Jueves, 08 de diciembre de 2022

Religión en Libertad

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Antonio Manuel Quesada Montoro es un misionero redentorista

Entrevista al vicepostulador de los beatos redentoristas

por Victor in vínculis

1.- Quién es Antonio Quesada y quienes son los redentoristas

Antonio Manuel Quesada Montoro [sobre estas líneas, junto al cardenal Osoro, durante la beatificación en la Almudena, el pasado 22 de octubre de 2022] es un misionero redentorista de 52 años, nacido en Pedro Martínez (Granada), diócesis de Guadix; hijo de emigrantes españoles en Alemania. Profesé como misionero redentorista en 1989 y me ordené sacerdote en 1996. Actualmente resido en la comunidad redentorista de Granada. He estado trabajando pastoralmente en la pastoral parroquial, en la formación de los redentoristas jóvenes y actualmente en la pastoral itinerante, en el equipo misionero CESPLAM, dando misiones parroquiales.

En cuanto a los redentoristas con una congregación misionera (Congregación del Santísimo Redentor) fundada por San Alfonso Mª  de Ligorio el 9-11-1732 en Scala (Reino de Nápoles) para evangelizar a las personas más abandonadas a quienes la iglesia no llega por sus medios ordinarios. Llegaron a España en 1863 y se instalaron en las diócesis de Cuenca y Granada, en concreto en Huete y Alhama; expulsados por la revolución gloriosa en 1868 se refundaron en 1879. Actualmente tenemos en España 16 comunidades, muchas de ellas parroquias, otras santuarios dedicados a la Virgen del Perpetuo Socorro y un equipo misionero llamado CESPLAM para seguir predicando misiones parroquiales.

2.- ¿Cuántos redentoristas alcanzaron la palma del martirio en la persecución religiosa?

En España alcanzaron la palma del martirio durante el periodo de persecución religiosa 20 redentoristas, pertenecientes a 4 comunidades: 6 en la ciudad de Cuenca; 2 en Valencia; y 12 en Madrid.

De estos los 6 de Cuenca fueron beatificados en Tarragona en 2013 [sobre estas líneas], y los 2 de Valencia están incluidos en la causa de aquella diócesis cuya fase diocesana se concluyó el 22 de enero del presente año 2022. Estos que se han beatificado en Madrid el 22 de octubre de 2022 [bajo estas líneas] son cronológicamente los primeros mártires que tiene la congregación; posteriormente los serán en otras provincias europeas; y ellos tenían conciencia de que podían ser los primeros mártires de la congregación; así se lo hizo ver el P. Ciriaco Olarte al P. Goñi en Cuenca: uno le dijo al otro, “este año el día de San Alfonso lo vamos a celebrar en el cielo” y el otro le contestó “seremos los primeros mártires de la congregación”. Para esa fecha, 30 de julio de 1936 ya habían sido martirizados el P. Crescencio Ortiz, P. Ángel Martínez Miquélez y el H. Gabriel en Madrid.

A ellos hay que sumar 5 beatos mártires grecocatólicos beatificados por Juan Pablo II, 4 de Ucrania y 1 de Eslovaquia. Faltan, -creo yo- el proceso de los 30 polacos de la comunidad de Barsovia martirizados por los nazis en 1944. Es curioso que todos los redentoristas del s. XX que han alcanzado la santidad han sido como mártires.

3.- ¿Quiénes son los mártires que han sido beatificados en La Almudena?

Estos 12 mártires pertenecían a las 2 comunidades religiosas que en 1936 teníamos los redentoristas en Madrid; una en la Basílica Pontificia de San Miguel, en el barrio de la Latina. Fueron 4 los redentoristas que fueron martirizados. 3 de ellos, nada más salir de la comunidad el 20 de julio de 1936 cuando iban a esconderse al  piso de Juan y Cosme Cabot, 2 jóvenes de la basílica que se habían ido a Ugena y les habían dejado las llaves de su casa. Uno, el P. Crescencio Ortiz, era misionero popular y era de Pamplona; otro era el P. Ángel Martínez Miquélez, era de Funes y había sido profesor de filosofía y había sido trasladado a S. Miguel para hacerse cargo de los jóvenes. El tercero era el cocinero, el H. Gabriel, natural de Melgosa (Burgos). El 4 de San Miguel es el P. Donato Jiménez, de Alaejos (Valladolid) y era un gran misionero popular.

