Jueves, 21 de noviembre de 2019

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Jesús, Cordero de Dios... ¿qué queremos decir?

 

Cordero de Dios. Este es el título que eligió Juan el Bautista para señalar a Cristo. Podría haberlo llamado de mil maneras distintas. Incluso hasta podría haber elegido títulos o nombres que infundieran respeto y reverencia, como «Hijo de Dios», «Dios Altísimo» o «Todopoderoso». Sin embargo, no. Quiso llamarlo «Cordero». ¿Por qué? ¿Qué tenía Juan en mente cuando pronunció ese título? Hay por lo menos cuatro figuras que han contribuido (por lo menos en parte).

 

Leamos lo que enseña William Barclay en su comentario a este pasaje del evangelio:

 

«1- Es probable que Juan estuviera pensando en el cordero pascual. La fiesta de la Pascua estaba bastante próxima (Juan 2:13). La antigua historia de la Pascua decía que fue la sangre de un cordero inmolado la que protegió las casas de los israelitas la noche que salieron huyendo de Egipto (Éxodo 12). Aquella noche, cuando el ángel de la muerte iba a pasar matando a los hijos mayores de los egipcios, los israelitas tuvieron que untar los lados de sus puertas con la sangre de un cordero inmolado para que, cuando la viera el ángel, pasara de largo. La sangre del cordero pascual los libró de la destrucción. Se ha sugerido que, cuando Juan el Bautista estaba viendo acercársele a Jesús, pasaban por allí camino a Jerusalén de las zonas rurales rebaños de corderos que iban a ser sacrificados en la fiesta de la Pascua. La sangre del cordero pascual libró de la muerte a los primogénitos israelitas en Egipto, y puede que Juan estuviera pensando: «Ahí tenéis al único Sacrificio que os puede librar de la muerte eterna». Pablo igualmente se refirió a Jesús como el Cordero Pascual (1 Corintios 5). Hay una liberación que sólo Jesucristo puede ganar para nosotros.

 

 


2- Juan era hijo de sacerdote, y conocería todo el ritual del templo y de los sacrificios. Todas las mañanas y todas las tardes se sacrificaba en el templo un cordero por los pecados del pueblo (Éxodo 29). Mientras el templo estuvo en pie se hicieron estos sacrificios. Aun cuando la gente se moría de hambre en la guerra y el asedio, nunca se omitieron esos sacrificios hasta que el templo fue destruido totalmente el año 70 d.C. Puede que Juan quisiera decir: «En el templo se ofrece un cordero todas las tardes y las mañanas por los pecados del pueblo; pero en este Jesús está el único Sacrificio que puede librar al mundo del pecado».

 

3- Hay dos grandes figuras del cordero en los profetas. Jeremías escribió: «Yo era como un cordero inocente que se lleva a degollar» (Jeremías 11). E Isaías nos presenta la gran escena profética de Uno «que fue llevado al matadero como un cordero» (Isaías 53). Ambos grandes profetas contemplaron proféticamente al Que, con Sus sufrimientos y Sacrificio soportados humilde y amorosamente, redimiría a Su pueblo. Tal vez Juan estaba pensando: «Nuestros profetas hablaron de Uno que había de amar y sufrir y morir por el pueblo; Ése es el Que ha venido.» Es indiscutiblemente cierto que, en tiempos posteriores, la profecía de Isaías 53 llegó a ser para la Iglesia uno de los más preciosos anuncios de Jesús en todo el Antiguo Testamento. Es probable que Juan fuera el primero que hiciera la identificación.

 

 


4 - Hay una cuarta escena que debía de ser muy familiar a los judíos, aunque a nosotros nos resulta muy extraña. Entre el Antiguo y el Nuevo Testamento transcurrieron los días de las luchas heroicas de los Macabeos. En aquellos días el cordero, y más especialmente el carnero con cuernos, era el símbolo de un gran conquistador. Así se describe simbólicamente a Judas Macabeo, como sucedió con Samuel, David y Salomón. El cordero, aunque nos parezca extraño, representaba al campeón conquistador de Dios. Esta no era una imagen de debilidad e inocencia gentil, sino más bien de majestad y poder conquistador. Jesús era el Campeón de Dios que luchó con el pecado y lo venció en combate singular.

 

Hay tesoros maravillosos en esta frase El Cordero de Dios. Vuelve a aparecer casi obsesivamente en el Apocalipsis, veintinueve veces. Se ha convertido en uno de los títulos más preciosos de Cristo. En una palabra resume el amor, el sacrificio, el sufrimiento y el triunfo de Cristo».

 

 

P. Tomás Ravaioli, IVE

Misionero en Papúa Nueva Guinea

 

 

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