Miércoles, 03 de junio de 2020

Religión en Libertad

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Beatos Honorio y Estanislao de Jesús

por Victor in vínculis

El pasado sábado, 25 de octubre, se celebró por primera vez la fiesta del beato Braulio M. Corres y de sus compañeros mártires hermanos de San Juan de Dios. La Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos ha establecido la unificación de los grupos martiriales de la Orden Hospitalaria de San Juan de Dios: los 71 beatificados por san Juan Pablo II el 25 de octubre de 1992 y los 24 beatificados el 13 de octubre de 2013. Así pues, estos 95 mártires hospitalarios se celebrarán, a partir de ahora, cada 25 de octubre.

Por su parte, la diócesis de Toledo solicitó a dicha Congregación la celebración de treinta fiestas (las que ya se venían celebrando y las de las beatificaciones de 2007, 2011 y 2013) con rango de memoria libre (no olvidemos que son beatos) para las parroquias vinculadas a los mártires. Así, con fecha del 3 de julio de 2014 (Prot. N 288/14), se ha aprobado la celebración de la memoria de los beatos Honorio Eusebio Ballesteros y Estanislao de Jesús Peña, en Ocaña y en Talavera de la Reina, respectivamente, para el 18 de agosto: un día después de su martirio, puesto que en Toledo el 17 de agosto se celebra la fiesta de Santa Beatriz de Silva.

El proceso de ambos toledanos va incluido en la Causa del beato Mauricio Iñiguez de Heredia Alzola y 23 compañeros de la Orden Hospitalaria de San Juan de Dios de Madrid, Barcelona, Valencia y Málaga. Una de las cuales es la Causa del beato Silvestre Pérez Laguna y siete compañeros mártires de la comunidad del Hospital Psiquiátrico San José de Málaga.



Beato Honorio Eusebio Ballesteros Rodríguez

Nació el 29 de abril de 1895, en Ocaña (Toledo). Hijo del matrimonio formado por Marto Ballesteros García y Juana Rodríguez Aganzo, fue bautizado el 5 de mayo de 1895 en la parroquia de Santa María de la Asunción de Ocaña, recibiendo el nombre de Pedro Eusebio. Recibió el sacramento de la confirmación el día 5 de septiembre de 1900 de manos de fray Antonio Colomer, obispo de Themiscira y Vicario apostólico de Tonkin septentrional.

De posición más bien humilde, los padres formaban un matrimonio de principios cristianos, que los supieron transmitir a sus cuatro hijos, y que vivían de su trabajo, siendo el padre jornalero trabajador del campo. Frecuentó el colegio de los PP. Dominicos de Ocaña hasta los 13 años, haciendo de monaguillo en las celebraciones de la iglesia y comportándose siempre como un niño aplicado y bueno.

A los 14 años ingresó en la Escuela Apostólica de la Orden Hospitalaria de Ciempozuelos (Madrid), aprovechando mucho en los estudios. Al tomar el hábito e iniciar el noviciado, el 28 de septiembre de 1913, recibió el nombre de fray Honorio. Al año siguiente, el 11 de noviembre de 1914, emitió sus votos temporales.

Como hospitalario formó parte de las comunidades de varios centros en España: Ciempozuelos (1914), Palencia (1915), Madrid (servicio militar, 1916), Carabanchel Alto (1919), Sant Boi de Llobregat, donde el 12 de octubre de 1920 emitió la profesión solemne.

En octubre de 1922 fray Honorio pasó a Ciempozuelos en preparación a su inmediato destino a América, formando parte de la primera comunidad enviada a Santiago de Chile, Casa de Orates (diciembre 1922), al regresar la Orden a Chile después de la Colonia.

Como enfermero diplomado y amigo del estudio científico sobresalió por su preparación médica y enfermerística. El Hermano Honorio escribió varios libros, entre los que destaca: Tratado de Miología, Descripción de las cuadrículas topográficas según el Dr. Fourquet (Santiago de Chile, 1925).  Y varios artículos en la revista Caridad y Ciencia, en septiembre de 1934: Las Causas de la locura; La Homeopatía y la Vacunoterapia.

En 1932 fundó en Santiago de Chile una Escuela de Enfermería que contribuyó, a la formación del personal asistencial sanitario, a mentalizar y consolidar la actuación hospitalaria trabajando con preparación, eficacia y espíritu humanista; el gobierno chileno lo reconoció y, estando en Colombia en 1933, le concedió la condecoración “Al mérito en el grado de Caballero”.

La extraordinaria labor desarrollada por el beato en América y el éxito obtenido fueron altamente reconocidos también por el Ayuntamiento de su ciudad natal, Ocaña, que había sido hecho partícipe de todo ello; en consecuencia, a su regreso a España (1934) fue objeto de un homenaje y le dedicó una calle.

