Lunes, 26 de febrero de 2024

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Tu matrimonio como Dios lo pensó

Amar la humillación. Comentario para Matrimonios: Marcos 8, 1-10

por ProyectoAmorConyugal.es

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EVANGELIO

La gente comió hasta quedar saciada.
Lectura del santo Evangelio según san Marcos 8, 1-10

Por aquellos días, como de nuevo se había reunido mucha gente y no tenían qué comer, Jesús llamó a sus discípulos y les dijo:

«Siento compasión de la gente, porque llevan ya tres días conmigo y no tienen qué comer, y, si los despido a sus casas en ayunas, van a desfallecer por el camino. Además, algunos han venido desde lejos».

Le replicaron sus discípulos:

«¿Y de dónde se puede sacar pan, aquí, en despoblado, para saciar a tantos?».

Él les preguntó:

«¿Cuántos panes tenéis?».

Ellos contestaron:

«Siete».

Mandó que la gente se sentara en el suelo, tomando los siete panes, dijo la acción de gracias, los partió y los fue dando a sus discípulos para que los sirvieran. Ellos los sirvieron a la gente.

Tenían también unos cuantos peces; y Jesús pronunció sobres ellos la bendición, y mandó que los sirvieran también.

La gente comió hasta quedar saciada y de los trozos que sobraron llenaron siete canastas; eran unos cuatro mil y los despidió; y enseguida montó en la barca con sus discípulos y se fue a la región de Dalmanuta.

Palabra del Señor.

 

Amar la humillación.

Vemos cómo el Señor siente mucha compasión hacia los otros y ninguna hacia sí mismo. Se preocupa de que los demás estén bien alimentados y en cambio Él entrega la vida en la Cruz.

La autocompasión es un horror. Es una enfermedad degenerativa del amor matrimonial que lo lleva a la destrucción total. Todo viene por el amor propio y por sentirse ofendido por todo lo que hace o deja de hacer el esposo. Bien, pues el amor propio hay que exterminarlo. ¿Cómo? ¿Esforzándose cada vez que se siente una ofensa? Sí, pero no es suficiente. Es necesario amar los desprecios que recibo, amarlos porque son los que me van a permitir liberarme de ese rey de pacotilla que es mi amor propio para permitir que reine en mi corazón el Rey del Amor que es Cristo. Entonces podré empezar a amar como Él ama.

 

Aterrizado a la vida matrimonial:

Marta: Perdóname cariño porque me estoy empeñando en cambiarte. Veo tus pecados y me da la sensación que estoy luchando contra un muro que no escucha y tengo que gritarle para que se entere del daño que me hace y que hace a nuestros hijos. Pero cuando te veo sufrir, eso me derrumba. Es la compasión la que me ayuda a recuperar el amor por ti.

Juanjo: Perdóname tú, Marta, porque me siento agredido con cada una de tus correcciones y salgo a defenderme como contra un enemigo. Yo sé que quieres lo mejor para mí, y quieres ayudarme a ser santo. Pero no recibo tus correcciones como un bien, seguramente por mi amor propio. Pero sé que tengo que doblegarlo. Quiero amar las humillaciones porque son las que van a derrotar ese amor propio y van a permitir que te ame con el amor de Dios.

Marta: Te perdono, Juanjo. Y ahora ¿quieres estar conmigo a gusto?

Juanjo: Me encanta. Yo también te perdono, Marta.

 

Madre,

Ayúdanos a pulverizar nuestra autocompasión para no adorar becerros de oro que no son mi Dios. A Él la gloria y la alabanza por los siglos.

 

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