario superior de Fomento en New York, doctor Coler, ha declarado recientemente que sus experiencias se han convencido de la viva importancia que tiene la  Iglesia en el bienestar del pueblo.

Califica de bárbaros e inhumanos los propósitos de aspirar a una moral pública que no se comenta en la religión y asegura que la decadencia moral de los americanos es coronario de haber prescindido del factor religioso en la educación durante los últimos veinte años

¿Se comprende ahora con cuánta razón viene desde tiempo ha, el episcopado americano pidiendo que se imprima a la enseñanza un carácter religioso?

El arzobispo de New York, monseñor Hqyes, presidiendo en mayo último la ceremonia de los grados en la Universidad de Fordhem, dijo, “una sola cosa necesitan nuestras escuelas superiores, infiltrarse de religión. Solo de esta suerte la generación contemporánea reservará el instinto carnal y educará la fantasía que marcha hoy inmoderadamente”.

Análogos deseos manifiesta el obispo de Cliveland, doctor Sohrembs, en la pastoral que dirige a sus diocesanos estimulándolos a promover la organización de los seglares en orden a la defensa y propaganda religiosa. Una religión que procede de Dios -escribe-tiene que mostrar su origen divino en todas partes. Ante todo reclamo de vosotros, disciplina, espíritu de sacrificio, conciencia católica que resplandezca en todos vuestros actos; especialmente entre los padres para con sus hijos, entre los profesores para con sus alumnos.

Acaso a estas líneas directivas, inspiradoras de la acción católica americana, responde la mayor actividad que cada día se advierte en orden a procurar nuevas universidades y escuelas superiores, donde el catolicismo forje y adiestre educadores y propagandistas.

El éxito corona los intentos, según se echa de ver en los datos que a la Universidad de Washington se refiere. En varios centenares aumentaron este año los estudiantes, sobre todo, la matrícula femenina que en los doce años de vida que la universidad cuenta, llegó el número a 3.206.

El trabajo más importante -decía el arzobispo Curley a los profesores en la clausura del curso pasado- es este de formar a la mujer para el magisterio. No sabemos si deberá asignarse a este incremento en la labor pedagógica, la simpática iniciativa que las maestras católicas -religiosas y seglares- estén llevando a la práctica en Chicago, pero menos que a las averiguaciones de este dato importa dar publicidad a la iniciativa, estimulando su imitación en nuestras escuelas.

A tres mil seiscientos quince niños ha atendido desde el mes de febrero de 1922 hasta el presente la caridad, socorriendo con aquel pan de ideas y pan de trigo que pedía el malogrado poeta, mi inolvidable Galán [ndr. José María Gabriel y Galán (1870-1905) fue un poeta español que desarrolló su obra en castellano y en dialecto extremeño] con un millón de dólares contribuyeron los católicos a la magna empresa. Pues bien, con el fin de que el amor a los niños desvalidos y pobres se difunda y propague entre los pequeños escolares en las escuelas católicas de la archidiócesis de Chicago, el sacerdote doctor Kiley ha logrado establecer una piadosa práctica llamada “la hora del amor”.

Todos los meses señalan maestros y maestras una hora, durante la cual las enseñanzas versan acerca del deber de auxiliar y socorrer las necesidades morales y corporales de la infancia desamparada. Los niños no solo escuchan atentos, sino que cada uno de ellos entrega al profesor una cantidad en metálico, economizada de los donativos que sus padres les hacen para dulces y juguetes. ¿Conocéis lectores una lección más cristiana, más social y más bella?

La sencilla ejecución de la idea juntamente con su alcance educativo y práctico aconsejará su realización entre nosotros.

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