Después de una breve estancia en Ciempozuelos, fue destinado a la comunidad de Málaga, en cuyo sanatorio pudo aplicar su vasta experiencia psiquiátrica.
 
Beato Estanislao de Jesús Peña Ojea

Isidro Valentín nació en Talavera de la Reina (Toledo) el 4 de abril de 1907, y fue bautizado, a los tres días de nacer, en la parroquia de Santiago Apóstol de la Ciudad de la Cerámica. Sus padres, jornaleros, buenos cristianos y de condición social media, se llamaban Francisco Peña Flores y Jacinta Ojea Fuentes, los cuales procrearon diez hijos, siendo el Beato el más pequeño. Siendo todavía muy niño se quedó huérfano. Fue alumno del colegio de San Prudencio de su ciudad natal siguiendo los estudios propios y logrando una buena formación y educación. Era de estatura regular, fino y educado en sus modales, de carácter alegre y simpático, por lo que fácilmente se abría a las relaciones sociales.

Como religioso vivió dos etapas separadas por un breve intervalo de medio año. Todavía muy joven, sintiéndose llamado a abrazar la vida religiosa hospitalaria, ingresó en la Orden (noviembre 1924), y recibió el hábito religioso el 28 de junio de 1925 en Carabanchel Alto con el nombre de fray Patrocinio, dando principio al noviciado. Cumplido éste satisfactoriamente, y emitió los votos temporales un año después el día de san Pedro, 29 de junio de 1926.

Iniciados a continuación los estudios profesionales de enfermero en Ciempozuelos, en Madrid. Fue alistado para cumplir el servicio militar en el cuerpo de sanidad que lo completó en la clínica militar de Ciempozuelos. Alternó como ayudante de fray Diosdado Corominas, director de la Escuela Apostólica, haciendo de profesor y enfermero de los niños y muchachos apostólicos. Continuó la asistencia hospitalaria en Jerez, Granada, Sant Boi de Llobregat (Barcelona) y Ciempozuelos (Madrid) según era citado para las diversas revisiones del post servicio militar (1930‐1932).

Su segunda etapa como hospitalario la inició a los seis meses de su salida del ejército, en que se incorporó (noviembre 1932) durante una breve temporada al Sanatorio Psiquiátrico de Santa Águeda de Guipúzcoa, de donde pasó a la casa de noviciado de Carabanchel Alto.

Al tomar nuevamente el hábito recibió el nombre de fray Estanislao de Jesús, dando principio al noviciado en junio de 1933. Emitió la profesión temporal el 8 de junio de 1934. Tras una breve estancia en Ciempozuelos, se incorporó a la comunidad de Málaga.

Era “educado, fervoroso y cumplidor de su tarea hospitalaria”.
 
Detención y martirio

El Sanatorio de San José en Málaga fue fundado en el año 1923.  El origen de este recinto fue la residencia señorial de los marqueses de Heredia, situada a dos kilómetros de la ciudad.  La residencia-palacio estaba rodeada de un hermosísimo parque compuesto por plantas y árboles tropicales traídos de América. Un lugar lleno de paz, tranquilidad y sosiego ideal para atender a los enfermos mentales.  En aquella época se daba asistencia a unos 120 pacientes psíquicos y la comunidad estaba formada por unos 11 hermanos.

Las revueltas políticas, sociales y religiosas que siguieron en Málaga a las elecciones del mes de febrero de 1936 no perturbaron la entereza del beato Honorio, aunque también llegó a expresar el criterio de que “de ésta no nos salvamos”. Las religiosas Carmelitas de la caridad de Málaga le ofrecieron acogerle en su casa durante la persecución religiosa, lo que rehusó diciendo que no abandonaba su comunidad, pasara lo que pasara.

Pocos días vivieron tranquilos los Hospitalarios en el Sanatorio San José de Málaga después del levantamiento militar, el 18 de julio de 1936, pues el 20 por la mañana empezaron los registros a la casa y otras molestias.

Al ofrecimiento del superior de que los religiosos podían salir del sanatorio hasta que pasasen esos momentos críticos y se normalizasen las cosas, todos los miembros de la comunidad, manifestaron su voluntad de continuar en su misión hospitalaria. Su disposición personal de fe y de hospitalidad estaba en una línea de fidelidad a Dios y a su vocación hasta la muerte. Todos dijeron: “Me quedo junto a los enfermos, pase lo que pase, y quiero correr la misma suerte...”.