Los otros 8 beatos pertenecían a la comunidad del Perpetuo Socorro, 3 sacerdotes y 5 hermanos coadjutores. El P. Vicente era el responsable del culto del Santuario del Perpetuo Socorro, y había nacido en Burgos. El P. Girón, había nacido en Ponferrada, había sido profesor y misionero y en ese momento era el Secretario Provincial. El otro sacerdote, el P. José Mª Urruchi, de Ayuelas (Burgos) era el más joven de los mártires, y apenas había desplegado su ministerio. De los hermanos, destaca el H. Nicesio Fernández del Palomar, de Tuesta (Älava), que era el más anciano del grupo, había sido maestro de obras y hortelano, y ya estaba enfermo; cuidaba de él el H. Gregorio natural de Murillo de Yerri (Navarra) y que se dedicaba a la administración de la editorial del Perpetuo Socorro. El H. Aniceto Lizasoáin natural de Irañeta (Navarra) era el responsable del mantenimiento de la comunidad y el auxiliar de la sacristía. El H. José Erviti, conocido como H. Pascual, era de Echalecu (Navarra) y era el cocinero de la comunidad. El último era el H. Máximo, Rafael de bautismo, nacido en Murita (Burgos) quien era el portero de la comunidad. Eran religiosos muy normales y corrientes, 6 sacerdotes y 6 hermanos coadjutores.

4.- Supone una satisfacción humana y espiritual llegar al final del trabajo, ¿qué te ha supuesto personalmente ?

Tras de la ceremonia de beatificación hay mucho trabajo y este trabajo es sostenido por el cariño que les profeso y por las esperanzas puestas en que un día llegarían a los altares; así que humanamente hay una satisfacción grande. Cuando el Delegado pontificio leyó el Breve de beatificación y se destapó su imagen para la veneración pública, uno vive el final de todo un trabajo. Pero lo que verdaderamente me emocionó fue el celebrar la eucaristía en la catedral, pues me habla de una iglesia de comunión la que nace de la sangre de los mártires. Me emocionó ver tantos sacerdotes revestidos de casullas en torno a los obispos; muchos de ellos sacerdotes redentoristas venidos de diversos lugares de España, Europa y el mundo; sacerdotes diocesanos que se sumaron a la celebración. Los familiares procedentes de sus lugares de origen, y que han guardado en el recuerdo familiar la memoria de esos mártires; las personas que viven su fe en torno a las parroquias pastoreadas por los redentoristas que acudieron no sólo desde Madrid, sino Sevilla, Granada, Salamanca, Valencia, Mérida, Zaragoza, Barcelona; personas que estudiaron en nuestros seminarios y que abandonaron la vocación y que han seguido manteniendo relación con la congregación. Religiosos  religiosas que han querido estar con nosotros  en tal momento. Ha surgido en torno a los mártires un gran sentido de comunión eclesial y de sentimiento de familia redentorista.

5.- Finalmente, algo sobre la devoción al Perpetuo Socorro y los mártires.

Varios apuntes. Al celebrar el domingo la Eucaristía de acción de gracias en el Santuario del Perpetuo Socorro de Madrid, y cantar al final la salve, uno se conmueve de rezar ante el mismo icono al que rezaron los mártires. Es el mismo, es la misma mirada de María que ellos experimentaron en las últimas eucaristías celebradas en el templo la mirada que en este momento gozoso sentimos en el corazón.

Ellos además trasmitieron la devoción al Perpetuo Socorro. Alguna resobrina se llama de segundo nombre “del Perpetuo Socorro” “en recuerdo del tío fraile mártir”. En muchas de sus casas se conservan cuadros del Perpetuo Socorro que ellos enviaron a sus familias. Y muchas de ellas siguen suscritas a la revista del Perpetuo Socorro (hoy día “Icono” en recuerdo de ellos.

En el último número de la revista Icono se ha publicado esta oración al Perpetuo Socorro que el beato Donato Jiménez tenía en uno de sus sermones.

ORACIÓN A LA VIRGEN DEL PERPETUO SOCORRO

Oh, Madre del Perpetuo Socorro,

a quien no se oculta que nuestra vida tiene mucho de valle de lágrimas,

dígnate consolarnos en nuestras tribulaciones

y sé nuestro paño de lágrimas.

Visítanos con frecuencia con vuestra presencia maternal,

para que soportando en paz y en alegría las pruebas,

logremos un día arribar a la playa de vuestra verdadera patria,

en donde no habrá dolor ni llanto y

todo será alegría, felicidad y hartura. Amén.

 

Muchas gracias Manuel por tu atención

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