Viernes, 28 de enero de 2022

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Apuntes sobre el Espíritu Santo (I)

Apuntes sobre el Espíritu Santo (I)

por Duc in altum!

Con el objetivo de prepararnos mejor para el día de Pentecostés (15/05/16), tendremos tres ensayos sobre el Espíritu Santo, partiendo de preguntas y respuestas que, en total, suman nueve.

¿Quién es el Espíritu Santo?

Es fácil imaginarse a Dios Padre como un hombre mayor, de largas barbas blancas y a Jesús con la túnica y un aspecto más joven, pero qué complicado resulta intentar hacernos una idea sobre el Espíritu Santo. De ahí que se le represente de muchas formas: fuego, agua, viento, paloma, etcétera. Ciertamente, Dios escapa a cualquier pintura, pues su realidad se expresa a pinceladas, ya que él lo es todo; sin embargo, los signos, dentro del lenguaje humano, tienen su importancia y, de hecho, nos permiten ir más allá de las palabras, estableciendo significados que nos ayudan, en la medida de lo posible, a saber acercarnos a la realidad del misterio de Dios. Incluso desde el Antiguo Testamento, como parte de su pedagogía, ha querido hablarnos utilizando diferentes géneros literarios que nos dejaran una impronta de su ser y estar en el mundo, en la historia. Pero, con todo lo dicho y expuesto, ¿quién es, entonces, el Espíritu Santo? De entrada, subrayar que es la Tercera Persona de la Santísima Trinidad. El amor que une al Padre con el Hijo. No visto de una forma superficial, sino a partir de un profundo sentido de unidad entre los tres. El Catecismo de la Iglesia Católica, en el número 687, nos explica que: "nadie conoce lo íntimo de Dios, sino el Espíritu de Dios" (1 Co 2, 11). Pues bien, su Espíritu que lo revela nos hace conocer a Cristo, su Verbo, su Palabra viva, pero no se revela a sí mismo. El que "habló por los profetas" nos hace oír la Palabra del Padre. Pero a él no le oímos. No le conocemos sino en la obra mediante la cual nos revela al Verbo y nos dispone a recibir al Verbo en la fe. El Espíritu de verdad que nos "desvela" a Cristo "no habla de sí mismo" (Jn 16, 13). Un ocultamiento tan discreto, propiamente divino, explica por qué "el mundo no puede recibirle, porque no le ve ni le conoce", mientras que los que creen en Cristo le conocen porque él mora en ellos (Jn 14, 17)". Por lo tanto, el Espíritu Santo, podría compararse con la inspiración que reciben los artistas de modo inesperado para materializar su obra. En nuestro caso, nos dispone a escuchar la Palabra de Dios y llevarla a la práctica.

¿Cuál es su tarea o función principal?

Hace que, mediante la apertura a las grandes preguntas de la vida (¿quién soy?, ¿de dónde vengo?, ¿hacia dónde voy?, etc.), demos el paso de aceptar la existencia de Dios, la verdad de la fe que fue explicada por Jesús, quedando debidamente documentada en los evangelios. No todo es responsabilidad del Espíritu Santo, pues él solamente se mueve en la medida en que libremente la persona lo deje entrar y/o trabajar, por eso es necesario abrirse a su acción, hasta quedar confirmados en el camino u opción realizada. Si, por ejemplo, alguien no acaba de creer pero, al mismo tiempo, desea conseguirlo, es requisito indispensable evitar cerrarse a la posibilidad para que pueda actuar e intervenir a través de la realidad que lo rodea y generar las certezas suficientes a fin de que pueda descubrirlo y reconocerlo en su propia historia. De ahí que el papa Benedicto XVI, afirmara: “al habitar en nuestra fragilidad humana, el Espíritu Santo nos cambia, intercede por nosotros y nos conduce hacia las alturas de Dios (16/06/12)”.

¿Se trata de algo o de alguien?

Actualmente, por una cierta influencia inconsciente de la “New age”, usamos muchas palabras que resultan confusas y, no pocas veces, totalmente desconectadas del verdadero significado de la fe. Algunos, confunden al Espíritu Santo con “energía” o “buena vibra”; sin embargo, ayudados por el DRAE, veamos la diferencia que existe entre la palabra “espíritu” y “energía”. En el primer caso, significa “ser inmaterial y dotado de razón”, mientras que la segunda palabra en cuestión quiere decir “eficacia, poder, virtud para obrar”. Por lo tanto, el Espíritu Santo, no es algo, sino alguien.
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