Los religiosos siguieron cumpliendo sus deberes religiosos y asistenciales, aunque desde el 14 de agosto tuvieron que suprimir los actos de culto público. Todo ello les hacía disponerse para cualquier eventualidad persecutoria directa, e incluso la muerte.

Y así ocurrió el 17 de agosto.

Por la tarde, sobre las diecinueve horas, mientras los religiosos se hallaban atendiendo hospitalariamente a los enfermos durante la cena, repartidos por los diversos pabellones, milicianos juntamente con varios de los empleados del comité del sanatorio, irrumpieron en el mismo con varios coches, apresaron de forma soez a los religiosos.

El beato Estanislao vistiendo todavía la bata de enfermero, fue detenido “entre insultos”. Cuentan que cuando le llevaban los milicianos a fray Estanislao les decía: “a mí os costará matarme”. Y así fue, pues tuvieron que darle cerca de cuarenta tiros. Por su parte, el beato Honorio se encontraba en cama, enfermo con fiebre alta. Hecho levantar sin ninguna compasión, “se vistió sin decir nada” y bajó a la portería, donde estaban ya apresados los otros miembros de la comunidad. Montados en vario coches, fueron llevados junto a las tapias del cementerio san Rafael.

La familia del beato Honorio conserva una fotografía donde el hospitalario luce sobre su hábito la medalla con la que le condecoró el gobierno chileno. De su puño y letra podemos leer: “A mi querido hermano Miguel, en uno de los momentos más solemnes de mi vida. Fray Honorio Ballesteros. Bogotá, 8-IX-33”. La expresión “uno de los momentos más solemnes de mi vida” quedaría reemplazado por el más solemne: su martirio.



El beato Estanislao de Jesús Peña Ojea, mártir de Cristo y de la hospitalidad, obtuvo la gracia del martirio, a los veintinueve años, tras diez años de profesión religiosa.

El beato Honorio Ballesteros Rodríguez, mártir de Cristo y de la hospitalidad, sufrió el martirio a los cuarenta y un años y después de veinticinco años de vida religiosa.

Los nombres de los otros seis mártires son: beatos Silvestre Pérez Laguna, Raimundo García Moreno, Salustiano Alonso Antonio, Gumersindo Sanz Sanz, Segundo Pastor García y Baltasar del Charco Horques.
 
Dónde venerar sus reliquias

Los cuerpos de los ocho Hermanos de San Juan de Dios del Hospital Psiquiátrico San José de Málaga pueden venerarse en la catedral de Málaga. El 24 de octubre de 2014 fue colocada una lápida que recuerda sus nombres.
Entrando en la catedral malacitana, por la puerta izquierda de la fachada, y dirigiéndose hacia la derecha nos encontramos primeramente con La Capilla Nueva o Capilla de los Caídos: no tuvo altar hasta 1889. Las imágenes expuestas son de muy alto valor. Atribuyéndose el Cristo (1630) a Alonso de Mena y la Dolorosa a Pedro de Mena. Abajo hay una cripta donde están enterrados los restos mortales de mil cien personas.

En la actual lápida puede leerse: “yacen en la cripta de esta capilla los restos de mil cien hermanos nuestros que en defensa de nobles ideales ofrecieron a Dios sus vidas en Málaga” (1936-1937).

El profesor Elías de Mateo Avilés publicó Las víctimas del Frente Popular en Málaga. La otra memoria histórica (2007). Era la primera vez que aparecía publicada la lista de las mil cien víctimas del Frente Popular en la capital malacitana, entre julio de 1936 -cuando se produce el alzamiento militar contra el Gobierno legítimo de la República- y febrero de 1937, cuando la ciudad es tomada por las tropas del general Francisco Franco.

Fue el 2 de diciembre de 1941 cuando se produjo el “solemne traslado de caídos en Málaga”. Narra la crónica del ABC, del día siguiente, que “siete camiones conduciendo noventa y nueve féretros con los restos de unas mil víctimas… A las cuatro y media llegó la comitiva a la puerta central de la Catedral, donde se celebró un solemne responso polifónico, cantado por la Schola Cantorum y la capilla de la Catedral, oficiando el obispo. Terminada esta ceremonia, fueron conducidos los féretros a la puerta de las Cadenas, donde, privadamente, por los familiares de las víctimas, fueron introducidos los féretros en el interior de la Basílica y depositados en la antigua capilla de Nuestro Padre Jesús de la Agonía, severamente adornada”.
 
Fue el obispo diocesano monseñor Balbino Santos Olivera quien ordenó el traslado a la cripta de dicha capilla. Los últimos estudios confirman la dificultad de poder recuperar el cajón donde fueron colocados los ochos cuerpos de los mártires hospitalarios beatificados en 2013.

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