Martes, 20 de octubre de 2020

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El que canta reza 2 veces XI: María de la Alianza

por Canta y camina

 

Hay una canción mariana que me gusta muchísimo y que tiene todo que  ver con Schoenstatt porque la escribió un sacerdote shoenstattiano: el padre Juan Ignacio Pacheco. La versión que yo conozco es la del Grupo Betsaida, de Chile.

MARÍA DE LA ALIANZA (Juan Ignacio Pacheco)

Qué silencio más delicado
Amor del amor más escondido
Eres Mujer puerta del cielo
Tres colores adornan tu manto

Bajan las cascadas de los árboles
Que caen hasta el suelo
Y llegan al santuario

Quieres dar la mano
Y yo pedir la tuya
No puedo estar sin ti
Sin tu mirada pura
Tu voz me llena el alma
María de la alianza
Palabra hecha flor.

He cambiado todo mi canto
Solo para soñar tu brisa
Y no soy más que polvo en el camino
Aunque no es polvo de tu olvido

Quiero ser un puente hacia el cielo
Hecho de barro y de fuego
Que nace en el santuario

Quieres dar la mano
Y yo pedir la tuya
No puedo estar sin ti
Sin tu mirada pura
Tu voz me llena el alma
María de la Alianza
Palabra hecha flor

 

¿Qué me gusta de esta canción? Todo. La letra, la música, las voces. Lo que cuenta, lo que yo entiendo al escucharla y lo que siento al rezarla:

Que María es, antes que nada, Madre. Que en el silencio de su vida sencilla y en el silencio de la oración se da cuenta de todo. Que está deseando que acuda a Ella para que le cuente todo: mis necesidades, mis alegrías, mis proyectos, mis penas, mis agobios, mis ideas más locas y absurdas… Le interesa todo lo mío porque es de verdad mi madre, mi mamá. Le interesan hasta mis meteduras de pata.

Esta canción me dice que María me va a escuchar atentamente y me va a atender con todo su amor maternal porque está deseando mostrarme cuánto me ama.

Al escuchar esta canción me he dado cuenta de que cuando me pongo en la presencia de la Virgen algo le pasa a mi corazón, se llena de un calor que no puedo explicar y que me mueve a verlo todo con otros ojos, a desear hacer el bien a todo el mundo, a querer ser buena de verdad, no sólo de boquilla.

Al acercarme a María siento la necesidad de ser totalmente transparente y de cambiar, de deshacerme de mis defectos, de mis malas costumbres y de mis pecados, de confesarme para que Dios limpie mi alma a fondo y así poder parecerme un poco a Ella.

Cuando estoy con la Virgen no quiero irme, quiero quedarme para siempre con Ella.  Y todas estas cosas y más que no te cuento me pasan cuando escucho esta canción. También me pasa que el efecto no dura para siempre y sigo siendo la misma con los mismos defectos, los mismos malos hábitos, las mismas cosas que tengo que corregir… pero con un poquito más de amor a María.

Apenas conozco el movimiento de Schoenstatt.  Sé cómo es la imagen de la Madre porque hace años me regalaron una que tengo en mi casa en un lugar donde paso muchos ratos trabajando. Sé cómo es el santuario porque una vez fui a rezar al de la calle Serrano de Madrid y porque he visto fotos en Internet. Pero no sé nada más que lo que he averiguado preguntando y buscando por mi cuenta, por eso si hay errores en este escrito pido perdón.

El padre Josef Kentenich en el año 1912 es director espiritual de los jóvenes de un seminario menor  en Alemania. En 1914 estalla la I Guerra Mundial y le preocupa mucho que esa terrible circunstancia ponga en peligro la fe de esos chicos.

Mientras busca la solución a esto conoce la historia de un abogado italiano que había “creado” un santuario mariano en Pompeya y se pregunta si no será que Dios quiere que la capillita del jardín se transforme en un santuario donde su Madre sea la Madre y educadora de los chicos, si no será que Él quiere que le pidan a Ella que instale allí su trono de gracias.

Así que comparte su idea con los jóvenes del seminario: van a invitar a la Virgen María a establecerse espiritualmente en la capillita y a que haga surgir desde allí un movimiento de renovación para que la Iglesia pueda afrontar los acontecimientos y los desafíos del momento que le toca vivir. Ellos se comprometen a ofrecerle todo su esfuerzo para alcanzar la santidad en la vida diaria.

Esta petición la sellaron con una alianza de amor con María y así el 18 de Octubre de 1914 el padre Josef Kentenich fundó el primer santuario de Schoenstatt.

 

El padre Kentenich entiende que la Virgen quiere regalar tres gracias desde su santuario de Schoenstatt: arraigo, transformación y envío misionero. Y estas tres gracias nos relacionan con las tres Personas de la Trinidad: arraigo en el Padre, transformación en Cristo y envío misionero en el Espíritu Santo, el que impulsó a los Apóstoles a recorrer el mundo. Y es que el movimiento de Schoenstatt es trinitario, enseña que María no forma parte de la Trinidad pero está en el centro como hija del Padre, madre del Hijo y esposa del Espíritu Santo.

Esta alianza del padre Kentenich y los jóvenes con María es la semilla de la que surgió Schoenstatt tal como es hoy  y la capillita se transformó en un santuario mariano y en el centro de un movimiento de renovación en la Iglesia que se ha extendido por todo el mundo. Desde entonces todos los santuarios que se han fundado son idénticos.

Los schoenstattianos hacen una alianza de amor con la Virgen María en la que intercambian el corazón con Ella y desde ese momento son sus hijos predilectos. Es una alianza personal que renuevan periódicamente.

Sin conocer este movimiento me doy cuenta de que llevo viviendo algunas de sus enseñanzas desde siempre y me está gustando tanto que voy a profundizar.

 Schoenstatt tiene 2 imágenes o símbolos muy conocidos: la imagen de la Madre y la Cruz de la Unidad.

La Virgen Peregrina es una imagen de la Virgen de Schoenstatt que sale del Santuario y va al encuentro de las personas y las familias que la quieran recibir en su casa, como otras imágenes peregrinas de la Virgen.

La Cruz de la Unidad seguro que la has visto alguna vez aunque no supieras que tenía que ver con Shoenstatt. Tiene un origen y un significado precioso.

 

El padre Kentenich dice que María es “compañera y colaboradora permanente de Cristo en toda la Obra de Redención”.

San Juan dice en el evangelio, según la Biblia Vulgata: “Stabant autem juxta crucem Jesu Mater ejus et soror matris ejus, Maria Cleophae,et Maria Magdalene”, es decir: Junto a la cruz de Jesús, estaba de pie su madre y la hermana de su madre, María de Cleofás, y María Magdalena.

Los primeros seminaristas pallotinos de Chile cuando iban a ordenarse sacerdotes quisieron regalar al santuario de Bellavista, que los vio nacer, una imagen que representara a Cristo Sacerdote. También se dio la circunstancia de que en ese tiempo había falta de entendimiento entre los miembros de Schoenstatt en Bellavista.

El padre Ángel Vicente Cerró reunió todas estas ideas en una imagen preciosa que con sólo mirarla dice muchas cosas.

En la Cruz de la Unidad están Jesús, María y el Padre representado en lo alto como un ojo dentro de uno triángulo. Significa que Jesús es inseparable de María y María es inseparable de Jesús, y que Dios Padre desde la Cruz lo irradia todo desde la Cruz que en su plan de amor es el camino de la redención.

Jesús y María tienen una postura especial, no como se los suele representar en el Calvario: están los dos vivos, mirándose a los ojos, apoyados sobre la Cruz y  María recoge la sangre del Señor en un cáliz.

 

Y el que estén los dos vivos manifiesta una verdad de fe: Jesús y María están vivos en el Cielo en cuerpo glorioso.

Según investigo más sobre Schoenstatt más me gusta. Te invito a hacer lo mismo. Mientras tanto disfruta de esta canción.

Por cierto: las dos voces principales son las de las amigas que me han contado todo lo que sé de Schoenstatt y las que me regalaron la imagen de la Madre y la Cruz de la Unidad.

 

 

 

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